JESÚS: REY Y SACERDOTE

Todos aquellos que se han leído el Nuevo Testamento conocerán que Jesús, el Mesías, es afirmado como Rey y Sumo Sacerdote de un NUEVO ORDEN, no ya físico, sino espiritual. Él afirma que su reino no es de este mundo: "Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí" (Juan 18.36). Nos habla de un reino espiritual, celestial, en el que están incluidos todos aquellos que han lavado sus ropas en la Sangre del Cordero pascual, aceptando el Sacrificio, de una vez para siempre, que ofreció por el perdón de nuestros pecados. Este es el Evangelio Eterno, la promesa de un reino que no se ve, pero que se ha de disfrutar para siempre, en la Eternidad y para la Eternidad. Este reino debe ser aceptado aquí, en el mundo, para que se pueda disfrutar en otro y, por esta causa, precisamente, fue enviado el Señor, para comenzar a disfrutar aquí, cuando recibimos el Espíritu de Verdad, siendo sus hijos y mostrando nuestro rechazo a nuestra antigua forma de vivir y de pensar, para ser engendrados en un nuevo régimen, no de la letra, sino del Espíritu, pues si perseveramos con firmeza en Él, seremos salvos (Mateo 24.13)

Nuestro Señor, como hemos visto, es, en primer lugar, establecido como Rey: "Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel." (1ª de Juan 4.49), o en Lucas 23.3 "¿Eres tú el Rey de los judíos? Y respondiéndole él, dijo: Tú lo dices.".

El Salmo 132 es significativo en este aspecto, pues ofrece la promesa a David de que de su descendencia saldría el Mesías: "pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono" (Hechos 2.30). Dios establece un juramento, un pacto, basado en la fe en la promesa que mostró David y en su Amor hacia su Creador. "sobre David y sobre su descendencia, y sobre su casa y sobre su trono, habrá perpetuamente paz de parte de YHWH." (1ª de Reyes 2.33)

Pero, ¿por qué de David?, ¿Por qué de la descendencia de Judá?, ¿No era el primogénito Rubén, pues Judá era el cuarto hijo de Jacob?.

La respuesta nos la ofrece el mismo Jacob en la profecía acerca de sus hijos. Cuando se refiere a él dice: "Rubén, tú eres mi primogénito, mi fortaleza, y el principio de mi vigor; Principal en dignidad, principal en poder. Impetuoso como las aguas, no serás el principal, Por cuanto subiste al lecho de tu padre; Entonces te envileciste, subiendo a mi estrado" (Génesis 49.3-4). Rubén cometió una afrenta contra su padre, al dormir con Bilha, su concubina (Génesis 35.22). Esta actitud tiene una importante consideración; primeramente el Señor nos quiere hacer ver que su reino no va a serlo según la ley, es decir, basado en la descendencia física, pues rompe con esto al rechazar la primogenitura física de Rubén, ya que todo aquel que crea y cumpla Sus Mandamientos, independientemente de su naturaleza o raza, será engendrado como hijo, es decir, en la Fe de Abraham, Isaac y Jacob. En segundo lugar, hemos de analizar la naturaleza de su pecado: Como vemos éste consistió en la usurpación de funciones de su padre. Rubén quiere adquirir la Sabiduría de Dios o Su Bendición por la fuerza y Dios confirma que todo será por Fe: "No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho YHWH de los ejércitos" (Zacarías 4.6). Con esta actuación los "Rubén" de este mundo se hacen dioses, juzgando, según su parecer, lo que Dios hace, acomodando su modo de pensar y actuar a lo que dicte la mente carnal y no a lo que muestre la Palabra (Voluntad) de Dios.

