LA MARCA DE LA BESTIA

Leyendo la Palabra, el Señor me hizo pararme a refelxionar el siguiente pasaje: "estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón. Se las repetirás a tus hijos, y les hablarás de ellas estando en tu casa y andando por el camino, al acostarte y cuando te levantes. Las atarás con una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas" (Deuteronomio 6.6-8). Estaba hablando de sus Mandatos, los cuales siempre han de estar presentes en nosotros si queremos permanecer en el Camino. Pero no sólo eso, sino que debían ser puestos como SEÑAL en nuestras MANOS y estar en nuestras FRENTES, pues habla de entre nuestros ojos. Al leer este versículo en concreto el Señor me hizo pensar en otro muy similar pero con opuesto significado:

"Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre. Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis." (Apocalipsis 13.16-18). Este pasaje habla de la conocida "Marca de la Bestia", de la que todos conocemos su número, 666 y que tantos ríos de tinta se han escrito de ella, sobre su posible aparición física en cualquier momento sobre nosotros, y lo que debemos hacer para estar vigilantes y no caer en las redes del Maligno. En el mismo sentido encontramos los siguientes pasajes: Apocalipsis 16.2, 19.20 y 20.4.

Pero lo que hizo deterne en el primer pasaje fue la similitud entre las señales o marcas que existen entre ambas (Mano y Frente), pues aunque claramente son cuestiones opuestas, creo que tiene mucha importancia aclarar lo que quiere decirnos el Señor con respecto a las señales del Maligno.

Aquí hay por tanto dos cuestiones a analizar, por un lado la marca y por otro, el número.

La marca:

Viendo lo que nos dice Juan en estos versículos de Apocalipsis, la marca es similar al nombre de la bestia: "el que tuviese la marca o el nombre de la bestia". Para comprender estos versículos tenemos que ampliar nuestra mente al conjunto de la Palabra y verla en Su Totalidad, pues ella es Perfecta y nos abre sus puertas para que podamos llegar al conocimiento pleno de la Verdad.

En esos términos me gustaría que nos fijásemos en el siguiente pasaje también del Apocalipsis: "Vi también como un mar de vidrio mezclado con fuego; y a los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen, y su marca y el número de su nombre, en pie sobre el mar de vidrio, con las arpas de Dios" (Apocalipsis 15.2). Estos son los que han vencido a Satanás gracias a la Sangre del Cordero, del Mesías, los sellados con la unción del Espíritu; los habitantes del Reino de Dios, de la Jerusalén espiritual, Sión. "En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa" (Efesios 1.13).

Quiero con esto, por lo tanto, contraponer las dos situaciones.

  • Los sellados con la marca de la Bestia, son los que tienen reinando a Satanás en sus almas, pues el pecado los domina y están marcados como reses para él, pues al igual que ocurre en la realidad con el ganado, en el que sus dueños graban a fuego su marca o distintivo para distinguirlo del de otro ganadero, así también ocurre en el reino espiritual.
  • Por el contrario, los sellados por Dios, son los que han recibido la Salvación, el Sello de Fuego de Dios en sus Frentes y en su Mano, y así, la antigua marca de Satanás ha sido cambiada por otra nueva, gracias a la cual, por la que tenemos ahora un pastor, Cristo, que cuida de las ovejas de Su Padre, para que el Salteador no las pueda robar y llevárselas de nuevo a su rebaño. "También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor." (Juan 10.16). Lean también el resto del capítulo 10 de Juan, que es muy clarificador, además de Hebreos 13.20 y 1ª de Pedro 2.25.

Pero en Apocalipsis 13.16-18 habla también del nombre de la bestia, que permanece en los marcados. Al igual que he hecho con respecto a la marca, me gustaría ver esta situación desde la perspectiva opuesta: En Apocalipsis 2.12-17 cuando habla de la Iglesia de Pérgamo, dice lo siguiente: "pero retienes mi nombre, y no has negado mi fe...... Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe.". Por lo tanto, los que vencen a Satanás tendrán un nombre nuevo, es decir, una adopción dentro de Dios, pues estará el Nombre de Dios en sus almas. Como Dios es Espíritu, si el Espíritu de Dios reposa en nosotros, por lo tanto, tendremos el Nombre de Dios en nosotros y ya no el de Satanás, que lo hemos vencido gracias al Evangelio (1ª de Pedro 4.14).

