LA SAL DEL MUNDO

La Sal ha tenido una importancia histórica para el desarrollo de la humanidad desde tiempos primitivos. En las épocas de calor servía para conservar los alimentos y que estos no se pudrieran. Asimismo, también se la utilizaba como moneda de pago (de ahí viene la palabra "salario") o cómo medio de ratificación de un pacto, además de sus propiedades para teñir y blanquear tejidos y en la preparación de cueros y pieles. Era un elemento imprescindible en la antigüedad y, es por esto, que Dios lo utiliza para simbolizar la importancia de nuestra misión en este mundo.

Dijo el Señor a sus discípulos "Vosotros sois la sal de la tierra..." (Mateo 5.13). La tierra representa el alma del hombre que busca a Cristo, Tierra Prometida y Santa para el hombre de Dios, que debe prepararla, sembrarla, regarla y cosechar su fruto. La sal es el Amor de Dios, el Evangelio Eterno que todo discípulo debe anunciar en el mundo para que, los que sean de Dios, puedan conocerle. Continúa la cita de Mateo: "...pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres". Esta frase es semejante a lo que Pablo nos advierte sobre lo que ocurre cuando nos quedamos con la apariencia, lo superficial, con la letra de la Palabra de Dios, y no nos centramos y predicamos con el Espíritu de Amor que es el Espíritu de Dios: "Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve." (1ª de Corintios 13.1-3).

Cristo, nuestro amado Señor, vino a este mundo de pecado, precisamente para vencerlo. El arma que utiliza Dios para este fin es el AMOR. Dios ama a Cristo sobre todas las cosas, pero es que también Dios, el Padre, también nos ama a nosotros: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna." (Juan 3.16). Dios quiere que los que sean de Él, aquellos que le buscan en Espíritu y en Verdad, los que fuimos escogidos en Él antes de la fundación del mundo, como dice Pablo en la carta de los Efesios 1.4, seamos partícipes de este AMOR con el que Él amó a Su Hijo Jesucristo. Por esto Dios tuvo que ofrecer en Sacrificio Santo y Eterno, a su Hijo unigénito para que el pecado que habita en cada uno de nosotros sea vencido gracias a este acto, no por méritos nuestros, sino por el Sacrificio del que no tenía pecado, del puro, sin mancha, del que no tenía necesidad de ser limpiado, para que como cordero perfecto, Su Sangre fuera derramada y entregada a la muerte, a Satanás, como sustituto perfecto de cada uno de nosotros. Sólo por AMOR se puede hacer algo así y Dios nos quiere tanto, te quiere tanto a ti, que entregó a Su Hijo para que puedas ser salvo.

Una vez que hemos aceptado en nuestro corazón a Cristo, a Su Evangelio, debemos ahora demostrar al mundo que ya no somos de él, que hemos vencido al pecado, a Satanás, y que ahora tenemos un nuevo orden espiritual en el que basarnos: "Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado." (Juan 15.12). Todo se reduce al AMOR.

Ahora me gustaría que trasladases el término AMOR a lo que dice el siguiente versículo, sustituyendo Sal por Amor: "¿No sabéis vosotros que YHWH Dios de Israel dio el reino a David sobre Israel para siempre, a él y a sus hijos, bajo pacto de sal?" (2ª de Crónicas 13.5). Dios pacta con cada uno de nosotros en los términos anteriores, no exigiéndonos ninguna cosa que no podamos hacer, sino que nos expresa Su Amor, y desea Su interés de reinar Él en nuestras vidas y no el pecado como hasta ahora. Quiere, por tanto, que rompamos el pacto carnal que tenemos con Satanás, gracias a nuestra carne, a nuestra mente que juzga lo que es bueno o malo para ella y nos ofrece un Nuevo Pacto, este Espiritual, basado en el AMOR, deseando que escojamos tener vida junto con Él en la Eternidad.

