LAS SERPIENTES DE MOISÉS

En la vida de Moisés, según lo que muestra la Biblia, podemos encontrar un par de situaciones en las que ha de tratar con serpientes. Sabemos que la Palabra de Dios nos propone a este animal como símbolo de Satanás (Apocalipsis 20.2 ó Génesis 3), con una misión engañadora y como enemigo de Dios. Sin embargo, el Señor, en las circunstancias que a continuación detallo y analizo, con los ojos del Espíritu, usa la figura de la serpiente para otro fin aparentemente distinto.

Entrando ya en materia, vamos a ver la primera ocasión en la que Dios le muestra a Moisés la figura de una serpiente.

La serpiente de la Vara de Aarón:

Este pasaje, que es de los más conocidos de la Palabra, interpretado decenas de maneras distintas en el cine, dibujos animados e ilustraciones, muestra el comienzo de la lucha espiritual contra Faraón, así como el inicio de las plagas que el Señor manda a Egipto hasta conseguir la liberación de Su Pueblo escogido.

Aparece recogido en Éxodo 7.8-13: "Habló YHWH a Moisés y a Aarón, diciendo: Si Faraón os respondiere diciendo: Mostrad milagro; dirás a Aarón: Toma tu vara, y échala delante de Faraón, para que se haga culebra. Vinieron, pues, Moisés y Aarón a Faraón, e hicieron como YHWH lo había mandado. Y echó Aarón su vara delante de Faraón y de sus siervos, y se hizo culebra. Entonces llamó también Faraón sabios y hechiceros, e hicieron también lo mismo los hechiceros de Egipto con sus encantamientos; pues echó cada uno su vara, las cuales se volvieron culebras; mas la vara de Aarón devoró las varas de ellos. Y el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó, como YHWH lo había dicho."

Antes de comenzar con el significado espiritual, me gustaría incluir, pues lo veo esencial y complementario del anterior pasaje, el siguiente, el cual muestra cómo Dios instruye a Moisés para dar testimonio de Él: "Entonces Moisés respondió diciendo: He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido YHWH. Y YHWH dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara. El le dijo: Échala en tierra. Y él la echó en tierra, y se hizo una culebra; y Moisés huía de ella. Entonces dijo YHWH a Moisés: Extiende tu mano, y tómala por la cola. Y él extendió su mano, y la tomó, y se volvió vara en su mano. Por esto creerán que se te ha aparecido YHWH, el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob." (Éxodo 4.1-5)

En primer lugar, el Señor habla de una Vara. Esta vara era conocida como la vara de Dios (Éxodo 4.20), pues daba muestra de Su Poder. Esta misma vara es la que le manda el Señor usar a Moisés para tocar el Nilo y convertirlo en sangre (Éxodo 7.14-16). Aunque era Moisés el que poseía la Vara, es curioso que Dios le dice claramente a los dos hermanos que sea Aarón el que la coja y la eche al suelo. El hecho de que sea Aarón el que actúe señala la intención de Dios de indicarnos algo conforme al Sacerdocio, pues recordemos que éste fue el primer Sacerdote de Dios. Más adelante analizaremos la trascendencia del Sacerdocio.

La Palabra presenta una vara que en manos de Moisés o de Aarón es muestra del Poder de Dios y por otra parte, cuando es echada a tierra, se convierte en una culebra, la cual da espanto. Son dos situaciones distintas, espiritualmente hablando; cuando la vara de Dios es echada a la tierra, al mundo, se convierte en un animal inmundo, objeto de repulsión, visto desde los ojos de Dios (en el sentido de ser instrumento de Satanás). Veo que la Vara, no es otra cosa, que la propia Ley de Dios. Es poder por cuanto es perfecta y aquel que la cumple es sin mancha y salvo. El problema es que ningún hombre puede cumplir la Ley en su totalidad, pues nosotros, todos, hemos pecado, engañados por Satanás, la Serpiente.

