|
Todo aquel que sea lector de la Palabra de Dios sabe que Dios es Justo y Su Misericordia es Eterna. Él está sobre todos nosotros, conoce nuestros pensamientos y sentimientos y actúa con cada uno de nosotros. En base a estos parámetros, en este artículo he querido plasmar la misión de Dios para con el hombre y mostrar Su Voluntad. Antes de comenzar, me gustaría concretar, para un mayor entendimiento de los conceptos a tratar en el artículo, las definiciones de varias palabras, según lo establecido en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua: Juicio : Facultad del alma, por la que el hombre puede distinguir el bien del mal y lo verdadero de lo falso.En derecho se define como: Conocimiento de una causa en la cual el juez ha de pronunciar la sentencia. El juicio es un contencioso que se sigue ante el juez sobre derechos o cosas que varias partes contrarias litigan entre si .Juicio final: El que Dios hace del alma en el instante en que se separa del cuerpo. Justicia: Atributo de Dios por el cual ordena todas las cosas en número, peso o medida; Disposición de Dios con que castiga o premia. Justiciable: Que puede o debe someterse a la acción de los tribunales de justicia. Justo: Que obra según justicia y razón; Que vive según la ley de Dios; Exacto, que no tiene en número, peso o medida ni más ni menos que lo que debe tener. Si consideramos Justicia como el "Atributo de Dios por el cual ordena todas las cosas en número, peso o medida" podemos entender el principio de la Creación, condensado en los tres primeros versículos del Génesis: "En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz." En el principio creó Dios los cielos y la tierra, pero mientras en los cielos Dios era y es el soberano, el único juez y justo, en la tierra esto no era así, ya que se nos especifica que estaba desordenada y vacía y no puede haber justicia sin orden, como hemos visto en la definición. Dios no comienza a ordenar la tierra hasta que expresa su primera orden, por medio del poder de Su Palabra, que es acción, verbo, el Verbo de Dios: Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Recordemos que Cristo dijo: "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida". (Juan 8.12). Aunque este versículo por si sólo encierra sabiduría suficiente como para escribir libros sobre él, por el momento sólo quiero que quede clara la idea de que el Señor Jesucristo es la Luz, por lo tanto, espiritualmente la tierra estuvo desordenada y vacía, sin la justicia de Dios, hasta que "aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad" (Juan 1.14). hace de esto unos 2006 años, aproximadamente. Pero antes que se hiciera la Luz en la tierra, en el período anterior al advenimiento de la Justicia de Dios, el reino que ya existía al principio en los cielos, y que se define como Orden de Dios, en la tierra se distinguían dos partes: el abismo, sobre el que estaban las tinieblas, y las aguas, sobre las que se movía el Espíritu de Dios. Por desgracia estas dos partes no estaban divididas, ya que había desorden, y además no podían verse ni distinguirse, por la ausencia de luz. La palabra abismo proviene posiblemente del latín abyssimus, y éste a su vez de una palabra griega imposible de transcribir para mi, ya que no poseo conocimientos suficientes de este idioma, pido disculpas al lector. No se escribirla en caracteres griegos, pero si puedo traducir su significado, que es "sin fondo" y realmente este significado es lo que importa. El abismo, por tanto, es un lugar sin fondo, una profundidad sin fin, imponente, que además no puede percibirse pues está tapada por las tinieblas, la falta de luz, la ausencia de Cristo y la Justicia de Dios. Es, en definitiva, el infierno. Sin embargo, el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas. El Espíritu de Dios, el Espíritu Santo, está Vivo, activo, se mueve sobre la faz de las aguas. Científicamente sabemos que para que surja la vida es necesaria e imprescindible la presencia de agua. El agua no es la vida, pero sin ella la vida, tal y como la concebimos en el mundo, es imposible. En la palabra aparece