LA MADRE DE DAVID

En esta ocasión, aunque resulte un poco extraño, he sentido de escribir sobre este personaje bíblico desconocido, del que no sabemos su nombre, aunque sí conocemos de su existencia. Hace tiempo un hermano en Cristo me solicitó información sobre ella y el Señor me hizo darme cuenta de su importancia, aunque esta persona no es como el resto de madres de los reyes de Judá o Israel, o de la mayoría de los grandes personajes bíblicos, muchas de las cuales presentan papeles relevantes, tanto en la educación de sus hijos, como siéndoles de ayuda en su trato con el Señor, como es el caso, por ejemplo, de Rebeca, madre de Jacob.

David, su hijo, sólo se refiere a ella en dos ocasiones:

Salmo 86.16: "Mírame, y ten misericordia de mí; Da tu poder a tu siervo, y guarda al hijo de tu sierva"

Salmo 116.16: "Oh YHWH, ciertamente yo soy tu siervo, Siervo tuyo soy, hijo de tu sierva; Tú has roto mis prisiones."

Lo que nos quiso dejar claro es que su madre era una humilde sierva del Señor, sin mayor gloria para ella; deseaba hacer Su Voluntad y así instruyó a David para que en su vida pusiera a Dios como guía y pudiera seguir sus pasos, como ella hizo junto con su marido, Isaí.

Esta actitud de servicio y agrado hacia Dios, me recuerda a la actitud de María, la madre del Señor Jesús, entre las cuales veo un paralelismo bastante grande. También encontramos este paralelismo entre David y el Señor Jesús, el cual, según la profecía debía nacer en Belén (Miqueas 5.2), la tierra de David (1ª de Samuel 16.1) y que de éste último, de su simiente, había de nacer el Mesías.

Quisiera centrarme en María, la cual nos da una hermosa lección de la que podemos sacar una valiosa enseñanza para todos nosotros.

Ella, sin duda, tuvo una misión muy importante, pero el gran protagonista era Jesús y Su Sacrificio, mostrándonos el Evangelio como única vía de Salvación. A ti, que estáis leyendo este artículo, el Señor te ha hecho un llamamiento, pidiéndote un cambio de vida, un cambio de actitud ante el mundo y ante la antigua visión que tenías de Dios, una llamada hacia el arrepentimiento, para que, en definitiva, nazca en ti Cristo, como única posibilidad o vía hacia la Salvación. María, al igual que cada uno de nosotros tuvo que escoger un camino a seguir.

Es curioso ver el significado de su nombre: Rebelde, pero también: Princesa, Hermosa, la Elegida.

Rebelde, por cuanto cada uno de nosotros hemos pecado contra Dios, yendo en contra de Su Palabra, estableciendo nuestro propio juicio moral, juzgando lo que está bien o mal según nuestro propio parecer, haciéndonos dioses delante de Él. Elegida, porque Él nos ha escogido antes de la fundación del Mundo para ser santos, sin mancha (Efesios 1.4), purificados por Su Sacrificio y teniendo vida en Su Resurrección. Princesa, ya que somos su esposa y reinaremos con Cristo. Y Hermosa, pues para Dios nuestra alma es hermosa ante Sus Ojos (Cantares 1.15).

María se definió así misma como la sierva del Señor ante la llamada que Dios le hace: "He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra" (Lucas 1.38). Ella sabía que el Mesías había de nacer de una virgen (Isaías 7.14), de una que no hubiera conocido varón y que tras la concepción continuara virgen. Conocía que eso sólo era posible por la Obra de Dios, algo imposible para el hombre.

Veo que estas dos cualidades, la de ser sierva y virgen, son claves a la hora de emprender el Camino del Señor. Vamos a analizar cada una de ellas:

La Virginidad

Ésta, además de lo que representa físicamente tiene un claro sentido espiritual. Se es virgen cuando no se ha tenido relaciones carnales. Espiritualmente, por lo tanto, seremos vírgenes cuando no se han mantenido relaciones "espirituales" con ningún dios. Pero sabemos por las Escrituras que el pecado original del hombre (varón y hembra, Génesis 5.2) fue juzgar conforme al conocimiento del bien y del mal, o sea, de la moral, por lo que fue echado de la presencia de Dios. El Señor dice que todos a la verdad pecaron (Romanos 3.23) y nadie se encuentra "virgen" para establecer una relación espiritual con Dios. Esta virginidad incluye a María, pues al decir todos, no hace ninguna excepción.

¿Cómo es posible entonces ser virgen a los ojos de Dios?

La verdad es que no es posible, es humanamente imposible presentarnos puros ante Su Presencia, pues hemos pecado, habiendo cohabitado con Satanás. Él solo quiere despojarnos de nuestra virginidad, que caigamos en sus seducciones y, por lo tanto, alejarnos lo más posible de Dios. El mundo es suyo. Nosotros, como rameras engañadas, hicimos caso a una dulce promesa de "sabiduría" y nuestra codicia nos enemistó con Dios: "sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella." (Génesis 3.5-6).

El hombre espiritual (Alma y Espíritu), ha sido engañado y está sucio ante los Ojos de Dios.

¿No hay Esperanza?

Si.

¿Cuál?, ¿acaso Dios puede vernos de nuevo vírgenes, limpios de todo pecado a pesar que Él nos dijo que éste no saldría ni con lejía (Jeremías 22.2)?

La Respuesta: la Fe en Cristo, seguir la senda abierta a través de Su Sacrificio.

