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Los
Mandamientos:
"Llamó
Moisés a todo Israel y les dijo: Oye Israel, los
estatutos y decretos que yo pronuncio hoy en vuestros oídos;
aprendedlos y guardarlos, para ponerlos por obra"
(Deuteronomio 5.1).
Una
vez que Dios sacó a los israelitas de Egipto,
librándolos de la esclavitud, les da unos estatutos y
decretos, es decir, unas leyes, que el pueblo debe aprender
y cumplir: los 10 mandamientos.
Todo
hombre que haya sido salvado por Dios y librado de la
esclavitud del pecado, debe conocer, aprender y cumplir este
mandato del Señor: "no
con nuestros padres hizo YHWH este pacto, sino con nosotros
todos los que estamos aquí hoy vivos"
(Deuteronomio 5.3).
Cuando
un hombre cualquiera acepta la salvación que nuestro
Señor Jesucristo compró con Su Sangre, entra a
formar parte del pueblo de Dios y, por tanto, tiene la
obligación de obedecer las normas que Él nos
ha puesto: "no penséis
que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he
venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os
digo, que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota
ni una tilde pasará de la Ley hasta que todo se haya
cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de
estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe
a los hombres, muy pequeño será llamado en el
reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los
enseñe, éste será llamado grande en el
Reino de los Cielos" (Mateo 5.17-19). Por
otro lado, el Señor Jesucristo de nuevo vuelve a
darle vigencia a los 10 mandamientos cuando se le presenta
un joven rico preguntándole: "Maestro
bueno, ¿qué bien haré para tener la
vida eterna? Él le dijo: ¿Por qué me
llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si
quieres entrar en la vida guarda los mandamientos..."
(Mateo 19.16-17).
Por
tanto, no hemos de considerar los mandamientos de la Ley de
Dios como algo que forma parte de nuestra tradición,
algo pasado, sino que han de estar bien presentes y tomados
como referencia constante en nuestra vida: "estas
palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu
corazón. Se las repetirás a tus hijos, y les
hablarás de ellas estando en tu casa y andando por el
camino, al acostarte y cuando te levantes. Las atarás
con una señal en tu mano, y estarán como
frontales entre tus ojos; las escribirás en los
postes de tu casa y en tus puertas"
(Deuteronomio 6.6-8).
Obedecer
a Dios es cumplir sus estatutos. Si no conoces sus leyes no
puedes obedecerle y si no lo haces, debes saber que no eres
su amigo: "Sois mis amigos si
hacéis lo que yo os ordeno" (Juan
15.14).
Las
imágenes: una consecuencia de la idolatría.
Cuando
hace ya varios años un hombre me preguntó si
yo conocía los 10 mandamientos, mi respuesta,
categórica y contundente, fue que "SI". Mi
asombro fue que ese hombre no pareció muy convencido,
e insistió: "entonces,
¿cuál es el segundo mandamiento?".
Con bastante socarronería, y plenamente confiado en
mi tradición católica, contesté: "No
tomarás el nombre de Dios en vano".
Pensé que él se había vuelto loco del
todo cuando me rebatió diciendo: "ese
no es el segundo mandamiento" y me desafió:
"¿no decías que
todo el mundo conoce los 10 mandamientos?".
Hoy,
me gustaría realizar esta misma pregunta: ¿has
oído hablar de los 10 mandamientos?, ¿cuál
es el segundo?. Y si, fiado en tu tradición, me
respondes, como hice yo, "no tomes el nombre de Dios en
vano" te diré, con rotundidad, que falsamente
hablas, puesto que lo haces sobre algo que no conoces, ya
que ese no es el segundo mandamiento.
Cuando
me sucedió esto, estando, creo recordar con aquel
hombre en mi propia casa, cogí una gran Biblia, que
nunca había leído, y busqué los dos
pasajes en los que Dios da a Moisés las Tablas de la
Ley, pensando que por fin iba a dar un escarmiento a aquel
amigo que siempre decía unas cosas "extrañísimas"
sobre la Biblia y sobre Dios. Encontré el capítulo
5 del Deuteronomio y leí el primer mandamiento como
algo archisabido: "No tendrás
Dioses ajenos delante de mi". Lo que me
habían enseñado desde pequeño. Bien,
pensé yo, piso un terreno conocido. Sonriendo
proseguí: "No harás
para ti escultura ni imagen alguna de cosa que está
arriba en los cielos, ni abajo en la tierra, ni en las aguas
debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas ni las
servirás, porque Yo soy YHWH, tu Dios, fuerte,
celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos
hasta la tercera y la cuarta generación de los que me
aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman
y guardan mis mandamientos".