la palabra aguas, en plural, ya que el espíritu de Dios es el germen de la vida, el agua, en sus dos vertientes, física, los seres vivos, plantas, animales y hombre creados por Dios en la tierra y que muchos científicos buscan actualmente en otros planetas, buscando, precisamente, vestigios de existencia de agua en distintos lugares del universo; y la espiritual, el agua de Vida Eterna, el principio de vida en comunión con Dios, que da vida a quien bebe de ella. Recordemos que Jesús le dice a la Samaritana que Él posee ese Agua de Vida (Juan 4.14). Pero el Señor no sólo dice que Él es la Vida, la Luz del mundo, sino que también dice: "Vosotros sois la luz del mundo" (Mateo 5.14), refiriéndose a sus discípulos, a todos los que hemos bebido del Agua de Vida Eterna que nos da Jesús. Siendo luces, tenemos como misión alumbrar a otras personas, diluyendo las tinieblas que cubren la faz del abismo, para que estas personas puedan ver este abismo, y entregarse a Dios para no caer en esa profundidad sin fin, pero bueno esto corresponde a otros artículos. Como hemos visto, en éstos tres primeros versículos aparecen tres manifestaciones de Dios; el Dios que en el principio crea, el Espíritu de Dios o germen de vida y la Luz: Padre, Espíritu y Verbo. Este es el Alfa, el principio de la creación. Todos los versículos que vienen a continuación en la Biblia se refieren a la Justicia de Dios, al Orden que Dios Creador establece, orden que, recordemos, se basa en clasificación según número, peso y medida. Toda la obra de la creación está basada según estas premisas y es por lo que hay un número de elegidos, creados por Dios para que conozcan su Amor y poder, que no pueden ser contados ni clasificados por ningún hombre, pues su número sólo lo conoce Dios y que, simbólicamente, es representado por los 7.000 que no se arrodillaron ante Baal (dios o dioses falsos), tal y como nos es narrado en 1ª de Reyes 19.18. Recordemos que Dios castigó duramente a David por intentar censar a su pueblo (2ª de Samuel 24.2 ó 1ª de Crónicas 21.2). El pecado de David es grave, pues se adjudica un atributo de justicia que sólo le corresponde a Dios. Esto mismo cometen las religiones y denominaciones actuales, que basan su poder e influencia en la sociedad en el número de sus adeptos, a los que hacen creer que son salvos por pertenecer a su denominación. "Con todo, será el número de los hijos de Israel como la arena del mar, que no se puede medir ni contar. Y en el lugar en donde les fue dicho: Vosotros no sois pueblo mío, les será dicho: Sois hijos del Dios viviente. Y se congregarán los hijos de Judá y de Israel, y nombrarán un solo jefe, y subirán de la tierra; porque el día de Jezreel será grande. " (Oseas 1.10-11). Pero Dios Padre y Jesucristo no sólo si conocen ese número en su totalidad, sino individualmente a cada uno de los miembros que lo componen. Además del número, el segundo atributo de la justicia es el peso. "No tendrás en tu bolsa pesa grande y pesa chica, ni tendrás en tu casa efa grande y efa pequeño. Pesa exacta y justa tendrás; efa cabal y justo tendrás, para que tus días sean prolongados sobre la tierra que YHWH tu Dios te da. Porque abominación es a YHWH tu Dios cualquiera que hace esto, y cualquiera que hace injusticia" (Deuteronomio 25.13-16). A Dios no podemos engañarlo, aunque nos engañemos a nosotros mismos y a los demás. Todo hay que juzgarlo conforme a la ley de Dios y además no podemos hacer distintos juicios según nos convenga en cada momento o quién sea la persona implicada, ya que Dios no hace acepción de personas. Dice el Señor que tal y como juzgares serás juzgado, así que, como todos somos pecadores lo mejor es mostrarnos clementes con los demás y no atrevernos a juzgarnos ni aún a nosotros mismos. Para poder pesar necesitamos tres elementos: - Lo que queremos pesar
- Las pesas
- La balanza