Al estar nosotros en la tierra, esa misma donde es echada la Vara, la propia Ley de Dios se convierte en algo repulsivo a Sus Ojos. ¿Por qué?, porque al no poder cumplir la Ley, por nuestra propia imperfección, ya que al incumplir un solo mandamiento, la incumplimos totalmente (Santiago 2.10), aquello que es perfecto se vuelve vil y ahora es objeto de Satanás y manejado a su antojo. Hay que hacer mención a que se usa la palabra culebra, y no serpiente, para designar al animal en el que se convirtió la Vara, pues según expresa la Enciclopedia Encarta, éstas son serpientes que destacan por su agilidad y velocidad. Estas cualidades también las tiene Satanás, para hacer y deshacer a su antojo y cambiar de estrategia para engañar a todos y no permitir que conozcamos a Dios y Su Voluntad.

Así, tenemos por una parte la culebra en la que se convierte la Vara de Dios y, por otra parte, las distintas culebras de los sabios y hechiceros de Faraón, pues ellos también tenían el poder de cambiar sus varas en culebras.

Sin embargo, a pesar de esta demostración de poder, la culebra de la Vara de Dios, se traga, devora, a las otras, venciéndolas.

¿Qué nos quiere decir el Señor con esto?

Al ver que la culebra en la que es convertida la Ley de Dios, o sea, en una ley imposible de cumplir, en una religión de hombres, que tomando la letra de la Ley, actúan de una forma distinta a lo que el Espíritu de la Ley dicta. El Señor Jesucristo lo describió claramente en este pasaje hablando de los fariseos, los garantes de la Ley en el Judaísmo: "Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen. Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas" (Mateo 23.3-4).

Por otro lado, tenemos las otras varas y culebras. Éstas no son sino las distintas ideas, filosofías y religiones que han existido, existen o existirán. Estas religiones nunca podrán acercar al hombre a Dios como lo puede hacer la propia Letra de la Ley, aun siendo esta imposible de cumplir, aun siendo abominable a los ojos de Dios, es superior a todas ellas. Pero, a pesar de ser superior al resto de religiones y filosofías, ¡no nos lleva a Dios!.

Para poder llegar a Dios, al igual que dice el texto del pasaje que estamos viendo, tenemos que coger por la parte trasera a la culebra y que se vuelva a convertir en Vara. Esto es imposible para el hombre, pues es terrenal y no puede llegar a través de su propia sabiduría, por su Moral, a alcanzar a cumplir la Ley. Así, sólo tenemos una posibilidad, a través de Cristo, pues Él es el único que cumplió la Ley.

Cuando Jesús habla con el Joven Rico, pasaje que podemos ver en Mateo 19.16-30, éste le pregunta que qué tiene que hacer para tener la Vida Eterna. Jesús le contesta que tiene que cumplir los Mandamientos. Estos mandamientos, los descritos en la Letra de la Ley, están ahí para seguirlos, pues son una pauta para poder alcanzar la Salvación. El Joven le responde que esto ya lo cumple desde su juventud. Efectivamente, a nuestros ojos, conforme a nuestra moral, puede ser que creamos que los cumplimos, que somos buenos, pero esto, como hemos visto, es parte de la culebra, de la estrategia veloz y ágil del Enemigo que ha actuado en nosotros desde siempre. Jesús le añade, "Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme". No siendo nadie perfecto, sino Dios, ahora para poder alcanzar esa perfección, o sea, la Vida Eterna, tenemos primero que vender nuestras pertenencias, no las físicas, sino las espirituales, nuestra moral y creencias antiguas, las que Satanás ha ido inculcando en nuestra mente desde pequeños, para así finalmente poder ir a la presencia de Dios y seguirle. El vender es sinónimo de lo que Jesús le dijo a Nicodemo en el capítulo 3 del Evangelio de Juan, cuando le dice que aquel que no naciera de nuevo no podría ver el reino de los cielos. Para ello, para volver a nacer, primeramente hay que morir; morir a nuestro viejo hombre, a nuestra antigua forma de entender la vida, arrepintiéndonos de corazón, cambiando nuestra forma de actuar y de intentar establecer una relación con el Creador de una forma infructuosa. Solo así se puede alcanzar la Perfección, cogiendo por la parte trasera a la culebra, no de frente, pues ella es más poderosa que nosotros, sino con una estrategia perfecta solo a la altura de Dios.