No
podía creerlo, tuve que releerlo, mientras un montón
de inquietantes dudas y preguntas nublaban mi mente.
Cuestiones como éstas:
¿Habrá
un error de imprenta en mi lujosa Biblia?. Digo lujosa
porque es un regalo que me hicieron de una edición
limitada y costosa, con los filos de oro y una gran
selección de fotografías y reproducciones de
obras de arte, pinturas y esculturas, de temas religiosos:
Cristos, Vírgenes y Santos.
¿Le
habrán vendido una Biblia extraña, no
católica, a la persona que me la regaló?. Que
tontería, me respondí a mí mismo; si
la compró en la parroquia. Por si acaso, me
aseguré, y vi que tenía la licencia de la
Conferencia Episcopal Española.
¿Por
qué me enseñaron una versión de los
mandamientos distinta?, ¿quién habría
cambiado estos mandamientos?.
¿Quién
puede rectificar a Dios y cambiar Su Palabra?, ¿Jesucristo
habría cambiado los mandamientos y no lo sabía
yo?. Ya hemos visto antes que no, que Jesucristo ordena que
los cumplamos y enseñemos a los demás.
Busqué
una salida "airosa" a tan comprometida situación,
mientras mi amigo esperaba tranquilamente en silencio. He de
decir, en honor a la verdad, que su actitud fue humilde,
respetuosa. No se burló de mi confusión, ni
hizo frases del tipo: "te lo dije" o "yo
tengo razón". Esperó a que yo hablara
dándome tiempo a que me repusiera, aunque supongo que
todos estos pensamientos pasaron por mi mente en menos de un
segundo a pesar de que a mí se me hizo bastante
largo.
Por
fin dije: "reconozco mi
extrañeza, pero creo que ese no es el segundo
mandamiento, sino parte del primero aunque haya un punto
aparte que los separe".
"Bien,
dijo él, si forma parte del primero entonces,
¿cuántos mandamientos hay?",
"Nueve", tuve
que admitir después de haberlos contado y leído
detenidamente. "Hay una cosa
muy extraña" proseguí.
"Siempre habría creído
que el noveno mandamiento era: No
desearás la mujer de tu prójimo, y
el décimo: No codiciarás
lo bienes ajenos, pero aquí
lo pone seguido dentro del mismo mandamiento".
"Exacto",
dijo él. "Al eliminar
el segundo mandamiento, tuvieron que dividir el décimo
en dos para que salieran las cuentas".
He
querido contar esta anécdota, para que podamos
comprender que una cosa es lo que creemos, lo que sabemos y
otra lo que conocemos en verdad. Espero que leas y
compruebes por ti mismo, tal y como yo hice en su tiempo, si
es que tienes como yo una tradición católica,
que lo que he dicho sobre los mandamientos es verdad. Me dí
cuenta que había basado mi relación y mi
conocimiento de Dios en lo que otros me habían
contado, leído, o interpretado de él, sin
comprobarlo en la Biblia que es Su Palabra. Decidí
comenzar a leer las Escrituras intentando no tener ideas
preconcebidas de Dios, esperando hallarlo, y Él me
halló a mí. Pero esto forma parte de otra
historia.
Dios
ha sido muy claro a redactar sus leyes. No
matarás, No robarás, Honrarás a tu
padre y a tu madre... es un código de
conducta, un código ético, perfecto en su
propia sencillez. El problema no es de comprensión
racional, sino de aceptación. El hombre que no quiere
cumplir un mandamiento, por ejemplo el Segundo, lo quita o,
mejor dicho, lo esconde y no lo enseña a sus hijos;
así, éstos, al no conocerlo, tampoco lo
cumplirán ni, sobre todo, echarán en cara a su
padre o madre el que desobedezcan a Dios, puesto que están
engañados y no saben lo que están haciendo sus
progenitores.
