|
Una vez que se conoce al Señor la persona tiene dos opciones: renunciar a su propia moral y permitir que Dios sea en Espíritu, Alma y Cuerpo el dueño de su vida o seguir su camino intentando ser bueno por sus propios méritos sin renunciar al conocimiento del bien y del mal. Entregarse a Dios supone morir a tus propio juicio, valores y reglas morales. Pertenecer a un reino que no es de este mundo y servir a tu Amo, anteponiéndolo a tu familia y a ti mismo, haciendo presente en nosotros el Evangelio de Cristo.
|