Lo que queremos pesar son los comportamientos o actitudes, de nosotros mismos o de los demás, que queremos comprobar si son conformes a Cristo. Las pesas son la Palabra, Mandamientos o decretos de Dios. La balanza en la que pesamos es el temor de Dios y el poder del Espíritu Santo, balanza fiel y exacta, no trucada, que va a darnos Sabiduría para juzgar lo espiritual y no lo carnal, como veremos más adelante. El tercer atributo de la justicia es la medida. En la Biblia tenemos muchos ejemplos de un Varón, con aspecto de bronce bruñido, midiendo todas las dependencias del templo (Ezequiel capítulos 40 a 42 y Apocalipsis 11 y 21). Evidentemente ese Varón es Cristo, quien tiene el poder de medir y medirnos, para ver si hemos sido edificados a la estatura del Varón perfecto, que es Él mismo. El sentido espiritual del peso y la medida es el mismo, no añadir ni quitar nada a la Ley de Dios. No tener ninguna costumbre ni tradición. No poner mandamientos de hombres como si fueran de Dios. No "enriquecer" la Palabra de Dios con añadidos, ni nuestra relación de servicio a Dios haciendo algo que Él no nos haya mandado expresamente, ni siquiera con la excusa de que lo hacemos para servirle a Él, pues si hacemos esto estamos poniendo pesa y medida falsa, pues Dios es Perfecto y exacto. "Y ajustaré el juicio a cordel, y a nivel la justicia..." (Isaías 28.17) Resumiendo estos tres atributos de Justicia, Dios, el único Justo y Juez, hace justicia en nosotros añadiendo cada día a los que son salvos, (el número de los elegidos), a los que creen en el nombre del Hijo de Dios y aceptan Su Sacrificio, muerto una sola vez por los pecados, pero válido por toda la Eternidad, midiéndonos y pesándonos en el Juicio Final que se producirá al final de los tiempos, como nos narra el Apocalipsis, comprobando que en Sus elegidos, Sus Mandamientos y decretos han sido hechos presentes y que en Cristo hemos cumplido la Ley y, por tanto, somos declarados inocentes en el Juicio y absueltos de la condenación eterna que tendrán que sufrir quienes no hayan sido ordenados en numero, peso o medida. "... más la justicia libra de la muerte." (Proverbios 10.2) Porque no hay Justicia sin Juez, ni Juez sin Juicio. Cuando pensé en escribir este artículo y comencé a buscar referencias en mi Biblia acerca de la Justicia me di cuenta que hay miles de ellas, difícilmente podremos encontrar algún libro de ella en la que no aparezca, porque no se puede separar la Justicia de Dios de su acción creadora y salvadora. Actualmente muchas personas en todo el mundo dicen creer en Dios pero no en el Juicio, no en el castigo y mucho menos en el Infierno. Lo justifican diciendo que Dios es Amor y, por tanto Bueno, Misericordioso, y creen esto incompatible con un Dios Juez. No comprenden que el nombre del único Dios verdadero, YHWH, significa Juez. La Justicia y el Juicio están en la misma esencia de Dios, igual que el Amor, y Su Juicio es verdadero y justo, pero no debemos temer porque Su Misericordia es aún mayor que Su Justicia y Cristo ha vencido. ¡Gloria a Él!. No debemos pues negar que hay y va a haber Juicio, lo que tenemos es que agradecerle que nos va a absolver del mismo, ya que el Mesías ha pagado por nuestras culpas. Este es el Amor de Dios, un Dios fuerte que no dudó en despojarse de su poder y dejarse asesinar por un asesino, que es el Maligno, para salvar a sus amigos, a los que ha congraciado con el Padre al cubrirnos con Su Sangre. En ese Juicio se nos va a llamar Justos, en un acto Supremo de magnanimidad del único Justo y se nos va a coronar con coronas de Justicia, a nosotros, quienes, sinceramente, no nos merecemos nada de esto. Pero no debemos esperar hasta ese momento del Juicio Final, ya que por la fe en Jesucristo debemos comportarnos como si ya hubiéramos llegado al final de la carrera y obtenido el galardón que Cristo nos ha prometido, en la seguridad de que Él es fiel y verdadero y que, todo lo que nos ha prometido va a producirse, y, así, podemos y debemos empezar a disfrutar de los efectos de la Justicia de Dios en nosotros. "Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre. Y mi pueblo habitará en morada de paz, en habitaciones seguras, y en recreos de reposo."(Isaías 32. 