La
palabra progenitor tiene un doble sentido:
Es
en éste último sentido como hay que definir la
palabra en este escrito. Recordemos que Pablo en sus
epístolas escribía a los gentiles, llamándolos
"Hijitos" y los católicos llaman a su
institución "La madre Iglesia".
Por
lo tanto, en el pasaje antes narrado del Deutoronomio 6.6-8
cuando Dios ordena que repitas estas palabras, mandamientos,
a tus hijos y les hables de ellas en todo momento, estando
en tu casa y andando por el camino: Cristo, está
diciendo que todo aquel que tenga hijos espirituales, que
hayan conocido a Dios a través de él, tiene la
obligación de enseñar todos sus mandamientos.
Esto no es potestativo u opcional, sino obligatorio. La
palabra de Dios no es pasajera o cambiable, sino eterna "El
cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no
pasarán" (Mateo 24.35).
Me
gustaría reflexionar sobre este mandamiento,
pidiéndole al Señor su Gracia y Espíritu,
para llegar a toda Verdad, y que realmente se nos quede
grabado en nuestras frentes y corazones haciendo que no nos
desviemos de Su Camino.
Además
de la Biblia, utilizaré un diccionario:
"No
harás para ti escultura ni imagen alguna de cosa que
está arriba en los cielos, ni abajo en la tierra, ni
en las aguas debajo de la tierra.". El
diccionario de la Real Academia de la Lengua define
"imagen" como: Figura,
representación, semejanza y apariencia de una cosa.
Estatua, efigie o pintura de una divinidad o personaje
sagrado. Por tanto, no nos está permitido
hacer ninguna estatua o pintura de Dios, Virgen o Santos.
Quien lo hace, desobedece la Ley de Dios y se enfrenta a
Él. No vale decir que no tiene importancia, que solo
es una representación, que no se hace mal a nadie
con esta práctica, ya que si que se hace mal a
alguien: a Dios.
"
No te inclinarás a ellas ni las servirás,
porque Yo soy YHWH, tu Dios". Lo que nos
aclara el Señor aquí es que no debemos
adorarlas, rendirles culto ni devoción, puesto que
con esta práctica caeríamos en la idolatría.
El diccionario de la Lengua define "idolatría"
como: Adoración que se da a los ídolos.
E "ídolo" como: Imagen de una
deidad, adorada como si fuera la divinidad misma. Pero
no creamos que no se puede hacer imagen de Dios pero si de
otros personajes sagrados ya que la segunda definición
de idolatría es: Amor excesivo y vehemente
a una persona o cosa, y de ídolo es:
Persona o cosa excesivamente amada o admirada. Los
"santos" y María, fueron personas buenas
que amaron a Dios y están en su seno, pero no
podemos caer en el amor excesivo, comparándolos
con el mismo Dios.
Me
gustaría recomendar las siguientes lecturas que
muestran la Voluntad de Dios, confirmando este sentido:
Salmo
75 Salmo 135
Isaías 40.18 y ss.
Isaías 46
Jeremías
10.1-15 Éxodo
20.23 Apocalipsis
9.20
Esta
es la postura de Dios, manifestada de forma exacta y sin
paliativos para que la sigamos y la pongamos en práctica
en nuestra vida. Pero, no queda ahí la cuestión
circunscrita a la idolatría e imaginería, pues
el Segundo Mandamiento, tiene otra vertiente espiritual:
La
Imagen de Dios: Cristo, Su Evangelio.
A
parte de lo visto anteriormente, del tema de las imágenes
religiosas, el Señor quiere decirnos algo muy
importante con este Mandamiento; quiere abrirnos el Camino
hacia Él, mostrándonos que todo camino que
no sea Su Evangelio es erróneo y está maldito.
Vamos
analizar paso por paso el texto bíblico que lo
contiene: Éxodo 20.4-6
"No
te harás imagen, ni ninguna semejanza de
lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la
tierra, ni en las aguas debajo de la tierra."
Como
antes hemos visto en la definición del término
idolatría, lo que le molesta a Dios es que adoremos o
demos culto a otro que no sea Él. Lo que está
claro es que hay una expresa prohibición de hacer
imágenes. Sin embargo, Dios nos muestra que nosotros
estamos hechos a Su imagen y semejanza: "Entonces
dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a
nuestra semejanza"
(Génesis 1.26). Esto puede parecer que se contradice
con el 2º Mandamiento, pues Dios claramente está
en el cielo. Si nosotros estamos hechos a imagen de Dios,
¿qué es lo que prohíbe?.