En el mismo sentido espiritual veo el siguiente pasaje: "Y los hombres de la ciudad dijeron a Eliseo: He aquí, el lugar en donde está colocada esta ciudad es bueno, como mi señor ve; mas las aguas son malas, y la tierra es estéril. Entonces él dijo: Traedme una vasija nueva, y poned en ella sal. Y se la trajeron. Y saliendo él a los manantiales de las aguas, echó dentro la sal, y dijo: Así ha dicho YHWH: Yo sané estas aguas, y no habrá más en ellas muerte ni enfermedad. Y fueron sanas las aguas hasta hoy, conforme a la palabra que habló Eliseo." (2ª de Reyes 2.19-22). Gracias al Bautismo de arrepentimiento de pecados, el Bautismo de Agua, Agua sanadora gracias al AMOR (la Sal), hacemos presente el Perdón que nos promete Dios, pues nuestra alma no puede por sus propios méritos alcanzar a Dios fruto de su esterilidad. Así ya la muerte no tiene parte con nosotros, sino que este nuevo hombre espiritual, nacido a imagen y semejanza de Dios, que habita en nuestra alma viva, como vasija nueva, dispuesta a recibir en él la Palabra de Vida que representa el Agua Salada, es decir el EVANGELIO DE AMOR.

Pero acudiendo de nuevo al sentido de pacto, tenemos que acordarnos de las Palabras que pronunció Dios a Noé: "Y dijo Dios: Esta es la señal del pacto que yo establezco entre mí y vosotros y todo ser viviente que está con vosotros, por siglos perpetuos: Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mí y la tierra." (Génesis 9.12-13). Aquí se produce un fenómeno en el que concurre el AGUA y La LUZ, pues el arco iris se produce de forma natural cuando la luz solar atraviesa la lluvia, desfragmentándose en 7 colores. Ya hemos visto que el Agua salada por el Amor de Dios es símbolo de la renovación espiritual, pero ¿qué representa la Luz?. Por un lado, dice el Señor, justo en el versículo siguiente al que nos ha servido de introducción para este artículo, Mateo 5.14: "Vosotros sois la LUZ del mundo". Cristo dice: "Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo" (Juan 9.5). La Luz, igual que la Sal es símbolo del AMOR. DIOS ES AMOR, y al final de los tiempos, cuando no haya necesidad de Fe ni de Esperanza, porque ya estemos formando parte de Él, permanecerá el AMOR. Al igual que la luz solar transforma una simple gota de agua en un maravilloso juego de colores, Cristo, Luz del mundo, transforma a nuestro ser, gracias al arrepentimiento de nuestros pecados y al Sacrificio Eterno de Su Cuerpo, en cuerpo de Cristo, siendo llenos del Espíritu de Dios, simbolizado por los siete colores del arco iris, que son las siete manifestaciones del Espíritu Santo: "Saldrá una vara del tronco de Isaí; un vástago retoñará de sus raíces y reposará sobre él el espíritu de YHWH: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de YHWH. Y le hará entender diligente en el temor de YHWH. No juzgará según la vista de sus ojos ni resolverá por lo que oigan sus oídos, sino que juzgará con justicia a los pobres y resolverá con equidad a favor de los mansos de la tierra. Herirá la tierra con la vara de su boca y con el espíritu de sus labios matará al impío. Y será la justicia cinto de sus caderas, y la fidelidad ceñirá su cintura." (Isaías 11.1-5).

Volviendo a la Sal, ésta tiene una doble cara, ya que, como hemos visto, en la cantidad justa, la Sal purifica, es buena para el hombre. Sin embargo, el exceso de sal produce el efecto contrario. En este caso, obviamente, no se refiere al exceso de Amor sino al Juicio de Dios. Esto me recuerda al 2º Mandamiento de la Ley que expresa lo siguiente: "...porque yo soy YHWH tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos" (Exodo 20.5-6). Por un lado tenemos la Misericordia de Dios para aquellos que cumple sus mandamientos, tal y como hemos visto con anterioridad y, por otro lado, la parte contraria, la ira de Dios para los que no cumplen Su Voluntad. Sobre ellos será el llanto y el crujir de dientes que dice la Palabra, porque dice el Señor: "...porque en mi ira te castigué, mas en mi buena voluntad tendré de ti misericordia" (Isaías 60.10).

Desgraciadamente para el Señor no valen medias tintas, o se está con Él o contra Él y sólo a los que hacen presente Su Amor les ofrece la posibilidad de ser hechos Sus Hijos, sus amigos, según podemos ver en Juan 1.14.

