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Nuestra vida, en la sociedad que nos ha tocado vivir, está marcada por una serie de reglas morales, éticas y religiosas, que, a su vez, influyen y han influido de manera determinante en las costumbres y directrices que las rigen. Un ejemplo importante lo encontramos en cómo estas normas marcan los días festivos, pero también influyen en el calendario adoptado (Gregoriano) o, y es la cuestión que me trae a realizar esta reflexión, el tratamiento del DÍA. En la actualidad, otra influencia romana en la sociedad, el día comienza a las doce de la noche. Pero, sin embargo, la Palabra de Dios dice algo muy distinto: "En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día." (Génesis 1.1-5). La tradición judía, seguida por nuestro Señor, marca que el día comienza en el momento de la puesta de sol. Así Dios realizó una marcada diferencia entre dos momentos: LA TARDE: Período desde el anochecer hasta el alba. LA MAÑANA: Por el contrario, es el tiempo marcado desde el alba hasta el anochecer, regido por la influencia del Sol.
¿Por qué esta gran diferenciación?, ¿Qué importancia tiene para el Señor estos dos períodos? Lo que queda claro es que nos encontramos ante dos períodos antagónicos y opuestos entre sí; en el primero, la tarde, donde la oscuridad lo llena todo, aunque alumbrado por la tenue luz de la luna y, la mañana, presidida por la luz del Sol. Así lo dice el Señor en el mismo Génesis: "Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años, y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así. E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas. Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra, y para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y la mañana el día cuarto." (Génesis 1.14-19) Como todo en la Palabra de Dios tiene un significado espiritual, también en este aspecto, el Señor quiso hacer una marcada diferencia para que nos sirva, como Él dice, por señal de lo que va a ser nuestra existencia en este mundo, visto desde una perspectiva espiritual, además de la física, en la cual estamos sometidos a estaciones, días y años. Así, según lo recogido en Génesis 1.4-5: "Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día.", vemos una separación entre la LUZ y las TINIEBLAS, es decir, entre el DÍA y la NOCHE. Si comparamos los dos conceptos con el resto de la Palabra, en especial con los Evangelios, nos encontramos con una cita muy conocida: "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida." (Juan 8.12). Aquí Jesucristo realizó esta misma separación, pero la llevó a Su Terreno, el de Su Evangelio, el cual, al ser aceptado por nosotros, nos libra de las tinieblas espirituales donde vivíamos y nos lleva la Luz de la Verdad, para vida eterna. Así, el Señor marca implícitamente que, primero, ha de existir un período de tinieblas y, más tarde, otro donde entre la Luz a nuestra vida. A continuación, voy a analizar estos períodos y, según marca la Palabra, los pasos espirituales para que un hombre encuentre la Luz, o sea, la Salvación: "pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio" (2ª de Timoteo 1.10). LA TARDE Tal y como ha ordenado el Señor, la tarde está dominada por las tinieblas. Lo que está claro es que en las tinieblas nada se puede ver, por lo que los hombres, teniendo ojos y por muy abiertos que los tengan, no pueden ver por donde van. Esta situación de oscuridad está determinada por una ceguera espiritual, de la cual claramente habla en Isaías 29.9 y ss, y ya en los Evangelios en Juan 9.35-41, cuando tras curar a un ciego de nacimiento y dar, éste último, testimonio de haber visto, fue expulsado de la Sinagoga, ante lo cual le dice el Señor: "¿Crees tú en el Hijo de Dios? Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró.", pues la misión del Señor es: "Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados". El Señor, en este mundo espiritual de tinieblas, vuelve a establecer otra diferencia: Son estos últimos los que se encuentran, si cabe, en una situación de total oscuridad, pues creen que ellos tienen la luz, que no les hace falta negarse a ellos mismos, que son salvos en su propia opinión (Romanos 12.16) y sin embargo, están, a los ojos del Señor, en un estado de pecado: "Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece" (Juan 9.41). Estos, al predicarles el Evangelio de Salvación, adoptan una actitud de suficiencia, de ser algo que no necesitan, ya sea por su religiosidad, o por la negativa a reconocer que Dios es el que rige todo y nosotros somos simples seres vivientes, pecadores (Génesis 3.20) y, por lo tanto, no quieren acudir a Él para que les de Vida, en la Eternidad. "Por tanto, de la profecía se os hará noche, y oscuridad del adivinar; y sobre los profetas se pondrá el sol, y el día