LA PRISIÓN DE PEDRO

En este artículo me gustaría tratar de explicar el importante sentido espiritual de la prisión que sufrió Pedro, tal y como se narra en el libro de Hechos de los Apóstoles. No quiero generalizar en el análisis del término prisión o encarcelamiento, pues he visto en el Señor que tiene varios significados. Prefiero, por tanto, centrarme en el tipo de prisión que sufrió Pedro y su repercusión, para que, como todo lo descrito en la Palabra, nos pueda servir de ejemplo y guía.

El término Prisión o Cárcel, aparece descrito en varios lugares de la Biblia, pero es la siguiente cita la que describe el significado espiritual que analizaremos con posterioridad: "No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte." (Apocalipsis 2.10-11). La tribulación aquí descrita hace referencia a una persecución por parte de Satanás, que hace caer a algunos de los hermanos en un proceso de oscuridad, de falta de entendimiento y libertad en el conocimiento de Dios, que, afortunadamente es temporal, gracias, eso sí, a la Gran Misericordia del Padre en su Amor hacia nosotros.

Es esto lo que le ocurre a Pedro, según lo descrito en el libro de Hechos de los Apóstoles Cap. 12, Vers. 1-19, mostrándonos el camino para ser liberado de este proceso de oscuridad espiritual:

"En aquel mismo tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles. Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan. Y viendo que esto había agradado a los judíos, procedió a prender también a Pedro."

Satanás en su propósito de apartarnos del Camino, que es Cristo, actúa a través de gente del mundo, de las debilidades de la carne o de nuestras propias ideas, para cumplir su misión. Él procede con conocimiento de que lo que hace agrada al mundo y, por consiguiente, es contrario a Dios.

"Eran entonces los días de los panes sin levadura. Y habiéndole tomado preso, le puso en la cárcel, entregándole a cuatro grupos de cuatro soldados cada uno, para que le custodiasen; y se proponía sacarle al pueblo después de la pascua."

Hay que recordar que la festividad de los Panes sin Levadura es previa a la Pascua y que Nuestra Pascua es Cristo, el Mesías, que, como cordero sin mancha, ha venido al mundo para liberarnos, siendo sacrificado, una vez para siempre, por nuestros pecados.

Al ser puesto en la cárcel antes de la Pascua nos hace ver que hasta que uno no deja este cuerpo carnal, de corrupción, no recibe la recompensa de la Salvación. Vivir en el Señor es andar por Su Camino. Él nos pide que no nos desviemos ni a derecha ni a izquierda, que vayamos rectos en nuestro caminar, para que la muerte no tenga parte con nosotros: "y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado." (Hebreos 12.13), pues el que tropieza, puede ser que no vuelva a levantarse, perdiendo así todo lo recorrido, como así dice la Palabra: "Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados." (Santiago 5.19-20).

Pero te preguntarás, ¿cuál fue el tropiezo de Pedro, si él siempre fue fiel al Señor desde Su Resurrección?, o ¿existió alguna recaída?. La respuesta, como siempre, nos la ofrece las Escrituras: "Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos. Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar? Nosotros, judíos de nacimiento, y no pecadores de entre los gentiles, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado. Y si buscando ser justificados en Cristo, también nosotros somos hallados pecadores, ¿es por eso Cristo ministro de pecado? En ninguna manera. Porque si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, transgresor me hago. Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios. Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo." (Gálatas 2.11-21).

Pablo nos explica la caída de Pedro, su prisión, que hace que tropiece en el Camino, impidiéndole continuar. Se que estos dos sucesos, posiblemente, no coinciden en el tiempo, pero lo importante es el sentido espiritual de la actuación, el traspiés espiritual.

"Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él."

Aquí viene descrita una gran lucha espiritual; por un lado las huestes de Satanás custodian al preso con sus mejores armas: la razón humana, la vanidad.... evitando que la Luz del Evangelio llegue a sus ojos, que en la oscuridad de la prisión, impiden conocer el camino a seguir. Pero por otro lado, la de Iglesia, intercediendo en oración continua al Señor por el hermano errado, produce sus frutos, pues le recuerda que necesita de Su Misericordia y Perdón, para que sea liberado de las ataduras de Satanás.

"Y cuando Herodes le iba a sacar, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta custodiaban la cárcel. Y he aquí que se presentó un ángel del Señor, y una luz resplandeció en la cárcel; y tocando a Pedro en el costado, le despertó, diciendo: Levántate pronto. Y las cadenas se le cayeron de las manos. Le dijo el ángel: Cíñete, y átate las sandalias. Y lo hizo así. Y le dijo: Envuélvete en tu manto, y sígueme. Y saliendo, le seguía; pero no sabía que era verdad lo que hacía el ángel, sino que pensaba que veía una visión."