Nosotros,
nuestro hombre o mujer, está compuesto por Espíritu,
Alma y Cuerpo. Este último sabemos que es pecaminoso
y usado por Satanás, pues él domina nuestro
pensamiento carnal y nos engaña sin que nos demos
cuenta. El Espíritu del hombre es la parte que está
preparada para relacionarse con Dios y sus deseos y
pensamientos son incomprensibles para la mente humana. Por
último, se encuentra el Alma. Ésta es una
parte que está en relación con el resto. De lo
que habite en ella, depende nuestra relación con
Dios. Si en ella está repleta de cosas de la mente
humana, del juicio del Bien y del Mal, el alma estará
contaminada y muerta nuestra relación con Dios, pues
Dios quiere que nosotros, en nuestra totalidad (Espíritu,
Alma y Cuerpo) esté en completa sintonía con
las cuestiones de Dios. Si, por el contrario, alimentamos
nuestra alma con alimento espiritual, con Palabra de Dios,
con la Doctrina de Salvación y negamos el juicio del
Bien y del Mal, para hacer que la puerta que da al Espíritu
sea la que esté abierta, Dios entrará a morar
en ella y formará una unidad entre Su Espíritu,
el nuestro, en nuestra Alma, formando una nueva criatura
espiritual, la cual será imagen y semejanza de Dios.
"Pero si
nuestro evangelio está aún encubierto, entre
los que se pierden está encubierto; en los cuales el
dios de este siglo cegó el entendimiento de los
incrédulos, para que no les resplandezca la luz
del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la
imagen de Dios." (2ª de Corintios
4.3 y 4)
Dicho
esto, ¿a qué se refiere en concreto Dios
con no hacernos a imagen y semejanza de los que esté
arriba en el cielo?
Nosotros,
si estamos en plenitud con Dios, habiendo aceptado el
Evangelio de Salvación, formamos parte de Su Pueblo
Santo y habitamos ya en las regiones celestes, en la
Jerusalén espiritual, en Sion. Por lo tanto, todo
aquel que haya nacido de nuevo, ya está en el cielo.
Así, Dios nos quiere advertir que no nos hagamos a
imagen y semejanza de nadie, solo de él, a la
estatura de un Varón Perfecto, Cristo (Efesios 4.13).
Por lo tanto, no tenemos que mirar a los demás
hermanos para parecernos a ellos, sino tomar el modelo de
Cristo y seguirlo. Me gustaría para este caso
encomendarme a Pablo que en el capítulo 3 de la 1ª
carta a los Corintios, aclara este punto:
"1De
manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a
espirituales, sino como a carnales, como a niños en
Cristo. 2Os di a beber leche, y no vianda; porque
aún no erais capaces, ni sois capaces todavía,
3porque aún sois carnales; pues habiendo entre
vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois
carnales, y andáis como hombres? 4Porque
diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo
soy de Apolos, ¿no sois carnales?
5¿Qué,
pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio
de los cuales habéis creído; y eso según
lo que a cada uno concedió el Señor. 6Yo
planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo
ha dado Dios. 7Así que ni el que planta es
algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.
8Y el que planta y el que riega son una
misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa
conforme a su labor. 9Porque nosotros somos
colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios,
edificio de Dios.
10Conforme
a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito
arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero
cada uno mire cómo sobreedifica. 11Porque
nadie puede poner otro fundamento que el que está
puesto, el cual es Jesucristo. 12Y
si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata,
piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, 13la
obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día
la declarará, pues por el fuego será revelada;
y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará.
14Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó,
recibirá recompensa. 15Si la obra de
alguno se quemare, él sufrirá pérdida,
si bien él mismo será salvo, aunque así
como por fuego.
16¿No
sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu
de Dios mora en vosotros? 17Si alguno destruyere
el templo de Dios, Dios le destruirá a él;
porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es."
Siguiendo
con el Mandamiento, ahora continúa prohibiendo Dios
hacernos imágenes y semejanza de lo que hay abajo
en la tierra.