Respecto a la actuación de Aarón, hay que decir que esa doble postura espiritual que hemos visto respecto de la Vara o de la Ley de Dios, la terrenal y la de su entendimiento espiritual, también la encontramos en el Sacerdocio que este personaje representa. Por un lado, cuando la Vara se convierte en culebra, la propia letra de la Ley, lleva asociada a la religión un sacerdocio, levítico en este caso. Este sacerdocio demostró su incapacidad para poder guiar al pueblo hacia la Salvación. Cuando Jesús vino al mundo, predicaba un Evangelio de arrepentimiento de pecados y de seguir Su Camino, el que instaura con su Sacrificio en la Cruz y su Resurrección, abriéndonos la puerta que conduce a Su Reino, a la Vida, y teniendo la posibilidad de establecer relación directa a través del Espíritu Santo: "Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?" (Hebreos 9.11-14). Así, cada uno de los salvos es considerado Sacerdote de Dios (1ª de Pedro 2.4-5 y 9). Es de mucha utilidad la lectura del capítulo 7 de la carta a los Hebreos para el completo entendimiento de este punto.

Por lo tanto, hay un sacerdocio terrenal, el propio de las religiones (la judía o sus hijas, muchas de las llamadas cristianas, y las de faraón, según hemos visto) y, por otro lado, el Sacerdocio de Dios, el que tiene en sus manos el Poder de Dios y relación directa con Su Creador, a través del Sacrificio y Resurrección de Jesucristo.

Considero importante hacer mención a un aspecto que le ocurrió con posterioridad a esta Vara y es que Reverdeció cuando fue puesto en duda el Sacerdocio de Aarón por parte del pueblo, según viene establecido en el capítulo 17 del libro de Números. Dios nos confirma de esta forma el Sacerdocio, el Espiritual, el de Su Hijo Jesucristo, pues dice Hebreos 9.4 que ésta fue puesta en el Arca de la Alianza, junto con las Tablas del Pacto, la de los 10 Mandamientos dadas por Dios a Moisés, o sea, la propia Ley, cumplida por nosotros por el Sacrificio de Nuestro Señor, por Amor y una urna de oro con Maná, es decir, la propia Palabra de Dios, alimento espiritual eterno. El Señor usa una vasija de oro, el material más preciado, para mostrarnos que nos ama como a la niña de sus ojos y somos preciosos para Él y que estamos preparados para contener lo más preciado, Su Espíritu, pues solo a través de Él podremos ser Alimentados para Vida Eterna.

La serpiente de bronce:

La segunda situación en la que el Señor pone en contacto a Moisés con serpientes es la siguiente:

Números 21.4-9: "Después partieron del monte de Hor, camino del Mar Rojo, para rodear la tierra de Edom; y se desanimó el pueblo por el camino. Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano. Y YHWH envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel. Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo: Hemos pecado por haber hablado contra YHWH, y contra ti; ruega a YHWH que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo. Y YHWH dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre una asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá. Y Moisés hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre una asta; y cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de bronce, y vivía."

Lo primero que nos dice este pasaje es que Dios envió estas serpientes. ¿Por qué?, porque el pueblo había pecado contra Dios, en este caso por desconfianza, por descontento.

La situación descrita en este pasaje, la podemos haber pasado, estar pasando o pasarla en un futuro. Lo que está claro es que son circunstancias de prueba espiritual, momentos de desierto, de aparente soledad, donde debemos ratificar y afirmar nuestra fe y no desalentarnos ante la adversidad. Como entremos en despreciar lo que tenemos en el Señor, en juzgarlo carnalmente (la liviandad del pan) le estamos abriendo camino a Satanás, el cual, que siempre está dispuesto para acusar, le pedirá permiso al Señor (Job capítulo 1) para poder mordernos y hacernos caer en el Mal. El Señor nos dice en el Padre Nuestro, la preciosa oración que nos entregó, lo siguiente: "Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal" (Mateo 6.13). Tenemos que ser diligentes para que el Señor no nos meta en la tentación, pues de ella es complicado salir por nuestros propios medios, estando abocados a caer en el Mal, o sea, en las redes de Satanás. Así, son muchos los que caerán y si el Señor no tuviese Misericordia de sus hijos, nadie sería salvo.

