EL NUEVO MANDAMIENTO O LA CONSTITUCIÓN DE UN PUEBLO DE SACERDOTES DEL DIOS ALTÍSIMO

Este escrito es una reflexión que conecta con el tema "El Sacerdocio" tratado anteriormente en esta web. En aquel, vimos que el Sumo Sacerdote es Cristo, quien destituye a los sacerdotes litúrgicos o de la Ley. Sin embargo, el Señor no quiere ser el único Sacerdote del Padre. Al igual que comparte su herencia, su Reino, con nosotros "Entonces el Rey dirá a los de su derecha: venid, bendito de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo" (Mateo 25.34), así también, nos constituye Sacerdotes del Dios Altísimo "y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios" (Apocalipsis 1.6).

Ya sabemos que el sacrificio de ofrecer su vida, muriendo en la cruz, para expiación de nuestros pecados, es un sacrificio único, por una sola vez, pero válido por toda la eternidad, realizado por nuestro Señor Jesucristo. Nadie podría, aunque quisiera, realizar este sacrificio excepto Él, el único que no tenía pecado, y es víctima pura e inocente, como ya vimos en el capítulo anteriormente citado.

Sin embargo, el Señor nos anima a ofrecer nuestra vida por los demás: "Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros." (Juan 13.34).

Y ¿quienes son los amigos por los que hemos de dar, ofrecer, sacrificar, nuestra vida?. En primer lugar, mi amigo, mi mejor amigo es, y debe ser, el Señor. Todo aquel que sea amigo de mi Señor, es también amigo mío. ¿Quién es amigo de mi Señor? "Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando" (Juan 15.13-14).

Por tanto, si el Señor manda que ofrezcamos nuestra vida por nuestros amigos, nuestros amigos son los suyos, y los suyos son los que obedecen y ofrecen a su vez su vida por sus amigos; en realidad, el Señor, con este mandamiento, está constituyéndonos Sacerdotes, ya que sólo un sacerdote puede ofrecer sacrificios.

Este sacrificio que ofrecemos por el Señor o por sus amigos, los nuestros, que también son sacerdotes, no lo hacemos para expiación de pecados, ya que está claro que ese sacrificio ya lo hizo Jesucristo; entonces, si nosotros y nuestros amigos ya hemos sido salvos por el sacrificio de Jesucristo, ¿por qué hemos sido ordenados sacerdotes por el Señor y revestidos de autoridad para ofrecer sacrificios? ¿qué tipo de sacrificio es el que vamos a ofrecer?

En todas las Escrituras, desde el Génesis al Apocalipsis, se observa que el hombre de Dios es Sacerdote. Abel ofrecía ovejas a YHWH, al igual que Abraham, Jacob, David y todos los que constituyeron en el Antiguo Testamento el pueblo de Dios. Sin embargo, estos sacrificios que simbolizan la muerte de Cristo (el Cordero) son derogados por Cristo, quien con su mandamiento instaura una nueva estirpe de Sacerdotes: los que sacrifican su propia vida por amor a Dios.

Los primeros cristianos realizaron este sacrificio también en sentido físico: cruz, lapidación o fieras, fueron algunos de los tormentos soportados con entereza para defender el Evangelio y sacrificar su vida mortal por el Señor y los amigos de Éste, entre los que está todo el que le obedece.

Sin embargo, el sentido de este nuevo sacrificio es, sustancialmente, espiritual. La Biblia nos dice que la vida es el alma. "El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará. Ahora mi alma está turbada. Y ¿qué voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto!" (Juan 12.25-27), así lo dice el propio Señor cuando anunciaba que iba a entregar su vida (alma) por nosotros.

Cuando Dios creó al hombre "sopló en su nariz aliento de vida y fue el hombre un ser viviente" (Génesis 2.7). Ese aliento de vida es espiritual, ya que antes había creado el resto de los seres vivos, el reino vegetal y animal, sin insuflarles ese alma, que hace al hombre un ser eminentemente espiritual, a imagen y semejanza de Dios.

Es nuestra vida espiritual, o alma, la que Jesús nos ordena por medio de este mandamiento nuevo ofrecer en sacrificio pacífico al Padre. Es el único mandamiento que Jesús nos da en todo el Nuevo Testamento. Los demás mandamientos ya fueron legislados por Dios Padre, en el Antiguo, recuerda si no que todo el Levítico está formado por leyes dadas por YHWH al pueblo de Israel y que los 10 mandamientos a los que Jesús se refiere en los Evangelios ya aparecen en Deuteronomio capítulo 5.

