¿QUÉ ES SER CRISTIANO?

La primera vez que se llama a los discípulos de Jesús cristianos es en Antioquía (Hechos 11.26).

Cristiano se deriva de Cristo, que es la traducción griega de Mesías, el Enviado. Por tanto, el nombre compuesto Jesucristo significa Mesías Salvador y cristiano es todo aquel discípulo del Mesías Salvador, el enviado por Dios para vencer a la muerte y al pecado y librarnos de las garras del mal.

En los Hechos de los apóstoles, se nos enseña como viven los primeros discípulos del Señor, su apostolado "así que los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas" (Hechos 2.41) "y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones" (Hechos 2.42), "partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón" (Hechos 2.46).

Lo más llamativo es que aparte de Jesús (que ya no está físicamente con ellos) no tienen ningún jefe, ninguna "cabeza visible". Y no lo necesitan, porque todos ellos están unidos por el Espíritu Santo "y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma" (Hechos 4.32), "antes siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todas cosas en aquel que es la cabeza, a saber, Cristo, de quien todo el cuerpo... recibe su crecimiento para ir edificándose en Amor" (Efesios 4.15-16).

Pues bien, la relación entre estos cristianos y su cabeza y jefe Cristo, es directa, personal y espiritual; sin intermediarios. Es más, el mismo Señor les advierte que no quiere jefes entre ellos, sino siervos: "No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro servidor" (Mateo 20.26-27), "entonces entraron en discusión sobre quien de ellos sería el mayor. Y Jesús, percibiendo los pensamientos de sus corazones, tomó a un niño y lo puso junto a sí, y les dijo: cualquiera que recibe a este niño en mi nombre a mí me recibe; y cualquiera que me recibe a mí, recibe a quien me envió; porque el que es más pequeño entre todos vosotros, ese es el más grande" (Lucas 9.46-48).

¿Cómo se recibe el Espíritu Santo?, es la pregunta que te harás. Las religiones actuales dicen que se recibe por el Bautismo, pero si leemos bien lo que el Señor nos enseña en su palabra, el Bautismo de agua, es un Bautismo de arrepentimiento de pecados "bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo del arrepentimiento para remisión de pecados" (Marcos 1.4) ¿Cómo un niño pequeño, sin conocimiento de lo que es el mundo ni de lo que es el pecado, puede arrepentirse?, es una respuesta fácil: NO PUEDE.

Pero el Señor nos dice además que existe otro Bautismo y éste es el de Fuego y Espíritu, que con él es como se consigue recibir al Espíritu de Dios, es decir, el Espíritu Santo o Espíritu de Verdad: "Yo á la verdad os he bautizado con agua; mas él os bautizará con Espíritu Santo" (Marcos 1.8), "los cuales habiendo venido oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo" (Hechos 8.15-17). Cuando se recibe es como si tu hombre viejo muriese y otro hombre, el Cristiano, naciese. Esta cuestión la detallaremos más en profundidad en otro capítulo.

Los cristianos saben bien cual es su misión: "id por todo el mundo y predicad mi evangelio" (Marcos 16.15) y cual es el templo del Señor: "Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados una casa espiritual, y un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, agradables á Dios por Jesucristo" (1Pedro 2.5).

También que quien salva es el Señor por su gracia "nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo" (Tito 3.5) y que aunque ya estemos lavados por la sangre de Cristo de nuestros pecados "y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con Él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la Cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente triunfando sobre ellos en la Cruz" (Colocenses 2.13-15), tenemos la obligación de hacer buenas obras, no para bien nuestro sino para gloria de Dios y ejemplo para los hombres "y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios" (Hebreos 13.16) "porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta" (Santiago 2.26).

Puesto que la palabra de Dios es intemporal y eterna "El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán" (Mateo 24.35), todos estos datos sobre los primeros cristianos: discípulos, libres en Cristo, sin pertenencia a religión, sin cabeza o jefe excepto Dios, unidos por el Espíritu Santo; son los mismos que deben tener y tienen los discípulos actuales de Cristo, los verdaderos cristianos.

Los cristianos cumplimos el mandamiento de Jesús de poner nuestra vida por sus amigos "Este es mi mandamiento: Que os améis los unos á los otros, como yo os he amado nadie tiene mayor amor que este, que ponga alguno su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hiciereis las cosas que yo os mando" (Juan 15.12-14). Los primeros cristianos la dieron físicamente y los actuales afortunadamente, ya no somos crucificados ni quemados en las hogueras, aunque si se nos persigue espiritualmente y se nos tacha de locos "pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente " (1ª Corintios 2.14) "y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; más el que persevere hasta el fin, éste será salvo. Bástele al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Belcebú, ¿cuánto más a los de su casa?" (Mateo 10.22-25).

No es una vida fácil, pero te aseguro que una vez que conozcas al Señor vas a ser tan feliz y sentir tanto Amor de Él, que no querrás cambiarlo por nada de este mundo. El Señor nunca da más carga de la que puedas soportar y, además, te llena de bendiciones, no sólo espirituales, sino también del mundo: trabajo, familia, dinero suficiente para cubrir necesidades y algún capricho, casa digna donde vivir.... "no os afanéis, pues, diciendo: ¿qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas." (Mateo 6.31-33).

Puedes pedirle lo que quieras y Él te lo concede "y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre Yo lo haré" (Juan 14.13-14) y encima eres libre, del pecado, de la sociedad y de ti mismo. Junto a Dios lo puedes todo "de cierto, de cierto os digo: El que en mi cree, las obras que Yo hago, el las hará también; y aún mayores hará, porque Yo voy al Padre" (Juan 14.12), sin Él no eres nada.

Esta es la vida de un cristiano actual: una persona que no pertenece al mundo "si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes Yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece" (Juan 15.19), pero que vive en medio de él, aparentemente como cualquier otro (trabajo, vestido, forma de hablar...) y lleva a cabo una tarea maravillosa: llevar el mensaje de salvación y libertad en Cristo a todo aquel que ame a Dios "id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura" (Marcos 16.15) y una vez que esa persona haya conocido al Señor, dejarle libre en Él y buscar más y más amigos para Jesús. Te aseguro que la aventura es apasionante.

Si quieres ser cristiano sólo tienes que pedírselo al Señor, recuerda que "todo lo que pidáis al Padre él os lo dará" (Juan 14.13-14). No necesitas ningún intermediario, es más, Cristo dice que Él es el único intermediario entre el Padre y nosotros, es decir, entre el cielo y la tierra. "Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí" (Juan 14.6).

Que Dios te guíe en esta aventura de conocerle y gloria a Él. Adonay hamak salek abu si dai natum belek. Tonai ky sha ray hamek fasam le ti saik Elí