El mismo Señor de nuevo nos dice lo siguiente: "Buena es la sal; mas si la sal se hace insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros mismos; y tened paz los unos con los otros" (Marcos 9.50). Aquí encontramos otra posibilidad, que la Sal se haga insípida, es decir, que falte el Amor. Recordemos lo que hemos leído unos párrafos arriba; si no tengo Amor, nada soy. Siempre debemos tener presente la base de nuestra Fe; le pido a Dios que nunca me canse de repetirlo y recordarlo: Que Cristo me ha amado a mí, que ha entregado Su Vida por el perdón de mis pecados y que, gracias a Él, tengo Vida Eterna. Si permanezco en ese Amor y lo tengo presente, en consecuencia, tendré Amor hacia mis semejantes y les podré predicar el Evangelio de Salvación, para que ellos vean en mí el Amor de Dios. Esa es la paz a la que se refiere Cristo, pues donde hay Paz, existe descanso: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas" (Mateo 11.28-29). La falta de "Sal" también la podemos encontrar en los que habiendo conocido y saboreado el Amor del Señor, ahora comiencen a alimentarse de otra fuente que no sea la Palabra o, renieguen directamente de la Fe. A estos hay que recordarles, siempre en actitud de servicio, lavándoles los pies, tal y como nos mostró el mismo Cristo (Juan 13.1-20), su desviación del Evangelio, para que recapaciten en su actitud y vuelvan al Camino recto.

Paradójicamente, en el versículo anterior al que le ha servido al Señor para explicar la falta de Amor, dice lo siguiente: "Porque todos serán salados con fuego..." (Marcos 9.49). De nuevo nos recuerda que para poder ser hecho uno de sus Hijos, debemos morir al pecado, naciendo de nuevo, es decir, purificados por Él, siendo pasados por Fuego, pues dice Hebreos 12.29 que "Dios es fuego consumidor". Si no nacemos de nuevo no veremos el Reino de los cielos, por lo que nunca seremos partícipes del Amor y protección de Dios.

Pero el Señor ahonda más todavía en lo que desea de nosotros y continúa el versículo: "...y todo sacrificio será salado con sal". Una vez que hemos aceptado al Señor, a Su Evangelio, ya sabemos que debemos cumplir Sus Mandamientos para hacer presente la Misericordia de Dios en nosotros. El Mandamiento por excelencia ya lo hemos relatado anteriormente: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Pero el Señor nos habla de "sacrificio". Este es un término asociado en toda la Palabra a Sacerdote. Cristo mismo es el Sumo Sacerdote que ofrece Su Vida para el perdón de los pecados (Hebreos 8). Justo por esto mismo, Cristo vino a romper, espiritualmente, con el sistema de sacerdocio que imperaba según la letra de la Ley, el levítico. Ahora viene a instituir un nuevo sacerdocio, no ya basado en sacrificios de sangre animal, sino en uno nuevo de Su Carne y Su Sangre, de una vez para siempre. Nosotros ahora, como sacerdotes de este Nuevo Pacto, nos pide el Señor que actuemos con Su Amor, con Su Sal. Pero, ¿qué debemos sacrificar?, ¿Cristo no se ha ofrecido ya en Sacrificio?. Pues la respuesta la encontramos, como hemos visto en varias ocasiones en este artículo, en la continuación del mandamiento: Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. (Juan 15.13). ¿Quiénes son sus amigos?, la respuesta, el versículo siguiente: Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando, es decir, los que permanecen en Su Amor. El Señor nos pide que ofrezcamos nuestra VIDA, nuestro nuevo hombre, para que así seamos partícipes en la Obra del Señor: "vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo." (1ª de Pedro 2.5). No quiero extenderme en este tema, pues ya está tratado en la sección Sacerdocio.

He recopilado dos ejemplos que vistos en este sentido espiritual, corroboran lo que Dios desea de nosotros: "Y sazonarás con sal toda ofrenda que presentes, y no harás que falte jamás de tu ofrenda la sal del pacto de tu Dios; en toda ofrenda tuya ofrecerás sal." (Levítico 2.13). "Todas las ofrendas elevadas de las cosas santas, que los hijos de Israel ofrecieren a YHWH, las he dado para ti, y para tus hijos y para tus hijas contigo, por estatuto perpetuo; pacto de sal perpetuo es delante de YHWH para ti y para tu descendencia contigo." (Números 18.19) referido a los Sacerdotes.

Para terminar me gustaría recalcar la misión que Cristo quiere de nosotros: Vosotros sois la Sal de la tierra y la Luz del mundo. Nosotros somos el fruto del AMOR DE DIOS en la tierra, por lo que nuestro actuar siempre ha de ser consecuente con Él, tal y como nos dice Pablo: "Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo. Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno." (Colosenses 4.5)