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El Salmo 133 invita a los siervos de Dios que tienen coyunturas carnales, es decir, los hombres y mujeres discípulos de Cristo que viven en una misma época histórica y zona geográfica, a vivir en armonía y fraternidad, como hermanos, como miembros de una misma familia, ya que esto agrada a Dios y, por tanto, "allí envía YHWH bendición y Vida Eterna" (vers. 3)
"Habitar los hermanos juntos en armonía" (vers. 1), aquello que el salmista califica de bueno y delicioso, se va volviendo una utopía en muchas comunidades cristianas, con el paso del tiempo. Tarde o temprano surgen disputas, rencillas, rencores, suspicacias o incluso difamaciones, acusaciones y deseos más o menos disimulados y ocultos de venganza. La discordia entre hermanos va creciendo, ahogando la vida en Cristo y envenenando a la comunidad.
Proverbios 6 nos habla de las 7 cosas que abomina el alma de YHWH. La 7ª es el que siembra discordia entre hermanos. Como todo lo que es sembrado produce fruto y dice el Señor que "por sus frutos los conoceréis" (Mateo 7.16), refiriéndose a la manera de diferenciar a sus verdaderos siervos y discípulos de los que tienen engaño y mentira habitando en su corazón. Vamos a analizar los frutos y los caminos del que habita en armonía con los hermanos y del que siembra discordia.
Cuando una persona es predicada y cree en el mensaje de salvación, la palabra de Dios es una semilla sembrada en su alma que, al cabo del tiempo comienza a desarrollarse y crecer. El primer fruto que da es el del arrepentimiento de pecados y obras muertas. El segundo de hermandad con aquel que le ha predicado y con el resto de hermanos que forman la comunidad. Esta persona habita junto con otros en armonía. No es un ser aislado.
En la casa en la que habita se parte el pan, se alaba al Señor, se consuelan unos a otros, se ponen los dones del Señor al servicio de las demás hermanos, dando gratis lo que se ha recibido gratis, etc. En esta etapa los distintos hermanos a veces "meten la pata", y unos a otros se perdonan en el nombre del Señor, se lavan los pies y, sobre todo, no se juzgan según la carne ni las apariencias. Todos se ponen al servicio unos de los otros. Los frutos de este caminar y vivir en armonía son deliciosos para Cristo y Su Iglesia: La Paz del Espíritu, la fuerza del hombre espiritual, el sometimiento de la carne al espíritu, la paciencia, el buen trato de unos con los otros, la benignidad, misericordia, el afecto fraternal, EL AMOR.
Sin embargo, el Diablo llega a la Viña del Señor y siembra otra semilla, la de la discordia en el alma de uno o más hermanos. A veces en forma dolor, por haber sido maltratados o humillados por otro, a veces en forma de maledicencia, fijándonos en sus defectos, sean reales o sólo nuestros ojos, y nos creemos mejores que él, otras veces con rencor, pues nos han dicho o hecho algo que no nos parece correcto, a veces en forma de envidia, pues trabaja más o mejor que nosotros en el Señor y eso nos hace sentir mal. Esta semilla puede ser quitada por nosotros si nos humillamos ante el Señor y nos arrepentimos de corazón; pero claro, Satanás nos llena de razones para que nuestro orgullo nos impida reaccionar a tiempo y así, en poco tiempo la semilla crezca y de fruto, ahogando el fruto de la armonía pasada. El mejor engaño que Satanás nos hace es el pensar que nuestra relación personal con Cristo no va a cambiar. Pero Cristo nos responde que quien tiene algo contra un hermano es como si lo matara. Es un homicida ante sus ojos (Mateo 5.21-26). No se puede amar a Dios si no amas a tu hermano y prójimo, en quien mora Dios. Eso no quiere decir, que, en algunas ocasiones, ese hermano con quien tienes discordia no haya pecado contra ti. En este caso lo más correcto es decírselo con franqueza y la firmeza necesaria, pero sin perder el Amor. Ese hermano tiene la obligación, no lo de arrepentirse, sino de arreglar el mal que haya hecho, pero aunque no lo haga, no lo puedes guardar rencor.
Los hermanos con los que convivo y yo misma hemos cometido este pecado de la discordia, por lo que cada uno deberá analizarse a sí mismo.
Si este no este no es tu caso, enhorabuena, pero si lo es, apresúrate a trabajar, coge la pala y la azada y quita pronto todas las plantas de discordia de tu alma.
"Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti ,deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel " (Mateo 5.22-25)
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