LA MUERTE

Aunque es un concepto claro para todos nosotros, sin embargo, he visto en el Señor, que es una cuestión delicada, sobre todo en lo relacionado con el fin de la existencia de los que hemos alcanzado el gozo de la Salvación para Vida Eterna, gracias al Sacrificio de Cristo. ¿Qué ocurrirá con nosotros?, ¿qué pasa con los que quedan?, ¿pueden los muertos ver y ayudar a los vivos?, ¿se puede orar por los ya muertos?. Son preguntas que intentaré responder, como siempre, de acuerdo con la Palabra de Dios, dejándonos llevar por Su Espíritu.

En primer lugar, me gustaría hacer una aclaración sobre el significado de la palabra muerte en las Escrituras; éstas hacen una distinción entre la primera y segunda muerte, pues en Apocalipsis 2.11, 20.6 y 14 y 21.8 se hace mención a la "segunda muerte".

Por lo tanto, existen 2 muertes.

  • La Primera o física, la que todos nosotros hemos de sufrir algún día, salvo que estemos presentes cuando el Señor venga, pues seremos arrebatados: "Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor" (1ª de Tesalonicenses 4.17)

  • La Segunda, espiritual, la que nos permitirá o no estar durante la eternidad en la presencia de Dios, es decir, la que no sufrirán aquellos que acepten el Sacrificio de Cristo, muriendo al viejo hombre y renaciendo en el Señor. En nosotros, si hemos aceptado esto y perseveramos en Su Camino, no existirá esta segunda muerte, pues no tendremos parte con Satanás y siempre, eternamente, estaremos junto al Señor: "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte." (Apocalipsis 2.11)

Pero, ¿qué ocurre con los que mueren físicamente?.

Si han permanecido en la "santidad" de Dios, ojo, entendido en el sentido espiritual de la palabra, en el Evangelio del Señor, y no en el sentido católico, que santifica a muertos, la mayoría, muertos en la segunda muerte, pues si son ascendidos a los altares, son porque han predicado y formado parte de las inmundicias y fornicaciones espirituales que se predican dentro de la mal llamada "iglesia" universal o católica. Bueno, volviendo al tema, si hemos perseverado en el Camino del Señor en nuestra vida, en la esperanza de la resurrección espiritual, ¿qué ocurre cuando morimos?, pues que la Eternidad ya se hace presente en nosotros ya que estamos sujetos a una dinámica de espacio y tiempo. Cuando esto acaba, cuando la vida física termina y el cuerpo muere, sólo quedan nuestra alma y espíritu, que al ser inmortales, acuden a la Presencia de Dios "Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio" (Hebreos 9.27). En este momento, como dice la Palabra, seremos partícipes del fin del mundo, del Juicio, de todo lo descrito en el Libro de Apocalipsis, pues en el Reino de Dios, es decir, en el Cielo espiritual, no existe el tiempo de nuestro mundo, sino que disfrutaremos de la Eternidad.

Sin embargo, la Palabra habla de los que duermen: "Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen" (1ª de Corintios 15.6). Existe otro versículo que lo aclara: Daniel 12.2 "Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua". Los que duermen son los que nos han dejado en la esperanza de la Salvación. Para nosotros duermen, pues no están muertos (en la segunda muerte), aunque ellos están ya gozando de la Vida Eterna, como antes expuse. Pero otros, los que si forman parte de la segunda muerte (la primera física y la segunda espiritual, por no haber aceptado a Cristo como Su Salvador), pasarán vergüenza y confusión perpetua.

Aquí hay que hacer una reflexión, y es que, efectivamente, toda la humanidad (pasada, actual y futura) ha de ser resucitada, pues si no, ¿cómo se concibe la idea de un Juicio de Dios?. Resumiendo, todos nosotros, sin excepción, hemos de pasar el Juicio de Dios. Lo que ocurre es que, si hemos dormido en la esperanza de que Cristo ha dado Su Vida por nosotros y, a su vez, que nosotros hemos vencido al pecado a causa de Su Sangre, tenemos la confianza de que, cuando el fiscal, Satanás, nos acuse en el Juicio de que pecamos desde nuestra niñez, haciendo tal cosa o tal otra, el Padre, el Juez Supremo, no tendrá más remedio que sentenciarnos a muerte, pues nuestra obras no merecen otro castigo, por causa de nuestra desobediencia. Pero contamos con la inestimable presencia de un abogado defensor, Cristo, el cual dirá.... No, amigo/a, no firmes tu sentencia, y pondrá Su Firma en lugar de la nuestra, cargando con la culpa de nuestro pecado, haciéndose reo de muerte, lo que cumplió con su crucifixión, librándonos del Hades, del Infierno, dándonos Vida, gracias a que venció a la muerte, a los que sin merecimiento la gozamos. Todo ello por AMOR, pues precisamente este es el objeto del Juicio: "Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió. De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida" (Juan 5.22-24)


Ese es el misterio de la Fe y la Esperanza en la Resurrección, pues dice la Palabra: "Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia." (Romanos 8.10). El significado de esta muerte es la clave para entender el Evangelio de Cristo, pues tenemos que entender que nosotros estábamos muertos por causa del pecado que moraba en nosotros y, gracias al Sangre de Cristo y a su Resurrección de entre los muertos, somos vivificados por gracia en Él. Tendremos vida eterna si perseveramos en Su Camino. Este es la clave de nuestra existencia en este mundo: poderle conocer y escoger la Salvación. "El justo en su muerte tiene esperanza" (Proverbios 14.32)

Otra cuestión importante es tratar de aclarar que debemos hacer nosotros, vivos todavía, con respecto a los muertos.

