¿CUÁNDO SE CONOCIERON REALMENTE DAVID Y SAÚL?
¿Existe contradicción bíblica para establecer el momento en que se conocieron?

Esta pregunta la quiero plantear como continuación al artículo que trata de la victoria de David sobre Goliat, puesto que justo al final del último capítulo analizado (1ª de Samuel 17), encontramos el siguiente pasaje:

"Y cuando Saúl vio a David que salía a encontrarse con el filisteo, dijo a Abner general del ejército: Abner, ¿de quién es hijo ese joven? Y Abner respondió: Vive tu alma, oh rey, que no lo sé. Y el rey dijo: Pregunta de quién es hijo ese joven. Y cuando David volvía de matar al filisteo, Abner lo tomó y lo llevó delante de Saúl, teniendo David la cabeza del filisteo en su mano. Y le dijo Saúl: Muchacho, ¿de quién eres hijo? Y David respondió: Yo soy hijo de tu siervo Isaí de Belén." (Vers. 55-58)

Fijándonos en él, vemos que Saúl no conocía antes a David. Pero esto es totalmente incierto, pues en el capítulo anterior, 1ª de Samuel 16, encontramos lo siguiente: (Versículos 14 al 23)

"El Espíritu de YHWH se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de YHWH. Y los criados de Saúl le dijeron: He aquí ahora, un espíritu malo de parte de Dios te atormenta. Diga, pues, nuestro señor a tus siervos que están delante de ti, que busquen a alguno que sepa tocar el arpa, para que cuando esté sobre ti el espíritu malo de parte de Dios, él toque con su mano, y tengas alivio. Y Saúl respondió a sus criados: Buscadme, pues, ahora alguno que toque bien, y traédmelo. Entonces uno de los criados respondió diciendo: He aquí yo he visto a un hijo de Isaí de Belén, que sabe tocar, y es valiente y vigoroso y hombre de guerra, prudente en sus palabras, y hermoso, y YHWH está con él. Y Saúl envió mensajeros a Isaí, diciendo: Envíame a David tu hijo, el que está con las ovejas. Y tomó Isaí un asno cargado de pan, una vasija de vino y un cabrito, y lo envió a Saúl por medio de David su hijo. Y viniendo David a Saúl, estuvo delante de él; y él le amó mucho, y le hizo su paje de armas. Y Saúl envió a decir a Isaí: Yo te ruego que esté David conmigo, pues ha hallado gracia en mis ojos. Y cuando el espíritu malo de parte de Dios venía sobre Saúl, David tomaba el arpa y tocaba con su mano; y Saúl tenía alivio y estaba mejor, y el espíritu malo se apartaba de él."

Comparando los dos pasajes, parece claro que existe contradicción entre ellos, por lo menos, desde una perspectiva racional, pues es innegable la evidencia. Pero, el hombre de Dios no debe quedarse en la Letra de la Palabra, pues como dice 2ª de Corintios 3.6: "porque la letra mata, mas el espíritu vivifica". Así, vamos a intentar ver estos dos pasajes con los ojos del Espíritu, para obtener la visión de lo que Dios desea que aprendamos.

Volviendo al capítulo 16 del citado libro encontramos al principio algo clave, pues es lo que marca el Sentido Espiritual de la situación que estamos analizando: "El Espíritu de YHWH se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de YHWH ". Para comprender el por qué se apartó Dios de Saúl, hay que leer el capítulo anterior (1ª de Samuel 15 ), que en resumen incide en la desobediencia de la Palabra de Dios (Vers. 23-24), en temer la opinión de los hombres y en no poner sus miras en ejecutar totalmente la Voluntad del Señor, a pesar de las advertencias de Samuel, que estaban centradas en una destrucción total de un reino, el de Amalec. Recomiendo la lectura completa de este capítulo.

Espiritualmente el sentido de no querer acabar y exterminar completamente con ese reino, indica una actitud en la persona, que ha recibido a Cristo como su Salvador, de no querer romper totalmente con su antigua vida, con sus antiguos pecados, una actitud de rechazo de la circuncisión espiritual necesaria para poder comenzar nuestra nueva vida en Cristo. Como bien sabemos que no se puede servir a dos señores (Mateo 6.24), si optamos por dejar abierta la puerta al Enemigo, el Señor saldrá de nosotros.

Este pasaje también es extrapolable a cuando un hombre o mujer de Dios se enfrasca en acciones o pensamientos contrarios a Su Palabra, pese a indicaciones o advertencias en contra de otros de Sus Hijos, aun cuando estos mismos tengan el objetivo de "servirle". El Señor se apartará de esta persona, pues su rebeldía da frutos conforme a sus hechos. Esto que le ocurrió a Saúl, puede ocurrirnos a cualquier de nosotros y así nos lo advierte el mismo Cristo cuando en la celebración de la Pascua, se puso a lavar los pies a sus discípulos: "Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después. Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo. Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza...... Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros." (Juan 13, 7-14). Una actitud de humildad y de ver al Señor en el hermano/a que se "postra" para servirnos, puede evitarnos el gran mal de serle infiel al Señor y que forcemos a Éste a salir por la puerta de atrás.