Una vez invalidada la primogenitura de Rubén, tenemos otros dos hermanos por delante de Judá: Simeón y Leví. De ellos dice Jacob: "Simeón y Leví son hermanos; Armas de iniquidad sus armas. En su consejo no entre mi alma, Ni mi espíritu se junte en su compañía. Porque en su furor mataron hombres, Y en su temeridad desjarretaron toros. Maldito su furor, que fue fiero; Y su ira, que fue dura. Yo los apartaré en Jacob, Y los esparciré en Israel." (Génesis 49.5-7). Su pecado está relatado en Génesis 34: Dina, su hermana, fue deshonrada por Siquem heveo. El alma de éste se apegó a Dina. Convenció a su padre para que hablase con Jacob para que se la diera por mujer. Los hermanos de Dina escucharon la propuesta, pero fueron hipócritas a la hora de responderle, pues le propusieron que le darían a Dina por esposa con la condición de que se circuncidara todo varón, para ser como ellos. Accedieron y así lo propusieron al pueblo. Pero Simeón y Leví, entraron con espada para matar a todos los heveos ya circuncidados y se llevaron a Dina con ellos. Esta actuación desagradó especialmente a Jacob y así lo establece en su profecía, como antes hemos leído.

Esta situación tiene un trasfondo espiritual muy importante: Siquem, que significa parte o porción, conoce a Dina, que quiere decir juicio. Este Siquem, habitante del mundo, quiere tener parte con Dios y lo que primero conoce es el juicio, es decir, la Ley, la letra de la Palabra. Sin embargo, los guardianes de la Ley, la religión judía o, mejor dicho, levítica, no desea admitir a extranjeros a no ser que se circunciden. Éstos admiten la circuncisión, pero no la circuncisión que la religión efectúa, según el régimen de la letra, sino la espiritual, la del corazón: "Circuncidaos a YHWH, y quitad el prepucio de vuestro corazón" (Jeremías 4.4). Esta es la del Nuevo Pacto, la circuncisión del Mesías. Efesios 2.11-22. Pero los seguidores de la Ley, de la letra, no desean que uno acepte a Cristo como su Salvador, desean, influenciados por Satanás, seguir con el juicio, con las obras de la religión, para así matar lo que ha nacido en Cristo. Por esta misma circunstancia el Señor los desecha: "En su consejo no entre mi alma, Ni mi espíritu se junte en su compañía".

El próximo es Judá y de él dice Jacob: "Judá, te alabarán tus hermanos; Tu mano en la cerviz de tus enemigos; Los hijos de tu padre se inclinarán a ti. Cachorro de león, Judá; De la presa subiste, hijo mío. Se encorvó, se echó como león, Así como león viejo: ¿quién lo despertará? No será quitado el cetro de Judá, Ni el legislador de entre sus pies, Hasta que venga Siloh; Y a él se congregarán los pueblos. Atando a la vid su pollino, Y a la cepa el hijo de su asna, Lavó en el vino su vestido, Y en la sangre de uvas su manto. Sus ojos, rojos del vino, Y sus dientes blancos de la leche." (Génesis 49.8-12).

Aquí claramente está prefigurado Jesucristo, El Mesías, Yahshua:

  • Los pueblos le alabarán: "Haré perpetua la memoria de tu nombre en todas las generaciones, Por lo cual te alabarán los pueblos eternamente y para siempre." (Salmo 45.17)

  • Los duros de cerviz serán los que rechazan Su Palabra y serán vencidos: "¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros." (Hechos 7.51)

  • Todos se inclinarán ante Él: "Terrible será YHWH contra ellos, porque destruirá a todos los dioses de la tierra, y desde sus lugares se inclinarán a él todas las tierras de las naciones." (Sofonías 2.11)

  • Él es el León de Judá: "He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos" (Apocalipsis 5.5)

  • Establece un reino para su descendencia, pues dice a David: "Y cuando tus días sean cumplidos para irte con tus padres, levantaré descendencia después de ti, a uno de entre tus hijos, y afirmaré su reino. El me edificará casa, y yo confirmaré su trono eternamente. Yo le seré por padre, y él me será por hijo; y no quitaré de él mi misericordia, como la quité de aquel que fue antes de ti; sino que lo confirmaré en mi casa y en mi reino eternamente, y su trono será firme para siempre." (1ª de Crónicas 17.11-14)