Cuando parece que Satanás se va a salir con la suya, que ya no queda la más mínima esperanza de salvar la situación, el Señor envía ese Ángel libertador, al igual que en el ejemplo en el que las Escrituras nos describen cómo Pablo reprende a Pedro con la Palabra, para que la Luz del Evangelio ilumine al prisionero, guiándole en su caminar. En primer lugar le toca en el costado, recordándole los Fundamentos de la Fe, rememorando la muerte de Nuestro Señor, de cómo Él dio su vida por nosotros. Entonces sus ataduras son quitadas, se puede vestir con la Palabra y calzado con la Gloria del Señor, tal y como lo describe Pablo en la Carta a los Efesios 6.14-15: "Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. ".

Pero todavía continúa dentro de su prisión, pues aunque su alma ha recibido la liberación de sus ataduras, su parte carnal todavía no ha aceptado la reprensión, por esto se describe que lo tomaba como una visión.

"Habiendo pasado la primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad, la cual se les abrió por sí misma; y salidos, pasaron una calle, y luego el ángel se apartó de él. Entonces Pedro, volviendo en sí, dijo: Ahora entiendo verdaderamente que el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de la mano de Herodes, y de todo lo que el pueblo de los judíos esperaba."

Pero aunque los hermanos intercedan por ti con el poder de la oración y el Señor te envíe a otro hermano que te lleve la Luz de la Verdad, y tu alma se sienta liberada, es tu mente, tu naturaleza carnal, la que ha de dar el paso definitivo de querer salir, de derribar las barreras que nos impedían ver.

Una vez aceptado que este hermano ha venido con el poder del Evangelio a "Lavarnos los Pies", tal y como Jesucristo hizo, en aptitud de servicio, es cuando nos damos cuenta de nuestro error, de que estábamos equivocados y que gracias a la intercesión de la Iglesia y del hermano que el Señor nos envió, hemos sido liberados de las garras de Satanás. El mismo Señor, en Su última Cena, recuerda que debemos dejarnos "lavar los pies": "Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis" (Juan 13.14-15), es decir, reconocer que como mortales e imperfectos que somos, es posible que en algún momento nos ensuciemos los pies (contaminación espiritual) con doctrinas contrarias a la Fe en el Señor, pero aunque nuestro cuerpo está limpio gracias al Sacrificio de Jesucristo, sin embargo, nuestros pies, que caminan por el mundo, pueden mancharse y hacernos resbalar.

El "lavamiento de pies" es un acto de servicio y humildad de un hermano hacia otro, aunque en la carne puede parecer lo contrario. El lavador no debe olvidar que está sirviendo al Señor. Es el propio Jesucristo a través de un discípulo quien realiza esta obra y, por tanto, ningún mérito personal se ha de adjudicar.

Pedro, ya fue advertido de que él debería dejarse "lavar" sus pies: "Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después. Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo. Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza. Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio" (Juan 13.6-10).

"Y habiendo considerado esto, llegó a casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban reunidos orando. Cuando llamó Pedro a la puerta del patio, salió a escuchar una muchacha llamada Rode, la cual, cuando reconoció la voz de Pedro, de gozo no abrió la puerta, sino que corriendo adentro, dio la nueva de que Pedro estaba a la puerta. Y ellos le dijeron: Estás loca. Pero ella aseguraba que así era. Entonces ellos decían: ¡Es su ángel! Mas Pedro persistía en llamar; y cuando abrieron y le vieron, se quedaron atónitos. Pero él, haciéndoles con la mano señal de que callasen, les contó cómo el Señor le había sacado de la cárcel. Y dijo: Haced saber esto a Jacobo y a los hermanos. Y salió, y se fue a otro lugar."

Cuando ya hemos reconocido el error en el que estábamos, vamos corriendo a dar testimonio a los otros hermanos, para que nos acojan de nuevo en la Iglesia. Así, Pedro fue a donde sabía que estaban reunidos los hermanos y el Señor nos muestra que le fue a abrir una muchacha, es decir, un alma joven en el Señor, que al escucharle hablar, le reconoce. En un sentido espiritual se refiere a una conversación, donde siente la doctrina del Señor en él, no la propia suya que le llevó a caer, por lo que corriendo, eso sí, sin abrirle todavía las puertas, por si acaso, va a comunicárselo al resto de la Iglesia. Ellos al escucharla piensan que no puede ser verdad, por lo que necesitan comprobar por si mismos para cerciorarse de que está de nuevo libre, con lo que ahora si, le abren la puerta.

"Luego que fue de día, hubo no poco alboroto entre los soldados sobre qué había sido de Pedro. Mas Herodes, habiéndole buscado sin hallarle, después de interrogar a los guardas, ordenó llevarlos a la muerte. Después descendió de Judea a Cesarea y se quedó allí."

Satanás ha sido vencido en nosotros, por lo que su ira va contra las personas, que, desgraciadamente y sin saberlo, han servido de carnaza para sus planes. Una vez que ya no son útiles, son desechados. Le pido a Dios que, siempre que un hermano o yo mismo me pierda, venza al maligno y éste sea derrotado en su empeño de llevar a la oscuridad a los elegidos.

Gracias al Señor que siempre nos guarda, busca y recoge de todo error: "¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido." (Lucas 15.4-6).

 

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