Hay otro detalle a reseñar sobre el citado pasaje de Apocalipsis, es cuando dice que la marca de la bestia estará en la mano derecha. La mano derecha, en concreto, pero por extensión, a todo el lado derecho de la persona, tiene una importancia significativa para el Señor. Por ejemplo, la mano derecha fue la que usó Jacob para bendecir a Efraín (Génesis 48). En la consagración de Aarón y sus hijos como Sacerdotes, toma Moisés la sangre del carnero y la pone, entre otros sitios, en el pulgar de sus manos derechas (Levítico 8.23). Dice el Salmo 73.23-24: "Con todo, yo siempre estuve contigo; Me tomaste de la mano derecha. Me has guiado según tu consejo, Y después me recibirás en gloria.". También en el primer discurso de Pedro, tras la recepción del Espíritu Santo en Pentecostés, se nos aclara que Jesús fue exaltado por la Diestra de Dios (Hechos 2.33).

Todos estos ejemplos de las Escrituras nos hacen entender que, puesto que la mano sirve para actuar, pero sobre todo para coger, nuestro actuar debe ser el de estar "asidos de la palabra de vida" (Filipenses 2.16), para que nos agarremos a Cristo y no dejemos escapar la Salvación. Si no actuamos de esta manera, nuestra mano derecha estará desaprovechada, seca. En este caso, debemos aplicarnos el siguiente pasaje:

"Aconteció también en otro día de reposo, que él entró en la sinagoga y enseñaba; y estaba allí un hombre que tenía seca la mano derecha. Y le acechaban los escribas y los fariseos, para ver si en el día de reposo lo sanaría, a fin de hallar de qué acusarle. Mas él conocía los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y él, levantándose, se puso en pie. Entonces Jesús les dijo: Os preguntaré una cosa: ¿Es lícito en día de reposo hacer bien, o hacer mal? ¿salvar la vida, o quitarla? Y mirándolos a todos alrededor, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él lo hizo así, y su mano fue restaurada. Y ellos se llenaron de furor, y hablaban entre sí qué podrían hacer contra Jesús." (Lucas 6.6-11)

Jesús es nuestro Reposo (Hebreos 4) y si le hacemos caso, a Su Evangelio, nuestra mano será restaurada, pues su misión es reconciliarnos con Dios, es decir, que hubo un tiempo antes de pecar, un estado en el que estábamos en la Gracia de Dios, pero cuando el hombre peca, cuando el juicio del bien y del mal entra a morar en nuestras almas, el hombre está bajo la influencia del Maligno, su mano derecha se tornará seca, la marca de la bestia estará en ella y necesitará la Palabra de Dios, la Predicación del Evangelio de Reconciliación para que ésta sea restaurada (Efesio 2.11-22; Colosenses 1.15-23).

En cuanto a la Frente, indica nuestro pensamiento. Si lo domina la mente humana, lo que ella juzga, estaremos en pecado, pero al aceptar el Mensaje de Salvación, el Señor nos cambia la mente, pues al recibir la Unción el Espíritu de Vida, recibiremos la Mente del Señor: "Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo" (1ª de Corintios 2.16).

Por último, habla el citado pasaje de que nadie podrá comprar o vender sino el que tuviese la marca o el nombre o el número de la bestia. Como estamos viendo, todo lo analizado se ha hecho desde una perspectiva espiritual, referido concretamente a la Salvación del hombre. En este caso, tenemos que verlo igualmente, haciéndonos la siguiente pregunta: ¿Se puede comprar o vender la Salvación?. La respuesta está clara: "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe." (Efesios 2.8-9). La Salvación es gratuíta (Romanos 3.24) y no se gana haciendo nada, no se compra ni se puede vender. El comienzo del capítulo 55 de Isaías es tremendamente claro al respecto: "A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche. ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura. Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David"

Existen muchas personas que se afanan en buscar en la religión, en sus doctrinas, la Salvación. Pero ésta no puede ser vendida por ninguna doctrina, ni puede ser comprada, siguiendo el mensaje de ninguna doctrina humana. La Salvación se adquiere por la locura de la Predicación, por la negación al pecado y por la Fe en Cristo Jesús. No nos podemos hacer a imagen y semejanza de ninguna doctrina de hombres, sino seguir sólo y exclusivamente el Evangelio de Salvación.

Cristo, conociendo esta circunstancia, entro en el Templo y echó a los mercaderes: "Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones" (Mateo 21.12-13). En nosotros que estamos hechos para ser templo del Señor, no debe habitar ninguna doctrina que ofrezcan palomas, o sea, medios de salvación extraños. La Salvación es Cristo y si queremos recibirle, tenemos que echar fuera todo lo extraño a Él, lo extranjero, para que sólo habite Dios en nosotros y no puedan nunca entrar, de nuevo, en nuestra alma potestades espirituales, pues estaremos ya en Reposo, en nuestro Señor:

"si los pueblos de la tierra trajesen a vender mercaderías y comestibles en día de reposo, nada tomaríamos de ellos en ese día ni en otro día santificado" (Nehemías 10.31)

El número:

Recordemos lo que dice Apocalipsis 13.18: "Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis."