17). "Oíd, los que estáis lejos, lo que he hecho; y vosotros los que estáis cerca, conoced mi poder. Los pecadores se asombraron en Sion, espanto sobrecogió a los hipócritas. ¿Quién de nosotros morará con el fuego consumidor? ¿Quién de nosotros habitará con las llamas eternas? El que camina en justicia y habla lo recto; el que aborrece la ganancia de violencias, el que sacude sus manos para no recibir cohecho, el que tapa sus oídos para no oír propuestas sanguinarias; el que cierra sus ojos para no ver cosa mala; éste habitará en las alturas; fortaleza de rocas será su lugar de refugio; se le dará su pan, y sus aguas serán seguras. Tus ojos verán al Rey en su hermosura; verán la tierra que está lejos. Tu corazón imaginará el espanto, y dirá: ¿Qué es del escriba? ¿qué del pesador del tributo? ¿qué del que pone en lista las casas más insignes? No verás a aquel pueblo orgulloso, pueblo de lengua difícil de entender, de lengua tartamuda que no comprendas. Mira a Sion, ciudad de nuestras fiestas solemnes; tus ojos verán a Jerusalén, morada de quietud, tienda que no será desarmada, ni serán arrancadas sus estacas, ni ninguna de sus cuerdas será rota. Porque ciertamente allí será YHWH para con nosotros fuerte, lugar de ríos, de arroyos muy anchos, por el cual no andará galera de remos, ni por él pasará gran nave. Porque YHWH es nuestro juez, YHWH es nuestro legislador, YHWH es nuestro Rey; él mismo nos salvará." (Isaías 33.13-22). ¿Como podemos disfrutar de los efectos de la Justicia de Dios en nuestras vidas?. Ya hemos visto que es necesaria la Fe, pero también es necesario que seamos edificados por YHWH a la estatura de un varón perfecto, de Cristo, ya que si en Él se cumplió la Justicia de Dios, también se cumple en nosotros. Para eso debemos ser imitadores de Cristo y si Cristo es Juez, ya que dice la Palabra que todo el Juicio está reservado al Hijo (Juan 5.22), nosotros también tenemos que ser Jueces, juzgando espiritualmente, en unión con Cristo y según Su Voluntad. "He aquí vienen días, dice YHWH, en que yo confirmaré la buena palabra que he hablado a la casa de Israel y a la casa de Judá. En aquellos días y en aquel tiempo haré brotar a David un Renuevo de justicia, y hará juicio y justicia en la tierra. En aquellos días Judá será salvo, y Jerusalén habitará segura, y se le llamará: YHWH, justicia nuestra." (Jeremías 33.14-16) Así debemos tener, cada uno de sus hijos, los atributos de un Juez (Deuteronomio 1.9-18), que son: - Ser varón.
- Tener Sabiduría.
- Tener entendimiento.
- Tener experiencia.
- No hacer distinción de persona en el Juicio, es decir, no hacer acepción de personas.
- No tener temor de nadie.
- Si la causa es difícil, remitirse a la Ley y a Cristo.
Juzgar en pleitos y dictar sentencia. Estos atributos de un juez, vienen recogidos, como expuse anteriormente, en toda la Biblia, pero los encontramos condensados en el capítulo 1 y 25 de Deuteronomio. Voy a tratar de explicar brevemente estos atributos: Ser varón, es decir, un varón espiritual, formando parte del cuerpo de Cristo, el Varón perfecto, y tenerlo a Él por cabeza. Como cuerpo de Cristo debemos ejecutar las órdenes que nos llegan desde el cerebro, nuestra cabeza, Cristo. Somos varones si tenemos la mente de Cristo en nosotros y es esta mente espiritual la que manda en todo nuestro cuerpo y no nuestra mente carnal. Como vemos ser varón espiritual no tiene nada que ver con nuestra condición sexual. "Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos." (1ª de Corintios 16.13) Tener Sabiduría, ser Sabio, no en nuestra propia opinión, sino en conocimiento de la Sabiduría del Altísimo, la cual es dada en revelación por medio de Jesucristo a los que le temen y hacen Su Voluntad. El principio de la Sabiduría es el Temor de Dios. El sabio es el que se deja amonestar por Dios o por quien Él envíe, siendo capaz de abandonar un camino cuando Dios le advierte que está en un error. Para eso hay que ser "manso". Oveja que escucha y distingue la voz de su pastor, Cristo. "Porque el mandamiento es lámpara, la enseñanza es luz, y camino de vida son las reprensiones que te instruyen". (Proverbios 6.26). Tener entendimiento. El entendimiento es sinónimo de inteligencia. Es la potencia del alma, en