Continuando con lo expresado en esta "contradicción" encontramos la pregunta de cómo es posible que Saúl no conociera a David.

Siguiendo con la anterior explicación, cuando el Señor abandona una casa - Alma por la desobediencia de su dueño, la visión espiritual, la que había recibido por el Espíritu Santo va desapareciendo, pues Satanás va tomando posiciones en nuestra mente y, poco a poco, sustituye el Entendimiento Espiritual del que se disfrutaba, de la lucidez y claridad para tener esa visión de las cosas, conforme a la obediencia a la Palabra y Voluntad de Dios, para entrar en una fase de oscuridad donde lo recibido y reconocido de Dios, se olvida y se vuelve extraño. Le pido al Señor que esto no nos ocurra y nos redima de todo pecado y negación a Su Hijo Jesucristo y nos afirme en la Fe.

Pero Dios, que nos ama, no nos abandona por completo, pues nos sigue poniendo avisos, recordatorios, anuncios, etc., para que se vuelva a poner todo nuestro empeño en seguir a Cristo. Esta circunstancia se ve claramente en el referido capítulo 16, pues Dios envía un espíritu malo para atormentar a Saúl, produciéndole una angustia vital, que le impide disfrutar de las bendiciones que Él ha puesto en su vida; produce anulación de su voluntad, presentándose como unos grilletes y cárcel espiritual que impiden gozar de la libertad y lucidez de estar con Dios. Pero Él nos pone un alivio, para poder ser liberados de esta potestad, LA ORACIÓN al Padre a través de Su Hijo JESUCRISTO, el tocar el Arpa, tal y como incide Apocalipsis 7.8 "cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos". Esta arpa es tocada por un Santo, un hombre de Dios, descrito en el mismo capítulo con las siguientes características: "es valiente y vigoroso y hombre de guerra, prudente en sus palabras, y hermoso, y YHWH está con él", o sea, un hermano, alguien que sigue a Cristo, como antes lo seguía él, y que le recuerda su camino e intercede con sus oraciones al Padre por su situación, para que se de cuenta de lo espiritualmente le está ocurriendo y cambie. Es un Hijo de Dios, pues David, es hijo de Isaí que significa: YHWH es, Ofrenda, Sacrificio, Quien es, que con su fortaleza, a pesar de ser un muchacho (1ª Samuel 17.33), está curtido en las batallas espirituales, pues el Reino de los Cielos es de los que se hacen como niños (Mateo 18.3). Así el mismo Cristo se encuentra en él, a través del Espíritu Santo, pues nos recuerda la Palabra, en concreto en  Isaías 11.1 al 10 dice que el Mesías, el Cristo, es la vara del tronco de Isaí y la raíz del mismo.

Por lo tanto, encontramos que la única salida a esta situación de caída es la Oración, no sólo de los demás por el caído, sino de uno mismo a Cristo para vencer al enemigo: "Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. Humillaos delante del Señor, y él os exaltará." (Santiago 4.7-10).

Es importante también resaltar el bagaje con el que el padre de David, Isaí, acompaña a su hijo: "Y tomó Isaí un asno cargado de pan, una vasija de vino y un cabrito, y lo envió a Saúl por medio de David su hijo". La figura del asno, animal de carga, de fuerza y mansedumbre, en la que el mismo Cristo entró en la Jerusalén física, para celebrar en ella la Pascua (Su Muerte y Resurrección), nos hace ver que nos hemos de presentar ante esta persona para servirle y para ayudarle con sus cargas espirituales, como sacerdotes ("Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo" Gálatas 6.2) y con las armas de Dios:

  • Pan: Su Palabra, Evangelio Eterno.
  • Vino: Su Sangre Preciosísima, entregada por nosotros por el perdón de nuestros Pecados.
  • Cabrito: Nuestra propia carne entregada al mismo Cristo para servicio en Su Obra.

Como conclusión, cuando una persona pierde el norte en su vida, habiendo conocido y recibido a Cristo como Salvador, deja escapar el entendimiento adquirido, poco a poco, siendo la única manera de reavivar la Unción, retomar la Oración como medida de choque y urgencia, además del necesario apoyo de las oraciones de los hermanos, puesto que Cristo no nos da ya por perdidos, ("Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento." Lucas 15.7) sino que lucha con todas sus armas para que nos demos cuenta de que sigue estando a nuestro lado y, a pesar de nuestras infidelidades y cegueras, nos sigue llamando hijos suyos, amándonos y deseando que le reconozcamos como Padre amado.

"Se llenó de amargura mi alma, Y en mi corazón sentía punzadas. Tan torpe era yo, que no entendía; Era como una bestia delante de ti. Con todo, yo siempre estuve contigo; Me tomaste de la mano derecha. Me has guiado según tu consejo, Y después me recibirás en gloria. ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre." (Salmo 73.21-26).