EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA

Cuando el Señor nos mostró cómo le agradaba al Padre que le orásemos, nos dijo que le pidiésemos el Pan de cada día: "El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy" (Mateo 6.11). Sabiendo que el Señor nos dijo que no nos ocupásemos de las cosas espirituales y que las materiales nos vendrían dadas por añadidura: "No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas." (Mateo 6.31-33), es obvio que el Señor no se refería a la comida que nos sustenta físicamente, sino a la que alimenta nuestro espíritu.

Esta comida espiritual debemos tomarla diariamente. No vale hartarnos una vez a la semana y ayunar los seis días restantes, ya que el espíritu, a semejanza del cuerpo, necesita tomar una dosis equilibrada de alimento cada día, para su sustento.

En este escrito vamos a ver cuál es nuestro sustento espiritual y cómo debemos tomarlo.

Lo primero que tenemos que tener claro es que nuestro pan de cada día es Cristo: "Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás." (Juan 6.35). Cristo es la Palabra de Dios, ya que, en el primer capítulo de Juan, se nos dice que el Verbo era Dios y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Por tanto, nuestra porción de Pan diaria es leer la Biblia para alimentar nuestro espíritu y que no desfallezca por falta de alimento: "No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. " (Mateo 4.4).

Sin embargo, muchas personas de buena voluntad, se esfuerzan en leer la Palabra pero no la comprenden. ¿Por qué sucede esto?. Ya hemos dicho que la Palabra de Dios es alimento para el espíritu, no para el cuerpo ni la mente. Si esta Palabra se pierde en el camino de la razón, la mente, esa persona se queda con la letra, pero no con el alimento del espíritu.

¿Cómo puede la Palabra de Dios perderse y no llegar a su destino, que es el espíritu del hombre?.

La Biblia nos explica que, cuando el hombre pecó, se produjo la ruptura entre él y Dios. Dios nos dio una esperanza, anunciándonos que su Hijo nos liberaría. Esta esperanza era el Antiguo Pacto o Antiguo Testamento, la realización de la promesa, Jesucristo, es el Nuevo Pacto. También se nos explica que Dios puso un "VELO" en el corazón del hombre, para que éste no conociera los misterios de Dios, hasta que se produjera la liberación de su espíritu por parte de Cristo: "Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado. Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos. Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará. Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad" (2ª de Corintios 3.14-17). A lo mejor, algún lector piensa que ya hace dos mil años que Cristo nos liberó. Tiene razón, pero mientras que un hombre no acepta el Evangelio de Cristo y siente que ha muerto al pecado en la Cruz junto con Cristo, sigue en la promesa de la liberación, ya que en él aún no se ha producido. Por tanto, en esa persona, el Velo del entendimiento de la Palabra sigue en su corazón. Mientras que ese Velo no sea rajado de arriba abajo, esa persona no se alimentará de la Palabra de Dios por mucho que la lea o estudie.

Con esto yo no quiero decir que no se lea la Palabra de Dios. Todo lo contrario. Dios ve en nuestros corazones y si observa que alguien le busca y lee su Palabra esperando conocerle, ya irá abriéndole el Velo y dándole el entendimiento necesario para comprenderla.

Normalmente cuando un hombre se encuentra en esa situación, Dios le envía un profeta suyo, alguien que ya comprende los misterios de Dios, puesto que Cristo ya ha roto el Velo de su corazón, para que le explique el sentido espiritual de su Palabra, su Evangelio, que en definitiva es el Sacrificio que Cristo hizo por salvarnos del pecado. Al fin y al cabo: "la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. " (Romanos 10.17).

A partir de que esa persona acepte a Cristo en su alma, su entendimiento se abrirá, ya que poseerá la mente de Cristo: "Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo" (1ª de Corintios 2.16) y ya no necesitará de nadie que le explique las Escrituras, sino que, por fin, estará capacitado para leer la Palabra, entendiéndola y alimentando su espíritu con: "El pan nuestro de cada día".

Alguien puede decir, yo he aceptado a Cristo en mi corazón, y sin embargo, sigo teniendo problemas para comprender su Palabra y dependo de otros para que me la expliquen, con lo que corro el riesgo de que a la vez que alimentan mi espíritu con Palabra de Dios, también introduzcan "levadura" en ese Pan, es decir, pensamientos propios de ese hombre y no de Dios.

Para que esto no te ocurra deberás tener una relación directa con Dios, pues: "Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él" (1ª de Juan 2.27), dejándose llevar por el Espíritu.

Poco a poco, mediante la lectura y la oración, pidiéndole Sabiduría para comprender Sus Misterios, el hombre de Dios va creciendo y entendiendo mejor la Palabra. Por supuesto, esto no es cuestión de un día. Hay que tener en cuenta que la Sabiduría depende de Dios, no de los hombres. A unos les da más y a otros menos, como explica en la parábola de los Talentos (Mateo 25.14 y ss), pero recuerda que al que pide se le da: "Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá" (Mateo 7.7). Si alguien no tiene Sabiduría para comprender la Palabra, debe pedirla al que la da, a Cristo, y no a otro hombre, para que andemos en libertad en Cristo, sabiendo que su Espíritu Santo nos llevará a toda verdad siempre que no dudemos: "Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad" (Juan 16.13).

Si has recibido a Cristo en tu corazón, no busques fuera lo que tienes dentro. Se valiente y escudriña las Escrituras en la confianza de que Dios, a sus amigos, siempre les responde: "Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer. No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé." (Juan 15.15-16).