Cuando la adversidad nos rodea, sólo podemos salir clamando al Padre: ¡líbranos del mal!, muchas veces solución última y extrema, pero la única fiable y verdadera.

Veo de mucha importancia el término con el que adjetiva el Señor a estas serpientes: ardientes. El diccionario de la Real Academia de la Lengua, el cual me gusta usar para poder entender en toda su extensión los términos usados, define ardiente como: Que arde. || 2. Que causa ardor o parece que abrasa. || 3. Fervoroso, activo, eficaz. || 4. Apasionado, fogoso, vehemente. || 5. poét. De color rojo o de fuego.

Como hemos tenido ocasión de leer en el pasaje descrito, no sólo las serpientes enviadas por el Señor como castigo eran ardientes, sino también lo era la serpiente que ordena Dios que haga Moisés para salvar a los israelitas de las mordeduras de las primeras. Por lo tanto, existen dos tipos de fuegos o ardores, vistos de una forma espiritual:

1.- El fuego de Satanás: Como bien sabemos, todo aquel que no hace la voluntad del Padre, está muerto en sus pecados. Todo aquel que es mordido por Satanás, es dominado por su veneno, siendo engañado y llevado al Mal, que no es otra cosa que estar fuera de la Presencia de Dios. Pues bien, el castigo por no habernos arrepentido de nuestro pecar y de andar de la mano del Maligno no es otra cosa que el Fuego Eterno (Judas 7). Así es esta quemazón que lleva al hombre a la muerte. Solo hay una posibilidad de ser librados de este fuego y es por....

2.- El Fuego del Espíritu Santo: Dios que nos conoce, sabe de nuestra debilidad, y por ello tiene Misericordia de nosotros. No obstante, como tenemos libertad y aunque estas serpientes ardientes muerdan nuestro hombre espiritual, en lo carnal puede ocurrir que todo nos vaya muy bien, aunque en nuestro interior exista un vacío fruto de la estrategia de Satanás. El hombre que es de Dios detectará ese vacío y clamará a Dios dándose cuenta de que el camino escogido no es el correcto, que es manejado por el Maligno para ser llevado fuera de la presencia eterna del Padre. Ahora se le presenta una única vía: "Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre una asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá."

¿Qué representa esta serpiente?. El Señor, en el Evangelio de Juan, nos da la respuesta: Juan 3.14-15: "Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna."

Aunque nos pueda parecer extraño que el Señor Jesús sea igualado a una serpiente, es así. Cristo mismo tuvo que llevar la inmundicia de nuestros pecados y los pagó clavándolos en el madero, en el asta (1ª de Pedro 2.24). Fue llevado a la muerte, se hizo pecador sin serlo, se hizo abominable ante el Padre, como lo es cualquier hombre pecador, la misma serpiente, para así librarnos a nosotros del fuego eterno, dándonos la Vida Eterna: "Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)" (Gálatas 3.13)

"Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre." (Filipenses 2.5-11)

Pero Él no vio la corrupción de la muerte, pues fue arrebatado de ella por ser el único inocente, y levantado por Dios en la Resurrección, en la que nos da vida. Su Espíritu, en el que tenemos que ser Bautizados, previo arrepentimiento de nuestros pecados y compromiso de actuar conforme a Sus Mandamientos, quema la Maldad, quema nuestro viejo hombre para ser renacidos en uno nuevo, ya que Dios es Fuego Consumidor (Deuteronomio 4.24).

Además, esta serpiente debía ser ardiente y escogiendo uno de los significados de esta palabra (De color rojo o de fuego), se confirma plenamente el Sacrificio del Señor Jesús, pues entregó su Sangre por el Perdón de nuestros pecados (Colocenses 1.14).

Me viene a la mente el profeta Ezequiel, que en el comienzo del relato de su visión del Templo, nos muestra como el varón que lo lleva en esta visión era el mismo Cristo: "Me llevó allí, y he aquí un varón, cuyo aspecto era como aspecto de bronce; y tenía un cordel de lino en su mano, y una caña de medir; y él estaba a la puerta." (Ezequiel 40.3), pues cualidades como las de su aspecto de bronce (Apocalipsis 1.15) encaja con lo que estamos analizando, además de donde se encontraba (Apocalipsis 3.20; Juan 10.9) y qué es lo que hacía (Apocalipsis 11 y 21) son propias del Señor.