María, al igual que cualquier otra persona en este mundo, tiene que tomar conciencia, en primer lugar, de que está sucia, que ha pecado, que está fuera de la presencia de Dios y de que necesita reconciliarse con Dios. Solo hay una manera, reconocer a Cristo, al Mesías, como nuestro Libertador (Romanos 3.25-26). Por más que esté una mancha, si no nos damos cuenta de su existencia no tendremos necesidad de lavar esa prenda. Es la Fe la que hace que nos demos cuenta de esto, pues ésta, que es Esperanza, hace que nosotros estemos vigilantes, como las vírgenes prudentes (Mateo 25) para cuando nos venga alguien con el Mensaje del Señor, del Esposo, lo tomemos como un ángel, un enviado de Dios, que es precisamente lo que significa, y se haga presente en nosotros el Mensaje de Salvación y de Verdadero Amor que nos trae.

"Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo." (2ª de Corintios 2.11)

Dios, que conoce nuestros corazones, ve en ellos si existe voluntad para un sincero arrepentimiento y en ese momento nos considera como vírgenes ofreciéndonos la posibilidad de ser su esposa y ser invitados a las bodas del Cordero.

Solo cuando aceptamos ese sincero compromiso y ponemos virtud (toda nuestra voluntad) en ello, entonces es cuando Cristo nacerá en nosotros y podremos ser llamados "madre de Dios": "Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre." (Mateo 12.50)

"Oh YHWH, hiciste subir mi alma del Seol; Me diste vida, para que no descendiese a la sepultura." (Salmo 30.3)

El Servicio

Como hemos comprobado tanto en la madre de David, como en la de Nuestro Señor Jesús, lo que resalta de ellas es su Actitud de Servicio. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua define Servir como: Estar sujeto a alguien por cualquier motivo haciendo lo que él quiere o dispone y también: Hacer las veces de otro en un oficio u ocupación o ser de utilidad. En esta definición hay que distinguir dos acciones o actitudes, las cuales, espiritualmente vienen referidas a situaciones distintas y sucesivas en el tiempo.

En primer lugar, tenemos la situación de ser sierva como la de hacer lo que otro te manda o quiere de ti. Esta acepción es la que más se acomoda al llamamiento que el Señor le hace a María o el que nos hace a cada uno de nosotros, el de someter todo nuestro ser (Cuerpo, Alma y Espíritu) a los dictados de la Palabra, a la Voluntad de Dios, a negarnos a nosotros mismos, cambiando nuestra antigua forma de pensar y sentir, para acomodarla a los dictados del Señor. Él nos manda que nos hagamos como niños para poder recibirle, un cambio radical, un nacimiento de nuevo que refleja, si se lleva a efecto, esta actitud de servicio y obediencia, que es contraria a nuestra carne y a los mandatos de Satanás. Ahora es cuando nos damos cuenta que hemos estado con anterioridad sometidos en servicio a alguien que no nos quería de verdad sino que su misión era distraernos con sus engaños para apartarnos de la posibilidad de Redimirnos con el Padre.

"¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia." (Romanos 6.16-18)

Dios que tiene Misericordia de nosotros, pues nos ama desmedidamente, nos ofreció a su Hijo, el único que le iba a ser obediente de verdad (Romanos 5.19) al 100%, para que tomáramos ejemplo y guía y pudiésemos entrar por la puerta estrecha, dejando atrás antiguas cargas y modos de pensar y sentir, pudiendo pasar así limpios, sin ningún bagaje, por el Camino de Su Resurrección.

"Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro" (1ª de Pedro 1.22)

La otra acepción, la de ser útiles o hacer las funciones de otro, esta misión la desarrollamos cuando nosotros mostramos al mundo el Evangelio de Salvación. Somos ahora ministros, o sea, representantes de Jesucristo y de Su Mensaje. "Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica." (2ª de Corintios 3.4-6). Cristo habita en nosotros a través de Su Espíritu, el cual nos lleva a toda Verdad y somos ahora nosotros los que transmitimos el Evangelio, no por estudio o sabiduría humana sino por revelación y relación directa y personal con Dios, ofreciendo alimento espiritual, Pan del Cielo, a todo aquel que quiera tomar de él. Esta misión ya no se efectúa por una ganancia humana sino por Amor hacia el prójimo.

El Amor cambia nuestra antigua forma humana de entender la vida, sus fines y avatares; el amor nos lleva a servir a Dios y a los planes de Dios en los demás. Hay que dejarse llevar por el Espíritu del Señor para poder conocer en qué le podemos ser útiles a Dios y ministrar con Su Amor, mostrándonos fieles al Evangelio Eterno, para que todo aquel que se acerque a nosotros pueda sentir el Amor de Dios, sirviéndole conforme a la Voluntad de Dios.

"El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió" (Juan 13.20)

Servimos a Cristo predicando la Palabra, dándole apoyo a un hermano, ofreciéndole comida espiritual no adulterada, animándole, lavándole los pies, etc., todo ello por Gracia y sin vanagloria, pues hay que recordar que "Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos" (Lucas 17.10).

Dejemos atrás amores y calores humanos y las sutiles y agradables tentaciones del Maligno, para que solo busquemos el Amor Verdadero en Espíritu y Verdad. Dejemos atrás la mentira, mostrándonos vírgenes, en verdadera Esperanza en Dios, nuestro Salvador, para poder serle fiel y siervos suyos en todo momento, para Gloria y Alabanza de Su Santo Nombre.