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Existe una gran discusión, científica sobre todo, sobre la autenticidad de la llamada "Sábana Santa" o sea, el sudario y lienzos que cubrieron el cuerpo de Cristo mientras estuvo muerto, dentro del sepulcro, tal y como cuentan las Sagradas Escrituras. Mientras que la "Iglesia Católica", depositaria de esta reliquia, nunca ha dudado de su autenticidad, aunque no exista un comunicado público y oficial de la Santa Sede al respecto, si que ha permitido que una horda de científicos de todo el mundo, independientemente de sus creencias religiosas, examinen este sudario para comprobar su veracidad. Desde que en 1898, cuando se realiza la primera fotografía de la "Sábana", hasta nuestros días, se han realizado innumerables pruebas científicas (carbono 14, radiografías, estudios médicos - anatómicos y fisiológicos, etc...) con la intención de demostrar su autenticidad. Todas las pruebas científicas practicadas durante todo este tiempo, demuestran que la "Sábana Santa", no pudo ser hecha por hombre alguno, según la ciencia del momento, y que las telas tienen una antigüedad y procedencia que atestigua su veracidad, demostrándolo con nuevas pruebas, pues el incendio que sufrió en el siglo XVI, produjo una alteración natural que rejuvenece la tela a efectos de la prueba del Carbono 14. Este efecto rejuvenecedor también se produce por la misma reacción que produjo la impresión de la imagen en la tela. Con todo esto, mi intención no es la de realizar un artículo que entre en la polémica sobre la autenticidad de esta reliquia, sino el de ir un poco más allá, en el sentido espiritual que se desprende del Sudario y Lienzos de Cristo. En primer lugar, volviendo a las pruebas científicas que demuestran su origen, encontramos que la impresión de la imagen de Cristo se debió producir por efecto de una irradiación de protones de átomos de deuterio, presentes en toda materia orgánica. Pero, ¿por qué la importancia de tanto dato científico?, pues bien, mi intención es demostrar que la impresión de la imagen de Cristo no fue realizada por una técnica sobrehumana o divina, sin explicación para la ciencia, sino por una reacción química, propia de este mundo. No quiero decir que ésta se produzca regularmente, todo lo contrario, seguramente será el único caso que se haya producido en la historia de la humanidad. Pero tratándose del Hijo de Dios, de una imagen del mismo Dios hecho hombre, la cuestión es demasiado importante y debemos tratarla de ver con la Escritura. Ya sabemos lo que dice Dios respecto a las imágenes: "No harás para ti escultura, ni imagen alguna de cosa que está arriba en los cielos, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas ni las servirás; porque yo soy YHWH tu Dios...." (Deuteronomio 5.8-10). La pregunta entonces sería la siguiente: ¿se va a contradecir Dios a si mismo fabricando una imagen del Hijo?. Si vemos lo que dicen los Evangelios sobre la Resurrección de Cristo, de cómo encontraron la tumba vacía (Mateo 28.1–10; Marcos 16.1–8; Lucas 24.1–12; Juan 20.1-10), no prestan al sudario y lienzos la debida atención que, se supone debería tener, pues no eran unas telas cualquiera, ya que contenían la imagen del Cristo, del Mesías, pues, efectivamente, había resucitado, y eso era lo verdaderamente importante. Los lienzos y el sudario deberían permanecer en la tumba para corroborar la propia Resurrección, pues si el cuerpo hubiera sido sacado, se lo hubieran llevado envuelto en su mortaja. Sin embargo, vemos que los Evangelistas "pasan de puntillas" sobre esta cuestión. Hablan de las telas, pero no de la imagen que contienen y aquí está el quid de la cuestión. El mismo Cristo dice: "Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días" (Marcos 8.31). ¿Por qué debía permanecer muerto tres días?. La respuesta la encontramos en la propia tradición judaica, pues ellos consideran que una persona está verdaderamente muerta una vez que han pasado tres días desde su fallecimiento. ¿Qué sucede en esos días en los que el Señor está muerto?, ¿dónde permanece el alma de Cristo?. La respuesta de nuevo la tenemos en las Escrituras: "David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido. Por lo cual mi corazón se alegró y se gozó mi lengua, y aun mi carne descansará en esperanza, porque no dejarás mi alma en el Hades ni permitirás que tu Santo vea corrupción." (Hechos 2.25-27) o "viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades ni su carne vio corrupción." (Hechos 2.31). Por tanto, durante esos tres días, su alma permaneció en el reino de la muerte por cuanto le era necesario padecer la muerte para darle sentido al Sacrificio que Él hizo para el perdón de nuestros pecados: "Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre." (Hebreos 2.14-15) Cuando el Padre le resucita, es cuando la muerte es vencida y destruida. Pero volvamos al periodo de tiempo que nos ocupa, el comprendido entre su muerte en la Cruz y el instante justo en el que resucita. Ya hemos visto que Jesús permanece en el Hades, el Seol, es decir, en el principado de Satanás. Pues bien, durante este tiempo tiene el alma de Cristo en su poder para pagar el justo precio por nuestros pecados. También posee su cuerpo, que continúa en la tumba, muerto, y es ahí donde quiero llegar: es el mismo Satanás el que realiza la impresión de la imagen de Cristo, de su cuerpo carnal, ya que no tendría sentido que fuese por obra de Dios, pues Dios no se contradice y esto, de forma categórica, es una imagen, por lo tanto contraria al Segundo Mandamiento de la Ley de Dios. Recordemos que el mismo Satanás tiene poder para esto y para más: "Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos" (Mateo 24.24) o en 2ª de Tesalonicenses 2.9. Nosotros, si tenemos fe, no tenemos necesidad de creer gracias a demostraciones científicas, ni por imágenes ni por pruebas demostrables y tangibles, como es este caso, "porque por fe andamos, no por vista" (2ª de Corintios 5.7). Nosotros creemos que Cristo ha resucitado y nos ha rescatado de nuestra esclavitud del pecado, exclusivamente por Gracia de su Espíritu, para que no podamos loarnos a nosotros mismos sino sólo a Nuestro Salvador: "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe." (Efesios 2.8-9). Si alguien cree en Cristo, no por fe, sino porque lo demuestra la "Sábana Santa", el demonio podría gloriarse y decirle al Creador: creen en ti gracias a mí. No seamos como Tomás: "Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. El les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré..." (Juan 20.25). No le pidamos pruebas a Dios de su Omnipotencia y Resurrección. Seamos creyentes y creamos sin ver para ser bendecidos por Él: "Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron." (Juan 20.29). Sin embargo, el no ver físicamente, ni racionalmente, no implica el ver espiritualmente. Meditemos el siguiente pasaje: "Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero." (Juan 6.40). Tenemos que ver con los ojos de la fe, del Espíritu, para poder comprender la Palabra de Dios, creer en ella, utilizarla como la luz que ilumina nuestro caminar, cambiar nuestros ojos físicos e intelectuales por unos ojos que nos permitan ver a Dios, a su Imagen, que no es otra que el Evangelio: "Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios. Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios." (2ª de Corintios 4.2-4). En resumen, un cristiano no debe preocuparse de si la "Sábana Santa" contiene la imagen del Cristo muerto físico, nosotros creemos que Él dio su vida para salvarnos y que el Padre le resucitó y, junto a Él, reinaremos por toda la eternidad: "Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo." (Romanos 10.8-9). Gloria a ti Señor Jesús.
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