virtud de la cual concibe las cosas, las compara, las juzga, e induce y deduce otras de las que ya conoce. Descripción magnífica copiada del diccionario de la Real Academia Española. La inteligencia o entendimiento espiritual se consigue apartándose del mal, de todo comportamiento, actitud, hecho o creencia que no sea de Dios. Para saber si algo es o no de Dios hay que remitirse a las Escrituras. Debemos someter nuestro entendimiento al de Dios, no podemos funcionar con dos mentes independientes, ni con tres, ya que también tenemos una inteligencia carnal. La única forma de que el hombre nacido de nuevo esté en unidad con el Creador y consigo mismo es que, no anule, sino que someta toda su inteligencia y entendimiento a la Mente de Cristo. Entonces adquirirá la Ciencia, ese preciado tesoro que nos permite aplicar la Sabiduría de Dios a las cuestiones prácticas del día a día en nuestra vida aquí en la tierra. "Sembrad para vosotros en justicia, segad para vosotros en misericordia; haced para vosotros barbecho; porque es el tiempo de buscar a YHWH, hasta que venga y os enseñe justicia" (Oseas 10.12). Antes de poder hacer justicia hay que preparar la tierra (barbecho). Nuestra tierra-alma es estéril, no está preparada para dar frutos de justicia, ya que ha perdido los nutrientes y minerales necesarios al concebir obras y frutos terrenales cuando no teníamos la mente de Cristo. Por esto lo primero es preparar la tierra, oxigenándola y convirtiéndola en una tierra fértil, la tierra que fluye leche y miel y que está prometida por Dios para todos los que salen de Egipto libertados por Dios y dirigidos por Moisés, la Ley. Una vez que hemos oxigenado nuestra alma, dejándola descansar de nuestras antiguas obras muertas y juicios carnales, la sembramos con la Palabra de Dios y la regamos con su Agua de Vida, Su Espíritu Santo y dejamos que produzca, de frutos de Justicia. Por último hay que segar esos frutos y ofrecérselos a nuestro Dios, ejerciendo Su Misericordia primeramente con los hermanos y hermanas en la Fe y también con los que aún no le conocen. "Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz." (Santiago 3.18) "Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios." (Filipenses 1.9-11) Tener experiencia: Ciencia del Altísimo. Poner en práctica el Juicio Espiritual y la Justicia de Dios en cada uno de nosotros. Ser capaces de convivir en armonía, amor, respeto y libertad con los hermanos. No afligir al pobre. Practicar todas las obras de misericordia y bienaventuranzas con pobreza de espíritu, sirviendo a Dios y no buscando el favor de los hombres. También entra en este apartado de la experiencia no permitir que en nosotros mismos o en la Iglesia se cometan obras de injusticia o desorden para con Dios, no permitir que las almas sean las que dominen en la congregación. Pablo decía que él no permite hablar a las mujeres en la congregación (1ª de Corintios 14.35 y 1ª de Timoteo 2.12), sólo a los varones; no anteponer proyectos ni actitudes del mundo al Señor, no falsear la pesa y medida exacta del Señor, es decir, andar en el Camino del Señor, ponerse manos a la obra. El estar ocupados trabajando para el Señor es el mejor antídoto para no caer en la murmuración de los ociosos, en la vanidad, crítica, destrucción y envidia de los que tienen demasiado tiempo libre y se entremeten en las labores de otros. Siempre hay que estar vigilantes para no permitir que ese cáncer entre en uno mismo o en un hermano y si alguna vez entra luchar con todo el poder y Amor del Señor hasta extinguirlo. Santiago 4.11: "Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez. " No hacer acepción de personas: Las leyes y juicios humanos contienen la posibilidad de interpretarse de forma distinta según las circunstancias externas o según la persona enjuiciable. Esto es abominable a los ojos del Señor. Su Ley es Eterna, ya que Su Creador y Juez es Eterno y Santo. Para juzgar espiritualmente no podemos acomodar la Ley a las circunstancias ni mucho menos ser más o menos rigurosos según la persona, ya seamos nosotros mismos o un hermano, en quien estamos