Este Nuevo Mandamiento no podía ser constituido mientras que los antiguos no fueran cumplidos y este cumplimiento sólo se realiza en la persona de Jesucristo. Una vez que Cristo cumple por nosotros la Ley, nos da una Nueva Ley, que sólo puede obedecer la persona que tenga esa alma espiritual purificada por la sangre de Cristo "Después les dijo: Estas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí. Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día" (Lucas 24.44-46) y fortalecida por el Espíritu Santo que Dios envía a sus amigos "Mirad, y voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre. Por vuestra parte permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de poder desde lo alto" (Lucas 24.49)

Por lo tanto mientras que una persona no recibe el Espíritu Santo en ella no puede cumplir el único mandamiento de Jesús. Sin embargo, todo el que cree en Cristo debe aspirar a recibir su Espíritu y ser constituido por el poder de lo alto Sacerdote de Dios, ya que Dios mora en él.

Te invito, querido lector a reflexionar en este mandamiento que no lleva ya, como los anteriores, los de la antigua Ley, amenaza de castigo o premio. Es un mandamiento para los que ya tienen el premio, el Espíritu Santo morando en ellos y la certeza de que son salvos por la Sangre de Cristo.

Cuando una persona, totalmente libre en Él, sabe que no depende de institución humana religiosa cualquiera, ni siquiera si el Espíritu lo recibió dentro de alguna, y que tiene una relación directa con Dios puede y debe, como amigo e hijo de Dios, cumplir este mandamiento.

¿Cómo lo hace?

Ya hemos dicho que la esencia es espiritual. Cada día, el cristiano, al despertar, ofrece su alma, su vida espiritual, a Dios, por una persona determinada, sabiendo que el Espíritu que mora en él llevará este sacrificio ante el centro del altar de Dios, que es el corazón del Padre, y donde el Fuego Purificador del Espíritu hará acepto este holocausto a Dios mismo.

Con este sacrificio hacemos que el corazón del Padre se abra derramando sus bendiciones a esa persona mientras que nosotros nos llevamos una parte pequeña de la carga espiritual de ella, haciendo en nosotros presente la palabra de Dios: "sobrellevad unos las cargas de los otros" (Gálatas 6.2). Sin embargo, sabemos que aunque con este sacrificio renunciamos a las bendiciones de Dios para dárselas a otro, pero Nuestro Señor cada día pone cada día su Alma por nosotros, con lo cual, también nosotros, cada día, recibimos la bendición del Padre, gracias a su Amado Hijo.

No pienses que esto es un rito. Cada día al unirte espiritualmente a una persona sacrificando tu alma por ella, sufrirás parte de cargas físicas o espirituales que ella tenga, librándola para que pueda recibir mejor los dones de Dios.

Voy a tratar de explicarlo mejor poniendo un ejemplo: si tu pones tu vida por una persona que está nerviosa, lo más probable es que ese día tú estés muy nervioso. Por esto es importante asegurarse de que la persona por la que se pone la vida es un cristiano como tú. Solamente te recomiendo poner la vida por alguien que no tenga el Espíritu de Dios si lo haces, precisamente, para que lo reciba. Pero debes saber que toda su suciedad te la llevas tú y debes estar muy fuerte para soportar esa carga y orarle al Señor para que te ayude a llevarla y te limpie y descargue pronto. Con esto quiero explicarte que este sacrificio es muy importante y debe realizarse siempre con pleno conocimiento de la responsabilidad que adquirimos al hacerlo.

También podemos ofrecer nuestra vida por Nuestro Señor. En este caso intentemos ayudarle descargándole un poquito del peso horrible que Él soporta por todos nuestros males. Un día me dijo un cristiano que el día que haya tantos cristianos ofreciendo su vida por el Señor como para poder llevar entre todos su carga, que es la nuestra, ese día vendría nuestro Señor a la tierra y con Él su Reino y su Resurrección.

Quiero acabar invitándote, querido lector, a que te unas a este pueblo libre, de Sacerdotes del Señor, a este Sacerdocio Santo, guiado por el Espíritu a toda verdad.

Que el Señor te guíe en este maravillosa obra que muchos profetas y reyes quisieron ver y que Dios nos la ha dado a los humildes para gloria suya.

Hasenay malaqui fatem, Kirie jalum fasair melek, Adonay, asenay malik batem.

Gloria al Dios vivo, Rey de Reyes, Señor de señores y Sacerdote para siempre