En
este punto tenemos que considerar todo aquello que está
en el mundo que nos pueda alejar de Dios, siempre que lo
pongamos por encima de Él en nuestra vida. Para
algunos puede ser el trabajo o el dinero, para otros sus
hobbies, para muchos la droga, la pornografía, etc.
Pero para el Señor igual está el drogadicto
que el enamorado de su trabajo, pues se están
haciendo a imagen y semejanza de algo que no es Dios. Hay
mucha gente que incluso escuchan la Palabra de Dios con
agrado y acuden a reuniones o cultos, pero siguen enlazados
por Satanás en esta idolatría. De los tales
dice lo siguiente Santiago: "Porque
si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella,
éste es semejante al hombre que considera en un
espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí
mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que
mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y
persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor
de la obra, éste será bienaventurado en lo que
hace." (Santiago 1.23-25).
Olvidémonos
de lo que sembremos en este mundo, pues estas riquezas serán
echadas al fuego y consumidas y para nada aprovecharán.
Salomón nos lo muestra claramente: "Hay
un mal doloroso que he visto debajo del sol: las riquezas
guardadas por sus dueños para su mal; las
cuales se pierden en malas ocupaciones, y a los hijos que
engendraron, nada les queda en la mano. Como
salió del vientre de su madre, desnudo, así
vuelve, yéndose tal como vino; y nada tiene de su
trabajo para llevar en su mano. Este también
es un gran mal, que como vino, así haya de volver. ¿Y
de qué le aprovechó trabajar en vano?
Además de esto, todos los días de su
vida comerá en tinieblas, con mucho afán y
dolor y miseria." (Eclesiastés
5.13-17). Busquemos la riqueza que permanece, la cual es
para Gloria nuestra, pues estaremos haciéndonos un
aposento celestial para vida eterna.
"Haced
morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación,
impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia,
que es idolatría.... y revestido del nuevo,
el cual conforme a la imagen del que lo creó se va
renovando hasta el conocimiento pleno"
(Colosenses 3.5 y 10)
Por
último, nos dice Dios que no nos hagamos imagen y
semejanza en las aguas debajo de la tierra.
Estas
aguas no son las aguas de los mares o la de los ríos,
sino las aguas subterráneas. El hombre, para utilizar
estas aguas, hace pozos. Pozos encontramos varios en las
Escrituras, como el que llamó Agar, Pozo del Viviente
que me Ve, cuando huía de Sarai o el pozo de Berseba,
el de Belén o el pozo de Jacob. Los pozos anteriores
eran pozos permitidos o establecidos con el beneplácito
de Dios, pues el pueblo, cuando tenía sed, bebía
de ellos. Pero el Señor Jesús hizo algo
distinto a lo que hasta ahora se hacía, lo cual
quiero analizarlo en la lectura del capítulo 4 de
Juan:
"5Vino,
pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la
heredad que Jacob dio a su hijo José. 6Y
estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús,
cansado del camino, se sentó así junto al
pozo. Era como la hora sexta.
7Vino
una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo:
Dame de beber. 8Pues sus discípulos
habían ido a la ciudad a comprar de comer. 9La
mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú,
siendo judío, me pides a mí de beber, que soy
mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no
se tratan entre sí. 10Respondió
Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y
quién es el que te dice: Dame de beber; tú le
pedirías, y él te daría agua viva.
11La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué
sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde,
pues, tienes el agua viva? 12¿Acaso
eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio
este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus
ganados? 13Respondió Jesús y le
dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a
tener sed; 14mas el que bebiere del agua que yo
le daré, no tendrá sed jamás; sino que
el agua que yo le daré será en él una
fuente de agua que salte para vida eterna. 15La
mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no
tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.
16Jesús
le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá.
17Respondió la mujer y dijo: No tengo marido.
Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido;
18porque cinco maridos has tenido, y el que ahora
tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.
19Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú
eres profeta. 20Nuestros padres adoraron en este
monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el
lugar donde se debe adorar. 21Jesús
le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni
en este monte ni en Jerusalén adoraréis al
Padre. 22Vosotros adoráis lo que no
sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la
salvación viene de los judíos. 23Mas
la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores
adorarán al Padre en espíritu y en verdad;
porque también el Padre tales adoradores busca que le
adoren. 24Dios es Espíritu; y los que le
adoran, en espíritu y en verdad es necesario que
adoren. 25Le dijo la mujer: Sé que ha
de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él
venga nos declarará todas las cosas. 26Jesús
le dijo: Yo soy, el que habla contigo."