comprobando si su proceder es o no de acuerdo a la Ley de Dios. Esto supone negarnos a nosotros mismos, pues nuestra carne va a intentar que seamos demasiado duros o inflexibles, olvidándonos de aplicar la Misericordia de Dios, con unos, y ser demasiados permisivos o blandos con otros, aceptando o consintiendo comportamientos indignos, apelando a un falso amor o respeto. En el momento que Dios nos constituye Jueces debemos ser fieles a aquel que nos ha dado ese cargo, a Cristo, imitando el proceder de Moisés, Samuel y todos los Profetas y Apóstoles a los que Dios dio el encargo de juzgar a su pueblo. No tener temor o miedo de nadie: El diccionario define "temor" como la pasión del ánimo, que hace huir o rehusar las cosas que se consideran dañosas, arriesgadas o peligrosas. ¿Puede alguien emitir un juicio justo si teme represalias del que está siendo juzgado o de su entorno?. Jesucristo sabía que iba a ser asesinado, humillado y silenciado por decir que la Salvación era para los hijos según el Espíritu de Abraham, es decir, para los creyentes por fe, y no sólo para los hijos según la carne, es decir, los judíos. A pesar de saber esto, juzgó al pueblo de Israel llamándoles hijos "de vuestro padre el diablo" y "homicidas al igual que vuestro padre es homicida". Ser juez es una profesión espiritual arriesgada, el Señor sufrió persecución espiritual, cada vez que contendían con él y utilizaban la letra de la Palabra para ver si podían pillarlo en alguna contradicción o podían acusarlo de incitar a incumplir la Ley de Dios, y también persecución física, hasta la muerte. Nosotros sabemos que Cristo nos ha prometido tribulaciones, puesto que nos dice que "los discípulos no son más que su señor" y si a nuestro Dios y Señor no han tenido reparos en matarlo, ¿por qué van a tener misericordia con nosotros?. El mundo no nos soporta, pues ya no somos del mundo si en verdad hemos recibido el Espíritu de reconciliación con el Padre. Antes de constituirnos en jueces espirituales debemos tener esto muy claro, pues como dice el Señor, nadie se mete en una guerra antes de haber hecho cálculos sobre si tiene las fuerzas necesarias para vencer. Por esto dice que no nos hagamos muchos de nosotros maestros, para no recibir mayor condenación. Pero claro, si recibimos una orden del Señor y tenemos que juzgar, debemos pensar que no podemos temer a quién tiene poder para acabar con nuestra vida física, Satanás, sino que debemos temer a quién después de esta vida tiene poder para absolvernos en el juicio o condenarnos. Jesucristo sabe antes de darnos su Espíritu si vamos a acobardarnos o no y como Él mismo explicó, nadie enciende una luz para esconderla debajo de la cama... No debemos tener pesadumbre por esto, el Señor no nos va a hacer pasar por más de lo que podamos soportar y Él nos da la fuerza necesaria para superar todas las pruebas. Lo que si tenemos que tener cuidado es de no meternos en batallas que Él no nos haya enviado, como antes ya expuse. Si la causa es difícil remitirse a la Ley y a Cristo: Hay cosas o actitudes que todo nacido de nuevo tiene poder para saber si son o no del Señor, como, por ejemplo, desear a alguien un mal no es del Señor, quien dijo que nos amáramos los unos a los otros y amáramos a los que nos aborrecieran, etc. Pero a veces viene un hermano con una revelación y el cristiano tiene que juzgar si esa revelación es o no del Señor y esto, en ocasiones, no se ve claro a primera vista y es una causa difícil de juzgar. ¿Qué es lo que hay que hacer en estos casos?. La respuesta es obvia, remitirse a la Ley y a Cristo. Remitirse a la Ley es analizar si esa revelación o doctrina va en contra del Espíritu de la Ley o contradice en algo la Palabra de Dios. Remitirse a Cristo es utilizar la mente de Dios que posee todo nacido de nuevo para ver si esa revelación es útil para hacer presente en nosotros Su Palabra y ser edificados en Él. Si después de este primer juicio o análisis no tenemos clara la cuestión lo mejor es hacer como Gamaliel, doctor de la Ley, quien teniendo que decidir si predicar y hacer milagros en el nombre de Jesús era