Nosotros, con la ayuda del Señor, vamos a contar ese número, analizándolo con la Palabra; el número es 666, un triple 6. Al decir este versículo que es número de hombre, el Señor me hace ver que es una cuestión que está en la naturaleza del hombre. Éste está compuesto de tres partes: Cuerpo, Alma y Espíritu: "Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. " (1ª de Tesalonicenses 5.23).

Como hemos visto con anterioridad, si el hombre no ha recibido la Unción del Espíritu de Dios, se encuentra en Pecado y está bajo el Maligno, bajo su marca. En esta situación su cuerpo, alma y espíritu están bajo el régimen de muerte, no bajo el de la Gracia. Esta imperfección es la que hace que el hombre intente adquirir la Salvación, buscándola, en muchas ocasiones, como antes vimos, en la religión, o intentando justificarse ante Dios en sus buenas obras, según su propio juicio.

Tal y como hemos hecho en el resto del artículo, vamos a comparar este número con lo que dicen, en sentido opuesto, las Escrituras:

Los primeros versículos que se me vinieron a la mente fueron, precisamente, los primeros de la Biblia, es decir, donde se muestra la creación del mundo. Como todos sabemos, Dios creó el mundo en 6 días y el séptimo descansó: "Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación." (Génesis 2.1-3).

Estos versículos deben ser complementado con el 4º Mandamiento:

"Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para YHWH tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo YHWH los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, YHWH bendijo el día de reposo y lo santificó." (Éxodo 20.8-11).

Isaías 30.15 dice: "Porque así dijo YHWH el Señor, el Santo de Israel: En descanso y en reposo seréis salvos", por lo tanto, si somos salvos por aceptar el Evangelio de Salvación del Mesías, de Jesucristo, Él es nuestro Reposo: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar" (Mateo 11.28).

Recapitulando, si hemos adquirido la Salvación, hemos adquirido descanso y, por lo tanto, estamos en el día 7º. Por el contrario, si todavía estamos buscando al Señor, o estamos inmersos en otras doctrinas u obras que son imperfectas a los ojos del Señor, estaremos en el día 6º, precisamente el mismo día que Dios creó al hombre (Génesis 1.26-27).

Cuando el hombre está en el Descanso, su cuerpo, alma y espíritu forman una unidad: "Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado." (Juan 17.20-23) y también (Efesios 4).

Nosotros estamos perfectos en Cristo y nuestro número ahora será el 7, el día de Reposo.

Por el contrario, los que están bajo la marca de la Bestia, no gozan de esta unidad, por lo que tienen un triple 6: 6 en cuerpo, 6 en alma y 6 en espíritu. Ya que solo se puede alcanzar la perfección en la unidad de las tres partes. Si esta no existe, aunque haya unidad entre el alma y el espíritu, pero no en la carne, el Señor no salvará a esa persona. Dios nos dice no son sus hijos los que sólo oyen sino además los que la cumplen (Lucas 8.21). Este cumplimiento debe ser total, una entrega de Amor hacia él, como Esposo verdadero, para que vea Su Amor correspondido, ese Verdadero Amor, de entrega de Su Vida, de Su Sangre, para el perdón de nuestros pecados y su posterior Resurrección, para Vida Eterna.

Además de lo descrito, me gustaría añadir que el Señor muestra que este es el número de su nombre. Habiendo llegado al conocimiento de qué representa el número, llegamos a la conclusión que el nombre de la bestia es la imperfección, la ausencia de vida o existencia, el pecado, la inexistencia de Amor.

Nosotros sin embargo, si escogemos el nombre de Dios, tendremos Vida, Perfección, Descanso y, sobre todo, Amor. "Ayúdanos, oh Dios de nuestra salvación, por la gloria de tu nombre; y líbranos, y perdona nuestros pecados por amor de tu nombre" (Salmo 79.9)

Conclusión:

Si en lo anteriormente descrito encuentras que todavía ves que tu persona está en la imperfección del pecado, plantéate seriamente las consecuencias:"Y el tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre. Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús." (Apocalipsis 14.9-12)

Busquemos siempre la Santidad (1ª de Pedro 1.15-16) para que podamos ser perfectos en la Gracia de la Unción del Espíritu y gocemos del Reposo Eterno, por el nuevo régimen del Amor, en la Fe del Mesías.