  • Siloh significa "descanso", el cual es el Sabath espiritual, el mismo Jesús (Mateo 11.29)

  • Los pueblos se congregarán a Él (Romanos 15.11-12)

  • Entró en Jerusalén sobre un pollino de asna (Mateo 21.1-11)

  • Nuestros pecados serán lavados en Su Sangre, "Y él me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero." (Apocalipsis 7.14) y Mateo 26.27-29

  • Sus ojos rojos como el vino: "sus ojos como llama de fuego" (Apocalipsis 1.14)

  • Los dientes blancos, como símbolo de limpieza (pureza) a la hora de tomar el alimento espiritual: "Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado la benignidad del Señor." (1ª de Pedro 2.1-3)

En Judá, o sea, en Jesús, se encuentra la primogenitura espiritual, la bendición y promesa de un nuevo Reino, basado en el Descanso y en la Paz. Esto hace que podamos encontrar en Él algo que no teníamos hasta ahora, que no habíamos recibido y es la comunicación con Dios. Precisamente, si formamos parte de su reino, a su vez, Dios ha establecido un nuevo orden sacerdotal, para que esta comunicación sea efectiva. Rompe con el viejo orden levítico para establecer otro: "Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo,....hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre." (Hebreos 7.1-3).

Es de gran importancia la lectura completa del capítulo 7 de Hebreos. Para entender la necesidad de establecer un Nuevo Sacerdocio, que no era sino el antiguo establecido por Dios y que reconoció Abraham por la Fe.

Pero dice este capítulo: "Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio." (Hebreos 7.14). Efectivamente, el Sacerdocio que establece la Ley de Dios, perfecta, es para los descendientes de Leví. Jesús, como sabemos es descendiente de David, de Judá, del Rey, pero no de Leví. Sin embargo eso no es así, pues la Palabra también nos aclara que Jesús fue descendiente, según la carne, de Leví:

Esta argumentación la encontramos en el Evangelio de Lucas: "Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías; su mujer era de las hijas de Aarón, y se llamaba Elisabet." (Lucas 1.5). Elisabet, la madre de Juan "el Bautista", era descendiente, según la carne, de Aarón, o sea, de la tribu de Leví. María, dice la Palabra que era pariente de ella: "Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez" (Lucas 1.36). Con esto quiero decir que María era de la tribu de Leví, pues el Diccionario de la Real Academia de la Lengua define Pariente: Se dice de cada uno de los ascendientes, descendientes y colaterales de su misma familia, ya sea por consanguinidad o afinidad, por lo que debían de tener, con toda seguridad, un abuelo en común.

Así Jesús, según la carne, era de la descendencia de David (Judá) por parte de José - Rey - y de Aarón (Leví) por parte materna - Sacerdote -. Esto nos confirma que el Señor es perfecto en todo y nos enseña que toda la Palabra es cumplida por Él y está escrita para Él.


Referencias Bíblicas:

"Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo, Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu." (Efesios 2.11-22)

"Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre." (Mateo 26.27-29)

"Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo, a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz; sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.

Considerad, pues, cuán grande era éste, a quien aun Abraham el patriarca dio diezmos del botín. Ciertamente los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque éstos también hayan salido de los lomos de Abraham. Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas. Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor. Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de que vive. Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos; porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro.

Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico(porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿qué necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley; y aquel de quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar. Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio.

Y esto es aun más manifiesto, si a semejanza de Melquisedec se levanta un sacerdote distinto, no constituido conforme a la ley del mandamiento acerca de la descendencia, sino según el poder de una vida indestructible. Pues se da testimonio de él:

Tú eres sacerdote para siempre,

Según el orden de Melquisedec.

Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia (pues nada perfeccionó la ley), y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios.

Y esto no fue hecho sin juramento; porque los otros ciertamente sin juramento fueron hechos sacerdotes; pero éste, con el juramento del que le dijo:

Juró el Señor, y no se arrepentirá:

Tú eres sacerdote para siempre,

Según el orden de Melquisedec.

Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto.

Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar; mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.

Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre." (Hebreos 7)