o no conforme a la voluntad de Dios, y no estando seguro acerca de esto, resolvió aconsejar en el concilio judío a quienes querían matar a los apóstoles Pedro y Juan: "Varones israelitas, mirad por vosotros lo que vais a hacer respecto a estos hombres. Porque antes de estos días se levantó Teudas, diciendo que era alguien. A éste se unió un número como de cuatrocientos hombres; pero él fue muerto, y todos los que le obedecían fueron dispersados y reducidos a nada. Después de éste, se levantó Judas el galileo, en los días del censo, y llevó en pos de sí a mucho pueblo. Pereció también él, y todos los que le obedecían fueron dispersados. Y ahora os digo: Apartaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá; mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios". (Hechos 5.35-39). En consecuencia, lo mejor es no apresurarse al emitir juicio, orar, meditar y dejarnos llevar por el Espíritu, siendo prudentes para no causar afrenta a un hermano por precipitarnos. En la Biblia aparecen otras funciones de los jueces, por ejemplo la de libertadores y líderes del pueblo de Israel, tal y como se nos explica en el libro de Jueces, pero esta función no es objeto de análisis en el presente artículo. Hasta ahora hemos definido lo que es el Juicio y la Justicia y sus atributos. Sin embargo este estudio quedaría incompleto si no lo culmináramos refiriéndonos a los efectos que la Justicia ejerce en aquellos que son justificados por la Gracia de Dios. El bien más preciado que persigue la humanidad es la paz. Pero no la Paz con Dios, pues la mayoría de los hombres no piensan que estén en guerra con Él. La Paz que Cristo nos ofrece es precisamente que por medio de Su Sacrificio hemos sido reconciliados con el Padre, pues efectivamente, por causa del pecado nuestro Padre si que estaba enemistado con nosotros. La Justicia de Dios, pues, tiene una primera consecuencia que es la Paz. "Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo, a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz; " (Hebreos 7.1-2) Esa Paz va a tener una inmediata repercusión en nuestra forma de ser y nuestra relación con los que nos rodean, pues debemos estar tan agradecidos a Dios por este regalo que, en lo que de nosotros dependa, vamos a intentar estar en Paz con el mundo (Romanos 12.18), sobre todo porque nos hemos comprometido con Dios a perdonar a nuestros deudores como Él nos ha perdonado. "Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre. Y mi pueblo habitará en morada de paz, en habitaciones seguras, y en recreos de reposo. " (Isaías 32.17-18) Hay veces, sin embargo, que el mundo nos obliga a entrar en guerra, por causa de Cristo. El Enemigo es astuto e intenta meternos en luchas carnales para conseguir efectos espirituales negativos o de injusticia. El primer efecto de la injusticia es precisamente la pérdida de nuestra Paz. El desasosiego, no poder descansar en Cristo, rencores, juicios y pleitos carnales, murmuraciones, acepción de personas, contiendas, celos o envidias, como llegó a pasar entre los hermanos que vivían en Corinto, según nos relata Pablo, y donde pasa en cualquier comunidad humana. Pero nosotros no formamos parte del mundo, ni nuestra relación de Iglesia debe estar apoyada en cimientos humanos, sino en Cristo y si no es así, mejor destruir para edificar de nuevo, pues por nuestros frutos o hechos se nos conocerá (Mateo 7.16). En estas situaciones debemos recordar que Dios nos ha prometido que: "Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos de YHWH, y su salvación de mí vendrá, dijo YHWH." (Isaías 54.17). Pero también que no es nuestra la venganza, sino de YHWH y que debemos orar y amar a nuestros enemigos intentando que se arrepientan y puedan pasar a ser hermanos y amigos en Cristo y en su Justicia. Conclusión: El Único Justo nos ha llamado a ser Justos. El Único Juez nos ha dado poder de Juzgar conforme a Su Justicia. Seamos valientes y caminemos en la Paz y tranquilidad de quien nada teme. "En aquellos días Judá será salvo, y Jerusalén habitará segura, y se le llamará: YHWH, justicia nuestra." (Jeremías 33.16)
|
|