se entenebrecerá sobre ellos. Y serán avergonzados los profetas, y se confundirán los adivinos; y ellos todos cerrarán sus labios, porque no hay respuesta de Dios." (Miqueas 3.6-7) Aunque el Señor busca a todos los hombres, todos nosotros nos tenemos que hacer del primer tipo, considerarnos ciegos y tener conciencia de nuestra propia ceguera, que, por encontrarnos viviendo en tinieblas, somos pecadores y necesitamos una cura espiritual que nos permita ver. Pero, ¿cómo va a ser posible esto si en la oscuridad no hay luz?. El problema es que, cada uno de nosotros, intentamos buscar a Dios según nuestro propio entendimiento, alumbrándonos con la luz de nuestra mente racional, según lo que dicta nuestra moral, bajo el criterio de lo que para nosotros está bien o mal, a fin de cuentas, de nuestra riqueza espiritual (Lucas 6.24). Pero esta situación, sin darnos cuenta, nos lleva a tropezar y caer, una vez y otra, pues lo que pasa es que estamos poniendo nuestros ojos en el suelo, donde la oscuridad nos impide ver y, además, lo que ocurre es que esa noche está totalmente cerrada, con nubarrones: "Te cubriste de nube para que no pasase la oración nuestra" (Lamentaciones 3.44), o, utilizando el símil que nos aparece en la Biblia, el Velo de nuestro corazón: "Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado. Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos." (2ª de Corintios 3.14-15). Esta situación está descrita perfectamente en la conversión de Pablo, donde en vez de Velo habla de escamas: "Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista" (Hechos 9.18) Si nos damos cuenta de que esa actuación no nos lleva a la Salvación, tenemos una vía, la única, para alcanzar Su Misericordia y es que seamos nosotros mismos los que le clamemos y le pidamos guía: "Mira, respóndeme, oh YHWH Dios mío; Alumbra mis ojos, para que no duerma de muerte". Así nuestra actuación debe ser la de mirar al cielo. En ese momento los nubarrones desaparecerán y podremos VER, eso sí, no es una luz que lo alumbre todo, pero sí que tendremos el suficiente alumbramiento para saber por donde estamos, pues "...Moisés se acercó a la oscuridad en la cual estaba Dios." (Exodo 20.21) La situación ha cambiado por completo, de la profunda oscuridad o tinieblas, encontramos cierta luz. Resulta que esa luz es la producida por la LUNA, bueno, mejor dicho, esa luz es la del SOL, pero que reflejada en la luna, nos alumbra mínimamente, pero lo suficiente, para quizás ya nunca volver a tropezar. Es como si estuviésemos en un túnel; al principio del mismo la oscuridad es completa pero, a medida que vamos avanzando y nos acercamos a la salida, se irá percibiendo una claridad que anticipa la plena luz que nos espera fuera. "Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré" (Salmo 63.1) Dice la Palabra al respecto de la situación anteriormente descrita: "en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús. Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo." (2ª de Corintios 4.4-6). Del análisis de estos versículos encontramos el detalle de que "la iluminación del conocimiento de la Gloria de Dios" se produce en la faz de Jesucristo. Esto mismo se produce con el SOL y con la LUNA. Así, la lumbrera que nos describió Dios en Génesis 1.16 que señorease en la noche, en las tinieblas, es el Evangelio de Cristo, es decir, el Verbo hecho carne, el cual tuvo que entregar Su Vida para perdón de nuestros pecados, lo cual representa que si aceptamos Su Sacrificio, alcanzaremos a ver a Dios mismo. "Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo." (Efesios 5.14). Como todos conocemos la luna tiene unas fases. En realidad, la luna siempre es la misma, sólo que, según su posición respecto al Sol, vemos más o menos extensión de ella. Como en el ejemplo del túnel, así también, el hombre que se acerca a Dios a través del Evangelio, comienza viendo una Luna Nueva, símbolo de una nueva vida, del rechazo a su antigua forma de vivir, al pecado, comenzando a abrir la puerta de su alma a Cristo: "Así ha dicho YHWH el Señor: La puerta del atrio interior que mira al oriente estará cerrada los seis días de trabajo, y el día de reposo se abrirá; se abrirá también el día de la luna nueva." (Ezequiel 46:1). Este hombre, aun sin entendimiento, conoce por Fe, que aunque sólo se intuya, la Luna está ahí y se irá mostrando progresivamente a lo largo de nuestro acercamiento al Camino del Señor, pasando por Luna Creciente y llegando, por fin, a la Luna Llena, que no es otra cosa que una de las dos caras que tiene la Luna. La otra cara la veremos en el Reino de los Cielos. Pero, desgraciadamente también existe la Luna Menguante, que representa a los que no se conforman con la Promesa del Señor y recorren el camino inverso volviéndose a sus antiguos pecados y forma de vivir. "Me