LA MISERICORDIA DEL SEÑOR

Vivimos tiempos difíciles, donde ni siquiera los valores morales tradicionales de la sociedad rigen su actuación, permitiendo que unos nuevos valores pseudo éticos dirijan las mentes y la actuación de los hombres de hoy en día. Me refiero con todo esto, no sólo al respeto, sino a la bendición, no sólo de la sociedad laica sino de parte de los sectores religiosos, hacia problemas sociales, como la drogadicción, homosexualidad, prostitución... todo ello justificado por una frase "mágica": La Misericordia de Dios.

Entiendo que este importante término está mal entendido y, muchas veces, usado en una extensión que en nada tiene que ver con su inicial y válido sentido bíblico y espiritual. Si nos consideramos seguidores de Dios y de Su Evangelio tenemos que conocer este sentido y aplicarlo como Él desea.

Para comenzar me gustaría que nos detuviésemos en el siguiente pasaje bíblico:

"Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna. Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres." (Tito 3.4-8)

Aquí está hablando claramente del mensaje de Salvación de Nuestro Señor; de la doctrina de Bautismo de arrepentimiento de pecados y del nacimiento de nuevo. Este es el Evangelio de Cristo el cual se resume en el Amor; pues Dios Padre envió a Su Hijo Jesucristo para que gracias a Él todo aquel que en Él crea sea salvo (Juan 3.16). Porque Él entregó su vida por nosotros, sin tener necesidad de hacerlo, pues era el único sin pecado, el único que no tenía que pagar con la muerte, pero en su inmenso Amor por nosotros, se entregó para que todo aquel que hiciere presente Su Sacrificio pudiera tener justificación de sus pecados, resucitando como Él en el día postrero.

Todo se resume en el Amor, en la Misericordia de Dios hacia con nosotros, pues Él tiene Misericordia en cuanto nosotros aceptemos el Mensaje de Salvación de Cristo. "Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna." (Judas 20-21)

El Espíritu llevo a Santiago a hacer el siguiente juego de palabras: "Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio" (Santiago 2.13). Hay que recordar que todos nosotros hemos de pasar por el Juicio ante Dios, según aparece en Apocalipsis 20.11 y ss. Por lo que parece que la Misericordia de Dios es una parte imprescindible en él, pues ésta hace triunfar, es decir, salir indemne al que la trae, entrando a la presencia de Dios para la eternidad. Sin embargo, al que no la hiciere, es decir, aquel que no hiciere presente el Evangelio de Salvación de Cristo en su corazón, no podrá alegarla en su defensa, siendo juzgado por sus obras, y no teniendo a Cristo como abogado defensor: "Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió" (Juan 5.22-23).

Por esta circunstancia es tan importante conseguirla, pues sin ella nuestra vida no tiene sentido. Hay que recordar que estamos aquí para encontrarla, pues por más que digan los incrédulos que no hay nada después de la muerte, sin embargo, Dios nos dice que sí y nos exhorta a que hagamos lo posible para que los habitantes de este mundo de pecado la conozcan.

Así continúa Judas diciendo:

"A algunos que dudan, convencedlos."

Predicad el Evangelio de Salvación a los que dudan de la Existencia de Dios. El problema llegará si no se entregan a Cristo, pues se llevarán una nefasta sorpresa. Se encontrarán cara a cara con Su Creador y éste les dirá que por qué no hicieron caso de la persona que Él envió para llevarle Su Misericordia. Nuestra misión es convencerlos de que están equivocados, que su camino es de muerte, mientras que el de Cristo es para Vida Eterna.

"A otros salvad, arrebatándolos del fuego;"

A los que creen en Dios pero, sin embargo, creen en una idea de Dios distinta de la que aparece en la Palabra, permaneciendo dentro de religiones que no siguen el Evangelio. Hay que llevarles el Verdadero Amor, el Mensaje de Salvación tal y como aparece en la Biblia, para que se den cuenta que la Palabra está ahí y hay que seguirla y no "cocinarla" a nuestro gusto, pues Dios no cambia y su Mensaje es siempre el mismo, ayer, hoy y siempre. Estas personas de religión están bajo condenación. Tenemos que recordarles que la ira de Dios está sobre ellos si no se arrepienten de sus pecados y se entregan a Cristo tomándolo como Su Salvador personal.

"y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne."

Aquí se está refiriendo el autor a las personas que habiendo conocido el Camino, lo desechan. Podemos encontrar 3 variantes, según he podido comprobar en mi experiencia en el Señor:

En primer lugar, aquellas personas que han sido engendradas por el Señor, recibiendo en su corazón a Cristo, pero tentadas por Satanás e influenciadas por circunstancias sociales, religiosas, familiares... deciden que este Camino, el único y verdadero, es complicado de llevar y conlleva demasiadas exigencias, que son difíciles de acomodar a nuestro habitar en el mundo donde vivimos.

En segundo lugar, pondría a aquellas personas a las que se le ha predicado la Palabra y han creído que lo predicado es verdad. Luego, a la hora de negarse a uno mismo, no dan el paso necesario para que Cristo entre en su alma, porque son ricos de espíritu y no terminan de echar fuera a estos "inquilinos" que la habitan, impidiendo que la casa quede limpia y vacía y, por lo tanto, preparada para el Señor. A estos les falta fuerza de voluntad, virtud, al fin y al cabo, el segundo paso después de la Fe para recibir al Señor. (2ª de Pedro 1)

En tercer lugar, podemos incluir a aquellos a los que hemos considerado hermanos/as en Cristo, pero que por hacer caso a otro tipo de doctrinas, se han desviado del Verdadero Camino. Muchas veces esta desviación es muy sutil, pero con el tiempo se deja sentir claramente y termina por apartarse de la Fe en Cristo Jesús.

Pues bien, para este tipo de personas, Judas, inspirado por el Señor, dice que, con temor del Señor, aborrezcamos aun la ropa contaminada por su carne. Esto quiere decir que nos apartemos de ellos, pues si no quieren recibir el Evangelio, nosotros tampoco vamos a recibir nada de ellos, no sea que nos contamine y entre en nosotros la duda y nos desviemos también con ellos.

El Señor nos pone un par de ejemplos sobre la actuación en estas situaciones:

"Y al entrar en la casa, saludadla. Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendrá sobre ella; mas si no fuere digna, vuestra paz se volverá a vosotros. Y si alguno no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies. De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma y de Gomorra, que para aquella ciudad." (Mateo 10.12-15)

"Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas. Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas. Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron. Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle! Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas. Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas. Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco. Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir. " (Mateo 25.1-13)

En estos casos, lo que debemos hacer es pedir al Señor que actúe con ellos, ya que a nosotros ya no nos escuchan. La única manera de que estas personas se den cuenta de que están actuando mal, es hacerles ver que no tienen parte con nosotros y, alejándonos de ellas, estamos favoreciéndolas, pues se sentirán solas y buscarán por ellas mismas la manera de "comprar su propio aceite", buscando su propia relación con el Señor.