Por otra parte y continuando con el pasaje, queda algo muy importante y que nos concierne a cada uno de nosotros, pues implica una actuación: "cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de bronce, y vivía ". Aunque aparentemente el acto de mirar o contemplar no es algo activo, si que implica espiritualmente una victoria, pues por el hecho de mirar a esta serpiente ardiente, por contemplarla solamente a ella, estamos desechando todo lo demás, o sea, al mundo, a nuestra antigua forma de vivir, para así mudar nuestra Vida conforme a los dictados del Señor.

Para ello primero tenemos que vencer al Enemigo y ahí entra en juego nuestra Fe y la Oración que le hagamos al Padre para que sus ángeles vengan a batallar de nuestro lado.

Hay un pasaje que viene al caso, por incluir a la serpiente: Mateo 7.9-11: "¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? ". Ahí está nuestra Fe, pues sabemos que si ponemos todo nuestro empeño en mirar a las cosas de Dios, Él tendrá Misericordia Eterna de nosotros dándonos esa buena cosa: Lucas 11.13: "...¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?".

Perseveremos y seamos valientes, porque solo así podremos tener el galardón de la Vida Eterna.

"Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo." (Apocalipsis 3.18 - 20).

Por último, quisiera hacer una última consideración espiritual respecto de la actitud del Rey Ezequías, Rey de Judá, ya que en 2ª de Reyes 18.4-6 se relata como destrozó esta serpiente de bronce: "El quitó los lugares altos, y quebró las imágenes, y cortó los símbolos de Asera, e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban incienso los hijos de Israel; y la llamó Nehustán (que significa Cosa de Bronce). En YHWH Dios de Israel puso su esperanza; ni después ni antes de él hubo otro como él entre todos los reyes de Judá. Porque siguió a YHWH, y no se apartó de él, sino que guardó los mandamientos que YHWH prescribió a Moisés."

Pudiera parecer contradictoria la Biblia o la actitud del Señor, pues primero pide que se haga algo y luego permite o manda que sea quitada. Lejos de existir esta contradicción, hemos de plantearnos el por qué de esta actuación; como vemos, Ezequías, cuyo nombre significa la Fuerza del Señor, es un rey seguidor de Su Camino y nunca se apartó de Él. Por ello, esta actuación tiene que tener un significado acorde con la Voluntad de Dios. La diferencia entre el pasaje donde Dios ordena a Moisés crear esta serpiente ardiente y este otro, es que parece ser que el pueblo "adoraba" a esta imagen, pues le quemaba incienso, algo que se utilizaba en el Servicio del Tabernáculo e indica espiritualmente una actitud de oración, pues se quema y su humo sube al cielo, siendo de un olor agradable ante los ojos de Dios.

Pero Dios dijo que sólo a Él se le debía adorar, no a ninguna imagen de lo que esté en el cielo (Éxodo 20. 4 y 5), por lo que la intención de Dios al ordenar su institución fue desvirtuada en una especie de ídolo, tal y como la describió Ezequias, cosa de bronce.

Llevando esta situación al plano espiritual del seguidor de Cristo, la intención de Dios al entregar a Su Hijo es la de que a través de Él seamos salvos, cambiando nuestra vida conforme a la suya. Pero existe el peligro de la institucionalización del mensaje, o sea, de que la religión se apodere de él y se desvirtúe Su Evangelio. Entonces algo precioso puede ser transformando en algo vil y sin sentido, invalidando entonces el verdadero Mensaje de Salvación de Nuestro Señor.

Desgraciadamente esto ha ocurrido y sigue ocurriendo en nuestra sociedad, pues la religión domina el plano espiritual de la sociedad, imponiendo tradiciones humanas a algo que sólo implica libertad, imponiendo cargas cuando el mensaje es de descarga e imponiendo exclusividad cuando el Evangelio es universal y personal.

Seamos capaces de vivir en la libertad que Cristo predicó, teniendo todas nuestras miras en Él y en Su Palabra, andando en los dictados de Su Espíritu para que podamos avanzar y ser edificados a la altura del Varón Perfecto, siendo perfectos en Él.

Amen.