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El llamado Arresto de Jesús es uno de los pasajes más conocidos de las Escrituras, descrito en los 4 Evangelios y principio de la llamada "Pasión" de Nuestro Señor. La intención de este artículo es describir la explicación espiritual de lo acontecido en este momento clave en la vida física de Jesucristo y del importante sentido que puede tener en nuestra propia vida espiritual, en nuestra relación con el Señor y con nuestro alrededor. Como es de todos conocido, los 4 Evangelios, aunque describen esencialmente lo mismo, su narración y estilos son diferentes, pero necesariamente complementarios entre sí, pues debemos tomarlos en su totalidad para así tener un completo conocimiento del Mensaje de Salvación de Nuestro Señor. En este punto en cuestión, ocurre precisamente esto; debemos tomar la narración de los 4 para conocer lo que aconteció. Vamos a intentar aclarar lo que ocurrió comenzando por el Evangelio de Mateo que nos dice: "Mientras todavía hablaba, vino Judas, uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los ancianos del pueblo. Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle.". Judas, el traidor, movido por Satanás, entrega a "su maestro" por precio. Él había escuchado la Palabra pero no quiso recibirla en su corazón, tal y como lo hicieron los 11 discípulos restantes, por lo que el Maligno va a vencer, lo mismo que nos puede ocurrir a cada uno de nosotros si no aceptamos el Evangelio. La gente representa las huestes de Satanás, las potestades espirituales que gobiernan este mundo. Estas potestades utilizan espadas, la letra de la Palabra de Dios y palos, filosofía y ciencia del mundo, arma menos mortífera por si misma, pero que movida por la fuerza humana, es decir, la razón y la obstinación, producen un efecto de rechazo al mensaje de Salvación del Señor. Como vemos, las potestades vienen de parte de la religión, que intenta salvaguardar su integridad (poder, posición y riqueza) ante el que predica la Salvación sin necesidad de éstas. Jesús es antisocial y, por lo tanto, Su Palabra es locura para el mundo (1ª de Corintios 1.18-23). La persona, representada en este caso por Judas, que rechaza el Evangelio, no lo hace de boca, pues como Satanás, usa la Palabra de Dios y dice actuar conforme al amor que predica Jesucristo, pero de corazón, que es lo verdaderamente importante, no lo acepta. Así, el beso representa la aparente bondad, amor y modos de actuar de ciertas personas de religión, que tienen siempre a Dios en su boca pero, en su corazón, en su manera de actuar, van en contra del Evangelio, adorando imágenes, orando a muertos y por los muertos, sirviendo a intereses del mundo más que a los de Dios..., por lo que verdaderamente "entregan" a Cristo . Continúa el Evangelio de Juan: "Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis? Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo soy. Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba. Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra. Volvió, pues, a preguntarles: ¿A quién buscáis? Y ellos dijeron: A Jesús nazareno. Respondió Jesús: Os he dicho que yo soy; pues si me buscáis a mí, dejad ir a éstos; para que se cumpliese aquello que había dicho: De los que me diste, no perdí ninguno". Hay que señalar que Mateo, Marcos y Lucas, sólo se centran en el instante de la detención de Jesús por parte de las autoridades. Sin embargo, Juan se centra en la conversación mantenida entre Jesús y el mundo y todo lo que acontece en esos momentos cruciales. Jesús sabía perfectamente que tanto Judas, el traidor, como todos los que iban con él, que ya hemos explicado que representan a las potestades espirituales que dominan el mundo, ya habían decidido en su corazón, rechazar a Dios, amando la mentira y no la Verdad que es Cristo: "Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto" (Juan 14.6-7). Para que no quede duda, y no puedan justificarse alegando no saber lo que hacían, Jesús se adelanta hacia ellos. Con esto les demuestra que no les tiene miedo, ya que no se esconde y como dice el mismo Juan: "la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?". Para confirmarles a quien rechazan, el Señor les pregunta: ¿a quién buscáis?. Cuando le responden a Jesús nazareno, lo que quieren decir es, buscamos a un hombre corriente, al que podemos juzgar, condenar y matar, pues para los judíos la ciudad de Nazaret tenía mala reputación y consideraban que de Galilea nada bueno podía salir (Juan 7.41-42 y 52). Pero Jesús les responde: YO SOY. No quiere decir que él sea ese hombre que buscan, sino que Él es Dios, pues recordemos como YHWH se califica a sí mismo: "Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros." (Éxodo 3.14). Ellos buscaban a un hombre y se encuentran con el Hombre. La consecuencia de esto es que ellos caen a tierra desplomados, ante la presencia de Dios, al que adoran obligados por su poder. Con esto Cristo demuestra que si Él muere no es porque los hombres le obliguen a ello sino porque Él voluntariamente se entrega en Sacrificio, obedeciendo al Padre, para el perdón de nuestros pecados. El Evangelio de Lucas también trata sobre el tema del arresto del Señor pero haciendo hincapié en la conversación de Jesús con los jefes de los que le venían a arrestar, los dirigentes de la religión, los supuestos pastores o guías espirituales de los hombres: "Y Jesús dijo a los principales sacerdotes, a los jefes de la guardia del templo y a los ancianos, que habían venido contra él: ¿Cómo contra un ladrón habéis salido con espadas y palos? Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas". Los jefes de las religiones consideran que son los dueños de los hombres, ya que ellos les nutren espiritualmente. Olvidan que un verdadero anciano es el que pastorea las ovejas de Su Señor. Los hombres, las almas, sólo pertenecen a Dios. Estos dirigentes no querían reconocer el Señorío de Dios en ellos ni en sus feligreses. Jesucristo predica la libertad y relación directa con Dios. Es por esto por lo que pregunta: ¿soy un ladrón?, ¿acaso estos hombres no son de Dios y Yo no soy el Enviado de Dios?. Con esta pregunta les está denunciando por apropiarse de lo que no les pertenece, olvidándose de sus funciones que eran claras: ayudar a los hombres a reconocer al Mesías. Jesús es un ladrón para ellos porque no les reconoce como dueños de las almas y les denuncia como súbditos de Satanás y no de Dios. Por esto habla de que el tiempo de las religiones es potestad de las tinieblas. Hay que señalar que los religiosos no van a las claras, de día y delante de la multitud, como les recrimina Jesús diciendo que podían haberlo apresado en el templo. Ellos nunca reconocerán en público que son los falsos dueños del rebaño. Utilizarán palabras engañosas, revistiéndose de una falsa humildad, predicando que son siervos de Dios y de los hombres, cuando, desgraciadamente, se enseñorean de los débiles, manipulándolos, teniéndolos engañados y en un estado de secuestro espiritual, haciéndose ellos mismos intermediarios entre Dios y los hombres, cuando sabemos que el único mediador es Cristo (1ª de Timoteo 2.5), contra los cuales nos advierte el Señor denunciándolos como: "Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis" (Mateo 7.15-16) Volviendo al Evangelio de Juan llo retomamos cuando el Señor ya ha permitido ser apresado por sus captores: "Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco." Los discípulos del Señor, que aún no habían recibido el Espíritu Santo, no entendían que el mundo pudiera vencer al Hijo de Dios. Consideraron que tenían la obligación de defenderlo, sin comprender que no hay lucha contra carne ni sangre sino contra las potestades de Satanás (Efesios 6.12). La espada que tenía Pedro, era la que el Señor dice que no tomemos ni utilicemos, guerra o lucha personal, en el mundo y con vanas discusiones acerca de la Palabra que no aprovechan, pues por estas contiendas podemos impedir hablar con Amor y Misericordia al espíritu de nuestro interlocutor, a quien debemos mostrar el Poder y el Amor de Cristo en nosotros hacia él, guiándole por el Camino del "nacimiento de nuevo", dando sentido al Evangelio de Salvación. Si entramos en contiendas en la carne lo único que vamos a conseguir es que esa persona no quiera escuchar y rechace la Palabra de Dios. Es por lo que Pedro, con esa espada, corta la oreja de Malco, impidiéndole escuchar y ya sabemos que la Fe es por el oír y el oír por la Palabra de Dios. (Romanos 10.17). El nombre de Malco significa Consejero. En este caso, el consejo que traía, como siervo del sumo sacerdote de la religión, era hacer la obra de Satanás. Pero, al igual que Pablo, cuando se le presenta el Señor, se arrepintió de sus pecados y siguió El Camino, éste puede arrepentirse, pues a todos se les ha de dar la oportunidad de rechazar al maligno y escoger la Verdad. Jesucristo tiene que arreglar el entuerto de la inexperiencia de Pedro, por lo que, primero, le ordena detenerse y le explica que es necesario que Él muera, tal y como nos describe Mateo "porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?". Seguidamente, el Señor habla al espíritu de Malco con Su Amor, lo que permite que éste escuche y sea sanado espiritualmente, pues si os fijáis, el Señor no cura solamente su oreja sino que se refiere con el artículo "le" al espíritu del hombre: "Y tocando su oreja, le sanó " según se describe en Lucas. Ya no volverá a ser instrumento de Satanás, sino que, a partir de este momento espiritual, seguirá los consejos de un nuevo Señor, actuando según Sus Mandamientos, pues su nombre también significa "Rey", pues el Señor " nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra" (Apocalipsis 5.10) Sin embargo los discípulos se sienten desvalidos, pues no conocen aún otra forma de luchar que la de la carne. Temerosos de caer ellos mismos en manos del mundo, abandonan la lucha, huyendo, como se narra en Marcos "Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron ". El Señor con todo esto quiere enseñarnos el único poder que tienen los del mundo: "No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer. Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a éste temed." (Lucas 12.4-5). A este que tiene poder de condenar o salvar, al mismo Dios, es al que hemos de respetar y temer, pues a Él pertenecen el Poder y la Gloria, el Honor y la Honra. El temor de Dios es el principio de la Sabiduría y, por lo tanto, el único Camino para llegar a conocerle y obedecerle. Este Camino nos lo muestra el mismo Señor, obedeciendo a su Padre y dejándose matar el cuerpo por los que no pueden matar el Espíritu, resucitando y dándonos testimonio de que Dios es el único a quien pertenece la Vida y la Eternidad.
Referencias Bíblicas: "Mientras todavía hablaba, vino Judas, uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los ancianos del pueblo. Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle. Y en seguida se acercó a Jesús y dijo: ¡Salve, Maestro! Y le besó. Y Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes? Entonces se acercaron y echaron mano a Jesús, y le prendieron. Pero uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le quitó la oreja. Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga? En aquella hora dijo Jesús a la gente: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos para prenderme? Cada día me sentaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis. Mas todo esto sucede, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron." (Mateo 26.47-56) "Luego, hablando él aún, vino Judas, que era uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los escribas y de los ancianos. Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle, y llevadle con seguridad. Y cuando vino, se acercó luego a él, y le dijo: Maestro, Maestro. Y le besó. Entonces ellos le echaron mano, y le prendieron. Pero uno de los que estaban allí, sacando la espada, hirió al siervo del sumo sacerdote, cortándole la oreja. Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos para prenderme? Cada día estaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis; pero es así, para que se cumplan las Escrituras. Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron." (Marcos 14.43-50) "Mientras él aún hablaba, se presentó una turba; y el que se llamaba Judas, uno de los doce, iba al frente de ellos; y se acercó hasta Jesús para besarle. Entonces Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre? Viendo los que estaban con él lo que había de acontecer, le dijeron: Señor, ¿heriremos a espada? Y uno de ellos hirió a un siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Entonces respondiendo Jesús, dijo: Basta ya; dejad. Y tocando su oreja, le sanó. Y Jesús dijo a los principales sacerdotes, a los jefes de la guardia del templo y a los ancianos, que habían venido contra él: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y palos? Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas." (Lucas 22.47-53). "Habiendo dicho Jesús estas cosas, salió con sus discípulos al otro lado del torrente de Cedrón, donde había un huerto, en el cual entró con sus discípulos. Y también Judas, el que le entregaba, conocía aquel lugar, porque muchas veces Jesús se había reunido allí con sus discípulos. Judas, pues, tomando una compañía de soldados, y alguaciles de los principales sacerdotes y de los fariseos, fue allí con linternas y antorchas, y con armas. Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis? Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo soy. Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba. Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra. Volvió, pues, a preguntarles: ¿A quién buscáis? Y ellos dijeron: A Jesús nazareno. Respondió Jesús: Os he dicho que yo soy; pues si me buscáis a mí, dejad ir a éstos; para que se cumpliese aquello que había dicho: De los que me diste, no perdí ninguno. Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco. Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber? " (Juan 18.1-11)
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