dejó en oscuridad, como los ya muertos de mucho tiempo." (Lamentaciones 3.6). Es interesante ver todo esto conforme a la parábola del Sembrador (Mateo 13). En la noche no sólo está la Luna sino que la acompañan otras lumbreras menores: LAS ESTRELLAS. Estas, a diferencia de la Luna, que es un reflejo del Sol, tienen luz por sí mismas. La Palabra dice de ellas que: "El cuenta el número de las estrellas; a todas ellas llama por sus nombres." (Salmo 147.4). Con esto el Señor nos quiere decir que las estrellas representan todos los Hijos de Dios que están contados en el Libro de la Vida y a los que Él nos ha puesto un nombre nuevo (Apocalipsis 3.12). La Luz que tienen es el Espíritu de Dios que mora en nuestros corazones: "Vosotros sois la luz del mundo" (Mateo 5.14) y su misión es predicar el Evangelio del Señor: "Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos." (Salmo 19.1). Como habíamos descrito antes que es necesario que sea quitado el velo de nuestro entendimiento para poder comenzar a ver la Luz, la función de la noche es dejar de mirar hacia abajo (al mundo) para, al mirar al cielo (búsqueda de Dios), ayudados por la luz de las Estrellas, la predicación de la Palabra, arrepentirnos de nuestros pecados "Tú, enemiga mía, no te alegres de mí, porque aunque caí, me levantaré; aunque more en tinieblas, YHWH será mi luz. La ira de YHWH soportaré, porque pequé contra él, hasta que juzgue mi causa y haga mi justicia; él me sacará a luz; veré su justicia.... El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados." (Miqueas 7.8-9 y 19) y clamar a Dios, pidiéndole entendimiento y que vaya iluminando nuestra alma, progresivamente, al igual que la Luna va creciendo. Hemos de tener cuidado de dejarnos ayudar por ellos, sin caer en la admiración o idolatría, pues son consiervos nuestros en Cristo: "No sea que alces tus ojos al cielo, y viendo el sol y la luna y las estrellas, y todo el ejército del cielo, seas impulsado, y te inclines a ellos y les sirvas; porque YHWH tu Dios los ha concedido a todos los pueblos debajo de todos los cielos." (Deuteronomio 4.19). Pero no todas las Estrellas son los "Enviados" de Dios a los hombres de buena voluntad, ángeles celestiales u hombres "Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable" (1ª de Pedro 2.9), sino que también podemos encontrarnos con "estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas" (Judas 13), potestades de los cielos, cuya misión es engañarnos con su falsa luz: "Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes" (Efesios 6.12). Por esto dijo el Señor que nos guardáramos de ellas: "Hizo la luna para los tiempos; El sol conoce su ocaso. Pones las tinieblas, y es la noche; En ella corretean todas las bestias de la selva. Los leoncillos rugen tras la presa, Y para buscar de Dios su comida. Sale el sol, se recogen, Y se echan en sus cuevas. Sale el hombre a su labor, Y a su labranza hasta la tarde." (Salmo 104.19-23) Para concluir con el entendimiento de lo que representa la Noche espiritual, podemos meditar las siguientes citas: "Así ha dicho YHWH, que da el sol para luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche" (Jeremías 31.35) "Me acordé en la noche de tu nombre, oh YHWH, Y guardé tu ley. Estas bendiciones tuve Porque guardé tus mandamientos" (Salmo 119.55-56) "Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria." (1ª de Corintios 15.41) "Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, Y levántate de los muertos, Y te alumbrará Cristo." (Efesios 5.14) "Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará" (2ª de Corintios 3.16). LA MAÑANA Cuando la Noche, la situación espiritual de oscuridad que explicábamos con el ejemplo del túnel, se va acabando, cuando los primeros y tímidos rayos del Sol comienzan a iluminar en la oscuridad, las tinieblas, la muerte, toca a su Fin. Es el triunfo de la Luz, del Día sobre la Noche, el momento del Amanecer de una nueva Vida en la que Cristo Reinará en nuestra Alma. "conoceremos, y proseguiremos en conocer a YHWH; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra." (Oseas 6.3) "Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, Que va en aumento hasta que el día es perfecto." (Proverbios 4.18) "Sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo, que es verdadero en él y en vosotros, porque las tinieblas van pasando, y la luz verdadera ya alumbra." (1ª de Juan 2.8). Aquí ya hemos dado el paso definitivo de escoger la Verdad y que ella more para siempre con nosotros. Hemos establecido un Pacto, un paso de Fe, en la promesa del Espíritu para Vida Eterna, que se materializa con la plenitud del Sol quien además de alumbrar, con su Calor da Vida. "En tu nombre se alegrará todo el día, Y en tu justicia será enaltecido." (Salmo 89.16) Satanás, que reinaba en nuestra