Aquí
encontramos descrito todo lo que nos quiere decir el Señor
sobre no hacernos a imagen y semejanza de estas aguas. Antes
de nada, me gustaría aclarar, una vez leído
estos versículos lo que para el Señor
significan estas aguas. Como hemos visto anteriormente Dios
estableció pozos, pero tras la venida del hijo, estos
pozos quedan inútiles. Estos pozos no son sino la
religiones, en el caso del pozo de Jacob, la religión
judía, la Ley de Dios, la cual para nada nos lleva a
la Salvación, no por su imperfección, sino por
la nuestra.
El
Señor Jesús se encuentra con una persona, con
un alma, que viene a sacar agua, como cada día, como
todo aquel que en su imperfección, tras arrepentirse,
vuelve a caer en el pecado, a sentirse sucio. Por esta
causa, tiene que volver a acudir a la religión a
lavarse de nuevo, pero por más que le puedan
proporcionar el mejor jabón o lejía, la mejor
religión o aparentemente la mejor organizada o
perfecta, esta no lo salvará: "Aunque
te laves con lejía, y amontones jabón sobre
ti, la mancha de tu pecado permanecerá aún
delante de mí, dijo YHWH el Señor"
(Jeremías 2.22). El pecado siempre permanece por lo
que siempre ha de volver a sacar la misma agua. Esta alma
había tenido varios maridos. Con esto el Señor
nos quiere hacer ver que hay personas que se van cambiando
de religiones para ver cual es la verdadera, influenciados
por Satanás el cual domina su mente y, por ende, todo
su ser.
Es
muy interesante escudriñar Jeremías
10.1-15 viéndolo en este sentido, como no podemos
dejarnos seducir por las doctrinas (Leño), por mucho
oro o plata (apariencia de santidad) que las recubran, pues
como dice literalmente "porque
mentirosa es su obra de fundición, y no hay espíritu
en ella".
Si
confiamos plenamente en una religión, alimentándonos
exclusivamente de sus doctrinas, nos estaremos haciendo a su
imagen, conforme a su semejanza. Si, por el contrario, si
acudimos a Cristo como único Salvador, comiendo de Su
Cuerpo y siendo lavados nuestros pecados en Su Sangre,
haciendo presente en nuestra vida Su Palabra, estaremos
ofreciéndonos en matrimonio a nuestro esposo, el
único y verdadero que nos ama tanto como para ofrecer
Su Vida para que nosotros vivamos siempre junto a Él,
en la Eternidad.
Pablo
hace referencia la situación espiritual en la que nos
encontrábamos antes de recibir al Señor:
"Sabéis
que cuando erais gentiles, se os extraviaba
llevándoos, como se os llevaba, a los ídolos
mudos." (1ª de Corintios 12.2).
Ahora ya no somos gentiles, sino Judíos, Pueblo de
Dios. Antes, cuando formábamos parte de las
religiones, no podíamos gozar de una relación
con Dios, era imposible, pues éstas están
mudas, sus doctrinas no hablan, no se comunican con Dios.
Ahora, si hemos aceptado el Camino que Cristo nos abrió
a través de su carne (Hebreos
10.20), no podemos volver a esta dinámica y
debemos establecer esta relación por la que ya no
seremos más extranjeros sino hijos de Dios.
Si
confiamos plenamente en una religión, alimentándonos
exclusivamente de sus doctrinas, nos estaremos haciendo a su
imagen, conforme a su semejanza. Si, por el contrario, si
acudimos a Cristo como único Salvador, comiendo de Su
Cuerpo y siendo lavados nuestros pecados en Su Sangre,
haciendo presente en nuestra vida Su Palabra, estaremos
ofreciéndonos en matrimonio a nuestro esposo, el
único y verdadero que nos ama tanto como para ofrecer
Su Vida para que nosotros vivamos siempre junto a Él,
en la Eternidad.
