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Como decíamos en la introducción a este capítulo, no se puede amar a quien no se conoce ni conocer a Dios si no es por medio de Su Palabra, que es Cristo. Señor significa amo, dueño, que tiene dominio y propiedad sobre una cosa y/o persona. Jesucristo es, por tanto, tu dueño y Señor. Los hombres somos sus siervos, pero muchos de los que le dicen ¡Señor, Señor!, sólo lo hacen de boca, no de corazón, ya que no tienen interés en conocer Su Voluntad y cumplirla. Dios es tan misericordioso, que a los que reconocen Su Autoridad y le aceptan como Amo y Señor, les eleva a la categoría, ya no de siervos, sino de Amigos de Dios. Por esto mismo, debemos tener el ánimo de conocerle en Espíritu y en Verdad, para que podamos estar unidos en comunicación directa con Él y con Su Sentimiento.
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