alma oscura, gracias a su engaño, al ver la luz de Cristo y sentir el calor del Fuego Consumidor de Dios, saldrá huyendo (Hechos 28.3-6) intentando mordernos con su veneno de muerte, pero ya no tiene parte con nosotros sino que contamos con Cristo, nuestro Antídoto. Cristo es la Base de la Fe. Ya no tenemos necesidad de más predicación, pues ya somos Salvos. Nosotros hemos de estar firmes en Él, en nuestra Roca, para que nuestra casa sea edificada correctamente (Mateo 7.24-27): "...Y su trono como el sol delante de mí. Como la luna será firme para siempre, Y como un testigo fiel en el cielo" (Salmo 89.36-37) "Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz" (Efesios 5.8) "Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación." (Santiago 1.17) Pero no pensemos que Satanás reconoce su derrota y se retira humildemente. Mientras que estemos en este mundo, existe el peligro de que volvamos atrás y entremos de nuevo en el túnel, metiéndonos en oscuridad, haciendo caer la tarde en nuestro Día, por dejarnos llevar por los deseos de nuestra carne. Para no caer en los lazos del Maligno es fundamental orar sin cesar (1ª de Tesalonicenses 5.17), abundar en el Amor y en acción de Gracias y Gloria a Dios por habernos Resucitado, junto con Cristo, de la Muerte. "Porque sol y escudo es YHWH Dios; Gracia y gloria dará YHWH. No quitará el bien a los que andan en integridad." (Salmo 84.11) Porque realmente aún le quedan armas a Satanás que lanzará contra nosotros, dardos de fuego envenenados que sólo se apagan teniendo bien unida la coraza de protección del Señor (Efesios 6.10-20). "Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios. Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan. Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo." (1ª de Tesalonicenses 5.5-8). "No temerás el terror nocturno, Ni saeta que vuele de día, Ni pestilencia que ande en oscuridad, Ni mortandad que en medio del día destruya." (Salmo 91.5-6). Pero debemos decir que el Sol sale para todos, para buenos y malos, así como se les va a ofrecer a todos la posibilidad de entregarse a Dios. Todos nosotros tenemos la "libertad" de elegir el rumbo que queramos darle a nuestra vida. "Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos." (Mateo 5.44 y 45). El Sol, la Luz verdadera se va a hacer presente, en la Eternidad, para todos, y, todos sin exclusión, vamos a ser juzgados según la LUZ: "Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo." (2ª de Corintios 5.10) Los que no se hayan humillado ante Dios, tomando conciencia de su pecado y de que la muerte los dominaba, clamando a Dios Perdón, recibirán una condena eterna por la altivez de sus actos, por no haber querido recibir a Cristo en sus vidas, por la sencilla razón de que no lo consideraban necesario, pues eran sabios en su propia opinión, ricos y fuertes, reconociéndose que ellos ya son salvos, por su moral o, porque Dios es un instrumento inventado por los débiles. "El hermano que es de humilde condición, gloríese en su exaltación; pero el que es rico, en su humillación; porque él pasará como la flor de la hierba. Porque cuando sale el sol con calor abrasador, la hierba se seca, su flor se cae, y perece su hermosa apariencia; así también se marchitará el rico en todas sus empresas" (Santiago 1.9-11) Desgraciadamente todos conocemos a muchas personas que se encuentran en los casos anteriormente descritos. Pidámosle a Dios que les dé el Don de la Fe para que puedan creer en Él y se arrepientan: "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios" (Efesios 2.8) Por último, quisiera hacer hincapié que, al igual que en nuestro mundo terrenal tenemos estaciones, en el Señor, también pasaremos tiempos de mayor revelación o de una relación más fluida con el Señor y momentos de "enfriamiento", momentos más difíciles o de debilidad. "Tuyo es el día, tuya también es la noche; Tú estableciste la luna y el sol. Tú fijaste todos los términos de la tierra; El verano y el invierno tú los formaste." (Salmo 74.16-17). Las dificultades muchas veces son ocasionadas por nuestras caídas, provocadas por Satanás. El siguiente pasaje es clave: "Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman. Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte." (Santiago 1.12-15) El Señor nos advierte que, teniendo confianza en Él, estos malos momentos pasarán, llegando de nuevo la Luz y el Calor a nuestras vidas, si somos capaces de renunciar a nuestros propios deseos que son contrarios a la Voluntad de Dios. No nos durmamos. Estemos siempre despiertos para que la Noche no se vuelva a adueñar de nuestra alma y la muerte reine en ella, pues en tal caso y no habrá vuelta atrás, no habiendo más sacrificio por el perdón de nuestros pecados (Hebreos 10.26-31).
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