La Palabra aclara este punto en Lucas 16.19 y ss:

"Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos."

El Señor es especialmente claro al tratar el tema de la muerte: Por un lado, hace la gran diferencia entre los dos tipos de muerte:

  • Lázaro muere, pero es llevado a la Gloria de Dios, con Abraham, el Padre de la Fe, el cual representa la Fe en Cristo, por su actuación cuando Dios le ordenó ofrecerle en Sacrificio a su hijo y él accedió (muerte al pecado, es decir, superando la segunda muerte) y Dios tuvo Misericordia de él y en su lugar le proporcionó un carnero (Cristo) para ser Sacrificado en lugar de Isaac. Lázaro, el pobre, es el arquetipo del hombre de Dios, que se considera injusto, pecador y, sobre todo, que fue consciente en el mundo de no tener la protección de Dios sobre él, por lo tanto, le busca: "Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos." (Mateo 5.3). Esto se confirma en el significado etimológico de su nombre: Dios ha socorrido.

  • El Rico. Éste tuvo su consuelo en su riqueza (Lucas 6.24) y no aprovechó la oportunidad que tuvo en vida para arrepentirse de sus pecados. Fue salvo en su propio juicio y, por esta causa, no buscaba el reino de los cielos. A estos le dice Dios: a Moisés y a los profetas tienen... es decir, sigue la Palabra, el Evangelio de Dios, el cual es la única vía para acceder al reino de los cielos, donde se encontraba Lázaro.

El Señor hace una importante aseveración: Es imposible pasar del Infierno al Cielo, por lo que no tiene sentido que nosotros oremos por alguien ya muerto. Si está en el Cielo, en la presencia de Dios, no tiene sentido que oremos por él. Si está en el Infierno, no podemos hacer nada.

Además, el último versículo es de gran importancia: "Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos". Con esto nos quiere decir que es imposible que los muertos se levanten, que vuelvan a la vida física, por lo que no tiene sentido intentar comunicarse con los fallecidos, pues si están en la Gloria de Dios, no van a querer moverse de allí, ni nos van a servir de aliciente o empuje para que nosotros cambiemos nuestra forma de actuar en esta vida para acercarnos a Dios. Los casos que he tenido la oportunidad de comprobar, en mi experiencia en el Señor, de muertos que intentaban comunicarse con familiares, propiciaban que estas personas tuvieran la tentación de continuar la comunicación con ellos, a través de la oración, lo cual es totalmente doctrina de Satanás. Hemos de tener claro que no son nuestros familiares, ni santos, ni la "Virgen", los que se aparecen, sino potestades espirituales de Satanás, que se disfrazan tomando su apariencia. Éste tiene una función engañadora, pues es astuto, mucho más que nosotros, y nos buscará nuestro punto más débil para que flaqueemos y nos alejemos de Dios, aunque aparentemente no hagamos nada malo. Le pido a Dios que nunca nos dejemos engañar por sus artimañas para alejarnos del Camino.

Antes he dicho, que intentar comunicarse con los muertos, a través de la oración, es doctrina de Satanás. Me baso en las Escrituras, ya que el Evangelio de Salvación que nos ofrece Cristo, no es otra cosa que la aceptación de que no hay otro Camino ni mediador que Él, ni que pueda interceder en nuestro favor ante el Padre. Quien defienda otra cosa está predicando un evangelio distinto (Gálatas 1.8), y si no, ¿cómo podrá corroborar el siguiente pasaje?: "Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo. Para esto yo fui constituido predicador y apóstol (digo verdad en Cristo, no miento), y maestro de los gentiles en fe y verdad." (1ª de Timoteo 2.5-7). Pablo dio testimonio en su predicación de esta Verdad. Es más, la considera el pilar y el motivo de ser enviado para aclarar que sólo por Cristo se puede alcanzar la Salvación.

Vivimos en un mundo obsesionado por lo extraño, por lo sobrenatural en su sentido más deslumbrante y atrayente. Pero hay poca gente que esté dispuesta a creer sin grandes y aparatosas maravillas. La Fe es, precisamente, buscar la sencillez de la relación pura y de sometimiento a Dios, dando sentido a la Muerte y Resurrección de Cristo. "El temor de YHHW es manantial de vida para apartarse de los lazos de la muerte." (Proverbios 14.27)