Pablo
hace referencia la situación espiritual en la que nos
encontrábamos antes de recibir al Señor:
"Sabéis que cuando erais
gentiles, se os extraviaba llevándoos, como se os
llevaba, a los ídolos mudos." (1ª
de Corintios 12.2). Ahora ya no somos gentiles, sino Judíos,
Pueblo de Dios. Antes, cuando formábamos parte de las
religiones, no podíamos gozar de una relación
con Dios, era imposible, pues éstas están
mudas, sus doctrinas no hablan, no se comunican con Dios.
Ahora, si hemos aceptado el Camino que Cristo nos abrió
a través de su carne (Hebreos 10.20), no podemos
volver a esta dinámica y debemos establecer esta
relación por la que ya no seremos más
extranjeros sino hijos de Dios.
Él
ya no nos abandonará, pero si existe la posibilidad
de que nosotros le seamos infieles, por lo que Dios nos
marca que para que esto no ocurra, tenemos que ser fieles en
sus Mandamientos y Decretos. La Ley, la perfecta Ley de
Dios, se cumple plenamente en Cristo, el único que no
cayó en el pecado. Nosotros, por él, la
cumplimos. Toda la Ley tiene su cumplimiento en el Mesías
y nosotros si permanecemos en Él, en Su Amor, ya no
habrá temor de que otro amante nos seduzca de nuevo,
aunque lo intentará, tentándonos de mil y una
manera.
Respecto
a este última cuestión, que tiene su
importancia en los tres aspectos analizados, me gustaría
incluir un texto de Santiago que nos habla sobre la
tentación y el pecado:
"Cuando
alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios;
porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él
tienta a nadie; sino que cada uno es tentado,
cuando de su propia concupiscencia es atraído y
seducido. Entonces la concupiscencia, después
que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo
consumado, da a luz la muerte." (Santiago
1.13-15)
Establece
3 fases o estadios en la artimaña de Satanás
para intentar recuperarnos:
La
Tentación es una atracción y seducción
que no es de Dios.
Se
caerá en Pecado cuando a esa tentación la
dejamos entrar en nuestra mente, concibiendo ya un proyecto
que es de Satanás.
Cuando
ese proyecto se lleva a efecto, ya se produce la muerte
espiritual.
Parece
que a los que hemos conocido a Dios, esto no les puede nunca
suceder, pero les aseguro que Satanás es mucho más
astuto que todos nosotros juntos y que nos conoce mejor que
nadie y sabe de nuestros puntos débiles. Por esta
razón, cuando sientan la más mínima
tentación o se les plantee la más mínima
cuestión, primero, acudan a las Escrituras para
verificar si se ajusta a la Voluntad de Dios o a algún
hermano que les ayude a verificarlo. Si esto no se ajusta al
Señor, desénchelo y repréndanlo en el
nombre del Señor, aunque su mente le diga lo
contrario, pues Satanás intentará de todas
maneras hacernos ver que los demás están
equivocados y nosotros somos los que tenemos la razón.
Si ya ha habitado en nosotros ese proyecto de actuación
que no es de Dios, si algún hermano viene a "lavarle
los pies" en el nombre del Señor o toda la
Iglesia, no sean testarudos en su propia opinión,
para que ese proyecto no llegue a cumplirse, para que
Satanás no venza al Señor y volvamos a la
situación anterior.
Si
no hacemos caso a las advertencias del Señor,
entonces nos ocurrirá lo siguiente:
"No
te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque
yo soy YHWH tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de
los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta
generación de los que me aborrecen"
Si
por el contrario hacemos presente en nuestra vida el
Evangelio del Mesías, el Señor nos premiará
con el galardón de la Vida Eterna:
"y
hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan
mis mandamientos"
En
conclusión: Todo aquel que no enseñe a
respetar la voluntad de Dios manifestada en sus
mandamientos, sin exclusión de ninguno de ellos, es
un falso profeta de Dios y como acaba este segundo
mandamiento, será maldito, pues Dios lo visitará
por su maldad al no amar y guardar sus mandamientos y está
impidiendo que sus hijos se salven y conozcan la
Misericordia concedida a los que lo aman y cumplen sus
mandamientos.
Por
el contrario, si seguimos al Señor y cumplimos el
Mandamiento de Amor y así lo enseñamos a
nuestros hijos, físicos y espirituales, estaremos
ofreciéndoles el Camino de la Eternidad, el Agua de
Vida que nos saciará para siempre.
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